Desenganchadas de Madrid: la Andalucía que no cesa
Si hay algo que en los últimos tiempos han querido rentabilizar desde diferentes espacios de la política institucional ha sido lo andaluz. Lo escribíamos en el artículo Mamá: quiero ser andalucista de 2022. Todo el mundo, de repente, quería ser the andaluciest. ¿Es el éxito de Andelante Andalucía exclusivamente suyo?
Si hay algo que en los últimos tiempos han querido rentabilizar desde diferentes espacios de la política institucional ha sido lo andaluz. Lo escribíamos en el artículo Mamá: quiero ser andalucista de 2022. Todo el mundo, de repente, quería ser the andaluciest. Llevamos años viendo cómo la derecha viene apropiándose de imaginarios y símbolos ajenos a su tradición política, folclorizando lo refolclorizado en muchas ocasiones. Campañas publicitarias como la de “El trato andaluz”, donde hablan de una supuesta convivencia entre residentes y visitantes.
Hablan de trato andaluz cuando quieren decir servilismo, como el que mencionada la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez García, cuando se preguntaba en voz alta y si sonrojo, sobre dónde se alojarían los camareros que les servían cañas y espetos cuando vienen de vacaciones, qué casa iban a encontrar los que atienden a los turistas. Tenemos derechos solo porque ellos tienen que seguir manteniendo sus privilegios.
Hasta Vox acusó de nuevos andalucistas a los del PP. Dijeron en 2023 que no hay nada que tenga más alcanfor que Blas Infante y, en plena campaña, pudimos oír a Santiago Abascal reivindicar la figura de Fernando III y los Reyes Católicos, hablando de identidad inventada. Después del domingo, tenemos a un Moreno Bonilla obligado a retratarse. Al señorito le han hecho el lío: el lío de Montepío. Tendrá que hacer gala del trato andaluz y tragar.
En 2018 Andalucía era el laboratorio que le abría la puerta de entrada a Vox. En 2026 pudimos ver cómo Gabriel Rufián, que ha defendido la unidad de la izquierda en dos actos, con Emilio Delgado de Más Madrid en la capital e Irene Montero de Podemos en Barcelona, hablaba del momento de la izquierda soberanista. Adelante ha marcado el camino, dice.
Análisis sobre las elecciones andaluzas de este 17 de mayo hay cientos, pero el hecho incontestable es que si bien la derecha fue la más votada, la izquierda soberanista ha sido la ganadora. 400.000 votos que se traducen en ocho escaños para Adelante Andalucía, una organización que ha sabido cogerle el pulso a la calle y las redes. El éxito de Adelante no reside exclusivamente en el compromiso militante o en una campaña donde la alegría ha sido uno de los ejes vertebradores. Desengancharse de Madrid y observar que se puede responder a problemas estructurales en clave andaluza, con otro tono y otras formas, ha sido fundamental.
Adelante Andalucía también ha sabido recoger muchas de las reivindicaciones que se dan desde diferentes ámbitos. No arrastran las malas decisiones tomadas en Madrid y tampoco reciben instrucciones de gente que solo viene a gentrificar Caños de Meca, poner acento en los mítines o enmendar la plana por X. La reivindicación de lo andaluz, en toda su complejidad cultural, estructural e identitaria, huye de la folclorización y la señala como parte de los males que se perpetúan gracias a las gestiones que vienen impuestas allende Despeñaperros. Saber recoger este malestar que se viene materializando en diferentes disciplinas y que tiene vocación territorial, también es parte de su éxito. Como también lo es recoger parte del trabajo que han desarrollado desde la militancia de organizaciones como Jaleo (Juventud andaluza independentista) o Nazión Andaluza.
En las últimas semanas hemos visto decenas de reels donde la banda sonora de La Plazuela se repetía una y otra vez, indistintamente de su origen, ya fuese Por Andalucía o Adelante Andalucía.. Nadie quiere estar del lao de la pena, ni La Plazuela, ni nosotras, ni Andalucía. Los de Granada dicen lao sin avergonzarse, porque decir lao no es hablar mal, y querer estar bien, vivir con alegría y gozo es algo que siempre se debe llevar por bandera. Hemos tardado en entenderlo, lo del lao y lo de la pena, pero nunca es tarde. Antes de La Plazuela fueron otros y fueron muchas. En 2018 éramos la puerta de entrada del fascimo y hoy somos señal de que puede haber un futuro a la altura.
Hay quienes ha sabido capitalizar todo este contexto, en ocasiones refolclorizando y reduciendo lo andaluz a una frase, un lugar común, a un gesto o un cliché. A Juan y Medio o a un mollete. Esto también ha ocurrido y es de justicia reconocerlo. A veces de tan andaluces y muy andaluces se ha pasado de frenada.
Ser andaluza no basta. Hay que tenér mirá. Tener miramiento. En 2012 Gata Cattana cantaba aquello de Mora mora de Graná, nacida en el Califato Con este acento nazarí danzante que me saco en sus Tientos, abriendo Los siete contra Tebas, afirmándose y enunciándose, para seguir siendo una referente eterna: “Cuando hables de mi culturaFuera de tópicos, basura que os inculcan Habrase visto andaluza más culta”. En 2008 comenzó a rapear la FRAC (Fundación de Raperos Atípicos de Cádiz) sin complejos y en su Andalusía Nasión (2013) lo dejaron claro “to los caciques huelen peste”.
