Marta Soler: “Debemos cuestionar que lo que tiene valor no es solo lo que va al mercado, lo que tiene precio y lo que hacen los hombres”

Esta charla es la tapa de atrás (o la primera para quienes empiecen por el final) de la colaboración en papel con las premas El Salto Andalucía.

Marta Soler Montiel nace en Jerez de la Frontera, trabaja en el Departamento de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla y da clases en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica.

Apasionada vocacional de la soberanía alimentaria, el trabajo de Marta Soler se basa en repensar la agricultura industrializada y el desarrollo de sistemas agroalimentarios locales desde la perspectiva críticas combinando la agroecología y la economía feminista. Además, participa en la Red Agroecológica de Sevilla, en el centro social La Anónima y, por si fuera poco, es socia consumidora de la cooperativa La Ortiga

Andalucía es un territorio con una gran superficie agrícola, ¿cómo deberíamos mirarla?

Debemos replantear el modo de pensar la industria agroalimentaria para enfocarla desde una perspectiva ecológica y campesina. Esto implica mirar la agricultura moderna que tenemos en Andalucía de una manera distinta. Ver el impacto que tiene en la naturaleza y las desigualdades de clases sociales, constatar que hay en una forma de trabajar el campo con mucho capital e insumos que hacen daño al medioambiente y que, además, implica trabajar para las multinacionales a través de un trabajo jornalero en condiciones de explotación, algo que ya es estructural en Andalucía. 

Entonces, ¿tendría que cambiar la forma de producir alimentos para que se avance hacia un sistema agroecológico y justo con el territorio y los cuerpos?

La agroecología mira la forma de trabajar la agricultura planteando una alternativa desde el trabajo y conocimiento del campesinado, de quien sabe cultivar y producir alimentos manejando la biodiversidad y liberándose de esa dependencia de los insumos: de trabajar para las empresas a trabajar desde la autonomía.

Por ello, podemos decir que la agroecología plantea cultivar los campos con condiciones de trabajo dignas dentro del equilibrio de los agroecosistemas.

¿Qué aporta la mirada feminista en los campos?

Colocar en el centro el papel de las mujeres para que se las mire y visibilice más allá del trabajo que han realizado las jornaleras, en su mayoría, en condiciones de subordinación.

«Es importante visibilizar a las mujeres en los campos con sus saberes, sus manos, sus conocimientos, con sus cuerpos y también sus trabajos en las cocinas, transformando los alimentos, haciendo artesanía».

Cuando planteamos en la agroecología hacer un trabajo campesino, es importante visibilizar a las mujeres en los campos con sus saberes, sus manos, sus conocimientos, con sus cuerpos y también sus trabajos en las cocinas, transformando los alimentos, haciendo artesanía. También creemos necesario poner en valor la decisión de la alimentación, de decidir qué se come, hacer recetas con los alimentos de temporada, de saber hacer conservas. Todo esto conecta a las mujeres campesinas, rurales, con todas las mujeres de otros sitios, también de las ciudades, donde la cocina también ha sido responsabilidad nuestra.

¿Cabe la posibilidad de que al poner en valor el papel de la mujer rural en la cocina se perpetúe su condición solo en este campo?

Hay que valorizar el trabajo de las campesinas y el trabajo que realizan las mujeres con los alimentos, pero también hay que romper cadenas que suponen que seamos las responsables exclusivas de esos trabajos. Porque si estos trabajos de cultivar, alimentar y cocinar son tan importantes para la vida, los tenemos que asumir entre todas y todos.

¿Cómo podemos tomar conciencia para que lo llevemos a la acción?

Primero de todo hemos de ser conscientes de que son trabajos fundamentales y esenciales para la vida y, a partir de ahí, repartirlo entre hombres y mujeres, entre toda la sociedad. 

«Esto también pasa por repensar qué es producir, porque, al fin y al cabo, nosotros no producimos nada, lo hace la naturaleza, lo que hacemos nosotras es apropiarnos de ella y transformar».

Hay que romper con la jerarquía de trabajo de hombres y mujeres, y cuestionarnos las relaciones de poder que hay en las familias. Esto también pasa por repensar qué es producir, porque, al fin y al cabo, nosotros no producimos nada, lo hace la naturaleza, lo que hacemos nosotras es apropiarnos de ella y transformar.

Además, debemos cuestionar que lo que tiene valor no es solo lo que va al mercado, lo que tiene precio y lo que hacen los hombres, también lo que sucede en el ámbito doméstico. Para esto es imprescindible salir de la lógica del trabajo, de lo productivo, para entrar en la lógica del hacer para cuidarnos y cuidar la vida.

http://lapoderio.com/todas-las-primas-sumais/
Ámal Tarbift

Acerca de Ámal Tarbift

Nací y crecí en El Rif. El trabajo, el coraje y la humildad de su gente la volví a encontrar en la tierra donde estudié comunicación y trabajo actualmente, Andalucía. Mi campo de trabajo es la radio y, a través de los medios de proximidad, me sumerjo en el aprendizaje del pueblo andaluz.

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