Lubna y la Gran Biblioteca de Córdoba
Lubna y la Gran Biblioteca de Córdoba

La Poderío

9 febrero 2021
*Imagen de Lubna: José Luis Muñoz Luque.
*Collage: @luciamunozluc

No se sabe a ciencia cierta su procedencia, su fecha de nacimiento o su fallecimiento. Se cree que fue hija de esclavos de origen cristiano. Algunas fuentes afirman que era hija de Abderramán III y de una esclava cristiana. Una mujer perdida en el tiempo que, sin embargo, lo ha traspasado para dejarnos un nombre: Lubna, la bibliotecaria de la Gran Biblioteca de Córdoba.

Es a partir de la segunda mitad del siglo X cuando Lubna empieza a sonar entre las personas cercanas al califa Alhakén II por su manejo de la escritura y los idiomas. Aunque no solo por ello, Lubna tiene un papel importante en la vida de Córdoba. También se destaca desde joven en matemáticas y geometría, siendo también poetisa. Así, Lubna llegó a ocupar el puesto de secretaria personal de Alhakén, siendo una de las personas más próximas al Califa.

Alhakén II difiere mucho de esos mitos que se han tejido en torno a los gobernantes andalusíes. Un soberano culto y muy interesado en el conocimiento humano y su divulgación. Pasaba mucho tiempo entre libros y cuartillas, leyendo, investigando, creando y divulgando la ciencia y el conocimiento. Un monarca que no solo se rodeaba de diplomáticos y señores de la guerra, sino que tenía todo un elenco de personas dedicadas a la filosofía y el pensamiento, a la ciencia o a la investigación, como el médico judío Hasday ibn Shaprut. Y todo esto se vio reflejado en la creación de unas de las bibliotecas más importantes de aquel momento: La Gran Biblioteca de Córdoba.

Una biblioteca, un tesoro

La función de las bibliotecas antiguas era muy amplia. En aquella época, el ejemplar de un libro era cuanto menos un tesoro, ya que su copia se realizaba a mano íntegramente, con mucha meticulosidad, gran dominio de la escritura y una creación artesanal donde no todo dependía de la reproducción literaria. 

Además de copistas, también existían otros oficios dentro de la biblioteca como los relacionados con la ilustración o el de creación de miniaturas, que terminaban por conformar un trabajo que mezclaba lo más artesanal con conocimientos de filosofía y ciencia de otros siglos y épocas.

Con todo y con eso, el trabajo del copista no era cualquier cosa. No solo había que copiar los textos, sino que en muchas ocasiones también traducirlos de unos idiomas a otros: griego, latín, árabe o hebreo. Había que tener un conocimiento amplio de las lenguas del mundo conocido.

Lubna, la embajadora de los libros

Para poder traer libros a Córdoba, se realizaban grandes viajes por distintos países, visitando mercadillos o bibliotecas, y llegando a acuerdos de préstamos o venta bastante altos, considerándose cada libro toda una joya de un tremendo valor.

Otra opción para conseguir libros era a través de las buenas relaciones entre soberanos y el intercambio de presentes, que ayudaban al traspaso de libros que tenían un acceso muy restringido en bibliotecas personales. 

Lubna realizó un enorme trabajo mano a mano con el Califa que tuvo su culmen cuando la Gran Biblioteca de Córdoba llegó a albergar más de 400.000 obras gracias, en parte, al esmero y empeño de su bibliotecaria.

Toda esta tarea asumió la cordobesa Lubna durante su vida, cuando Alhakén la nombró custodia y guardiana de su Gran Biblioteca. Viajó por Oriente Medio. Estuvo en Bagdad, El Cairo, Damasco, trayendo y llevando libros, que luego en Córdoba traducía y copiaba para poder seguir divulgando e intercambiando conocimientos. Un trabajo mano a mano con el Califa que tuvo su culmen cuando la Biblioteca llegó a albergar más de 400.000 obras gracias, en parte, al esmero y empeño de su bibliotecaria. 

Cuando Alhakén falleció en el 976, después de 15 años de mandato, la Biblioteca padeció grandes pérdidas. Ante esto, Lubna marchó de Córdoba para morir lejos de su gran obra y del destino que correría, sabiendo el sudor y trabajo depositado en cada uno de los libros de aquellas bibliotecas. 

La Gran Biblioteca sufrió la quema y casi desaparición de sus libros durante los siguientes acontecimientos que sufrió el Califato. No son muchas las referencias físicas que quedan de ella, pero sí es largo el recorrido que tuvieron algunas de las obras que pudieron salvarse y que hoy siguen dando la vuelta al mundo. Uno de tantos legados que Al-Ándalus y sus gentes han dejado para la Humanidad y que ha sido silenciado intencionadamente a lo largo del transcurso del tiempo.

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