Y en 2015 Sister Castro reivindicar que no somos “el chiste ni la chanza que tú imitas en tu serie favorita”. Narco siempre tuvo acento: “Como la Pantoja, quiere ser la más artista, Pero no la cogen porque nunca se despista En tos los saraos rodeá de fascistas”, cantaban en 2017. Hora Zulú, quince años antes, le daban toques de copla al metal-rap granadino y, hacían que los festivales de rock se llenasen de banderas andaluzas con estrellas rojas, para gritar que “tengo una idea dentro, voy pasando de naciones y andaluz de nacimiento, en tu patria me cago cuando veo presumiendo a los caciques a caballo por las ferias de mi pueblo”.
Si buscamos Califato 3/4 en la Wikipedia aparece: nuevo flamenco, folktrónic, neopsicodelia, breakbeat, sevillanas, marcha procesional, copla, electrónica o rumba. Seguramente esta tierra sea todo eso y mucho más. Era de justicia reconocer toda la potencia atávica que tiene un sombrero de verdiales. Fue histórico escuchar Eternidad en la Sala Malandar el 7 de febrero de 2020 con su poquito de breakbeat.
El sustrato es más amplio y acoge más variantes. En el pensamiento, Mar Gallego le puso palabras a pálpitos e intuiciones colectivas. Supo darle sentido y certeza a que aquello que solemos repetir: lo que no se nombra no existe. Nosotras, las andaluzas, existíamos como existía un dolor estructural y una alegría comunitaria que supo señalar. Gallego nos dio una certeza al hacernos ver que se puede ser sin imitar, se puede estar con orgullo y entendimiento.
En las artes escénicas las magníficas Niñas de Cádiz afirman que un pueblo sin teatro es un pueblo que se muere y adaptan su gusto por lo clásico con el humor, la filosofía de Cádiz y la cultura popular porque realmente es ahí donde residen todas las tradiciones ancestrales.
En 2016, Jesús Armesto estrena Las llaves de la memoria. El director ecijano intenta recomponer el puzzle de la memoria andaluza a través de un documental que intenta llegar a la raíz a través de la emoción, de la palabra y la historia. Gracias a este audiovisual, muchas pudimos conocer al arabista y profesor de la US , Emilio González Ferrín. Su teoría sobre Al Andalus generó un intenso debate en el seno de la Academia que se ha podido seguir en diferentes publicaciones y medios de comunicación.
En esta misma docuficción aparece Antonio Manuel, profesor de Derecho Civil y Derecho Agrario de la Universidad de Córdoba. Su “Arqueología de lo Jondo» (Almuzara, 2018) se vuelve también una lectura que conecta con la necesidad de profundización en la historia del flamenco. De alguna forma, su libro nos lleva a seguir nutriéndonos sobre el cante, tirar del hilo de otros documentos, ensayos y publicaciones.
Todo este cosmos, aparentemente caótico, sigue un orden y responde en tiempo y forma a la necesidad de seguir conociéndonos. También siendo conscientes del lugar que habitamos. La Poderío vio la luz en abril de 2018 y uno de sus primeros reportajes abordaban , precisamente, la situación que vivían miles de jornaleras en los invernaderos. Las violencias que sufren de forma constante las trabajadoras de los frutos rojos en Huelva no salen a la luz en la prensa española. Lo cubre en mayo de 2018 Corrective, un periódico alemán. A partir de aquí, crece el interés mediático.
Es dificil determinar una fecha, un momento, no hay aniversario ni un día fijo en el calendario. Pero lo cierto es que son muchos los elementos que responden a esa inquietud que no por haber sido poco hablada es menos colectiva. Nos hemos fijado en luchas campesinas de otros territorios y muy poco en las que se han producido aquí, nos parecían brillantes proyectos musicales de otras latitudes mientras dejábamos de lado las que aqui podían producirse. Parecía que la única historia antifascista que reinvidicar son la de pueblos ajenos a este.
Desde las artes gráficas y la ilustración hemos presenciado una reivindicación de el territorio que nos atraviesa. El cordobés Borja Cámara trae ecos antiguos a tiempos modernos desde Córdoba, Misscomadres en Granada nos visten el cuerpo y la cabeza con diseños feministas y antirracistas. Antifascist Bitches, queridas.
En artes plásticas trabaja María Rosa Aranega Navarro, una joven artista que investiga la posmemoria, centrando su trabajo en la Guerra Civil y el Franquismo. Muralistas como la Mari Muriel. The Sevillaner, The Malagueñer, The Gaditaner son trabajos colectivos cargados de elegancia y buen gusto. Tanto que podría aparecer que es The New Yorker quien hacer una versión de los ejemplares andaluces y no al revés. Los memes también han llegado para quedarse: Malacarasev o Bernar SF han sabido recoger la crítica desde el humor, reivindicándose desde una forma de hablar y de mirar fina, propia.
Se suceden textos y pareceres en esta España sobreopinada, donde vuelven a infantilizar a Andalucía, hablando de una izquierda identitaria que no tiene arraigo ni popularidad. El regreso del análisis condescendiente: votamos mal porque votamos identidad.
¿Se atreverían a asegurar esto de otras latitudes? Afirmar esto es no dejar espacio para reconocer que el programa de Adelante Andalucía es mucho más sugerente y moderno. Que responde a inquietudes que desde otros espacios no han ofrecido o, sencillamente, no han sabido dar. Eso sí, entre los suspensos de la izquierda andaluza encontramos el debate urgente sobre la transición energética.
A los tiempos hay que cogerle el pulso y el equipo de José Ignacio García, ha sabido hacerlo con éxito, con una campaña llena de reivindicaciones y alegría, donde a la ultraderecha se le ha dicho en TV que solo dice pamplinas. Porque al fascismo, que es lo que nos queda durante los próximos cuatro años, no se le debate. Y es que subir de dos a ocho parlamentarias es sinónimo de querer irse de Madrid y sin remordimiento.






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