Sequía, uso del agua y frutos tropicales: el posible delito verde del sur de Europa
Sequía, uso del agua y frutos tropicales: el posible delito verde del sur de Europa

Ruth de Frutos

22 febrero 2024

Célia Nyssens-James (Bruselas, 1992), gerente de Políticas para la Agricultura y el Sistema Alimentario de la Oficina Europea para el Medioambiente (EEB) emite un discurso rotundo contra las vulneraciones del derecho a la tierra, el territorio y el medio ambiente de las empresas europeas. Las estrategias colectivas de resistencia frente a la agroindustria es una de sus preocupaciones.

Camisa de flores, sonrisa dulce y un discurso rotundo contra las vulneraciones del derecho a la tierra, el territorio y el medio ambiente de las empresas en Europa. La gerente de Políticas para la Agricultura y el Sistema Alimentario de EEB (European Environmental Bureau, según sus siglas en inglés), fue una de las ponentes de la Climate Arena Conference que tuvo lugar en Viena, un espacio donde más de 150 periodistas y personas defensoras del medio ambiente se dieron cita para reflexionar juntas sobre la crisis climática y buscar estrategias colectivas de resistencia, también preocupadas por Andalucía, origen de muchas de las frutas y verduras que se consumen en toda la Unión Europea.

Para ser honesta, no conozco ninguna legislación europea que permita tener un proceso real de rendición de cuentas por parte de las empresas sobre su impacto climático en la Unión Europea. Ahora estamos trabajando en una ley específica sobre deforestación, lo que nos hace entender que estamos frente a un gran desafío y que existe, desde hace años, una falta de información sobre este tema.

Con respecto al clima, nos sucede lo mismo. Tenemos una legislación europea que fija los objetivos para los Estados miembros, pero no regula qué pueden o no hacer las empresas.

De lo que sí puedo hablar es de la política agraria comunitaria, que afecta a los agricultores, específicamente en cuanto a producción se refiere e, incluso aquí, por ejemplo, sobre el agua que utilizan, que no es lo suficientemente justa. Hay una relación con la Directiva del agua en la que se establece una relación con el marco comunitario de actuación sobre las aguas, en las que se dice a los Estados qué pueden hacer para conseguir una buena calidad y cantidad del agua, pero no está siendo aplicada en la práctica, ni tampoco obliga a  las empresas, por lo que no están haciendo nada. Estamos demandando que haya una relación real entre ambas legislaciones, pero no está sucediendo. Incluso las relaciones legales entre ambas son bastante débiles. 

La situación es muy preocupante. Si estamos pensando en multas o penalizaciones de algún tipo, actualmente la normativa europea no lo contempla. Al contrario, la UE está sufragando con ayudas públicas determinados cultivos, pagos directos a agricultores para que se mantengan en las zonas.

Sé que existen algunas medidas. Lo que sí puedo decir es que existe un riesgo evidente si el tratamiento de aguas no es correcto, lo que puede generar la propagación de metales, microbios o incluso pesticidas. 

Somos conscientes de que las medidas de protección son muy caras y difíciles, pero desconozco cuáles son los criterios de calidad sobre el agua.

No, no suficiente (risas). No bastante (en español). Sé que Ecologistas en Acción está trabajando con Deutsche Umwelthilfe, en Alemania, para sensibilizar sobre este tema. Creo que incluso es peor porque hemos oído hablar del impacto negativo del cultivo del aguacate o el mango en México o Perú, por lo que, potencialmente, no me sorprendería que los consumidores del norte de Europa no pensasen que es mejor que vengan del sur de España que de estos dos países.

Claramente no tiene sentido. Creo que existe una toma de conciencia sobre algunos territorios, como puede ser el cultivo de frutos rojos en Doñana, al menos en Reino Unido. Allí ha habido mucha cobertura periodística y creo que se está cambiando la visión, pero aún es algo muy ad hoc: un tema, un territorio abordado por los medios de comunicación y la gente empieza a responsabilizarse, pero solo sobre eso y presionar a los supermercados. 

Definitivamente tiene que ver con una falta de sensibilización sobre el tema, pero también hay una responsabilidad de los países, con lo que se ha llamado “crimen facilitado por los Estados”, en el sentido de que la falta de regulación y garantías puede promover crímenes verdes.

Tenemos la Directiva del marco sobre el agua, del 2000, que deberíamos haber puesto en práctica hace unos años, hasta llegar a 2027. En la actualidad, ni los Estados miembros ni la Comisión Europea están haciendo lo suficiente. Existen casos para criminalizar a quienes dañan la calidad del agua y nosotros estamos trabajando en ello, pero creo que en el sur de España podría haber un gran caso para llevar a las autoridades a juicio por el tipo de uso que se está dando del agua.

Hoy el debate debe abordar incluso cómo abolimos la esclavitud, ¿verdad? No tengo todas las respuestas sobre ello. Cuando estaba trabajando en la última modificación de la PAC, la Política Agrícola Común tuvimos un debate sobre la condicionalidad social, porque la PAC ya tiene un condicionante ambiental, según el cual los agricultores pueden recibir subsidios según determinadas reglas medioambientales. 

El condicionante medioambiental de la PAC no contiene nada sobre el uso del agua, sino normas sobre el mantenimiento de pastizales o elementos paisajísticos. Hace cuatro años se incorporó este condicionante social que decía que, para recibir subsidios relacionados con algún área (por ejemplo: fruta y verdura), se debía respetar la ley (risas). De hecho, para inversiones todavía se puede recibir el dinero porque el condicionante no se utiliza en este punto.

Lo que quiere decir es que debes respetar ese condicionante social teniendo en cuenta la legislación estatal, lo cual genera un gran debate para saber qué tipo de legislación nacional se debe utilizar y si las autoridades encuentran que no hay respetado la ley puedes estar sujeto a una condena. 

Los Estados miembros estaban trabajando muy fuerte en contra de esta postura y, creo, España era uno de los que no estaba muy contentos con este tipo de condicionante. Definitivamente no era uno de los que estaban a favor y ello generó un retraso, por lo que solo se utilizará este año para determinadas leyes y en 2025 para otras. Es una muestra de cómo este sistema loco en el que los Estados defienden a las empresas por encima de los derechos humanos y del medioambiente. 

Ruth de Frutos

Ruth de Frutos

Periodista e investigadora. Enredo sobre derechos humanos en La Poderío. I Premio de Periodismo Social "Alberto Almansa" en la categoría de periodismo ciudadano por el artículo "Málaga no se vende, se alquila al mejor postor" y finalista del IX Premio Internacional Colombine por "Alicia, Carmen y Pilar en la ciudad de las maravillas (para ellos)", escrito con mi comadre Laura Rueda.

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