Las Faeneras de Málaga
Las Faeneras de Málaga

La Poderío

27 enero 2022

El año de 1918 no empezaba con buen pie. Con una Guerra Mundial entre medias, el mundo se veía sumido en grandes epidemias de hambruna. En mitad de aquella contienda que asolo Europa, siempre hubo quien supo aprovechar la jugada y sacarle beneficio al hambre ajeno. Así, la clase trabajadora europea se veía aboca a vivir entre la inflación de los precios y la escasez de alimentos. El sistema capitalista necesitaba reestructurarse, y siempre a costa de quienes se ganan la vida con el sudor de su frente. 

Málaga era un buen ejemplo de aquella desigualdad absoluta. Aquellas que vendían las mercancías, la escasas mercancías que llegaban a la ciudad, se encontraban envueltas en la más absoluta pobreza. Vendían productos que no podían pagar con lo que ganaban. Los hijos de las Faeneras lloraban de hambre y frío, mientras paseaban sus cuerpos por los mercados. Pan, verduras, pescado, cualquier cosa con tal de poder tirar palante con lo puesto.

Así se podría decir que era la vida de las Faeneras, que un 9 de enero de 1918, decidieron manifestarse, creando una rebelión en Málaga que aún podemos conmemorar. La situación era escandalosa: los ricos se habían nutrido y aprovechado de la I Guerra Mundial, y todo lo que se producía en el Sur salía hacia el Norte para venderlo a alto coste y así seguir enriqueciéndose. Aquí se quedaba muy poco género, y el poco que había no hacía más que aumentar su precio. 

Cansadas ya de ver llorar a sus hijos, de que la oligarquía industrial se lucrara de aquello, y de que la cosa no mejorara en el negocio, fueron 800 mujeres las que, un 9 de enero de 1918, decidieron plantarse frente al gobernador militar, tras una manifestación que recorrió las calles de la ciudad. Este, prometiendo todo, las despachó pronto, pero, ni cortas ni perezosas, trasladaron sus quejas a la alcaldía. Este si pareció escuchar a las Faeneras y se prestó a sus reivindicaciones, siendo destituido a los pocos días, debido a las presiones de la burguesía industrial, quedando nuevamente las mujeres a la deriva, sin sus reivindicaciones realizadas.

Una rebelión auto organizada

No quedaba otra que volver a organizarse. El 14 de enero, durante un mitín al que acudieron más de 2000 personas, se anunció una manifestación para al día siguiente. Así, de nuevo, un 15 de enero, las calles de Málaga fueron nuevamente un hervidero de lucha popular, y ya no sólo las 800 faeneras, sino también hombres, que iban detrás del cortejo de mujeres trabajadoras que encabezaban las protestas. El gobernador militar, Rodríguez de Rivas, viendo que aquello le venía grande, arenó las calles para que los caballos no resbalaran y cargó contra los cientos de manifestantes. Palos y disparos, dejaron a dos hombres y dos mujeres muertes, y a unas 17 personas heridas. La carga fue brutal, pero lejos de aminorar los ánimos, hizo crecer el descontento y la lucha. 

«El 21 de enero, cuando Málaga amaneció con una bajada de precios de todos los alimentos básicos. Por fin, el hijo de la vendedora de puestos callejeros podría cenar caliente».


Fue una semana sin descanso. Durante la madrugada del 16, se cerraron y custodiaron los centros obreros para evitar nuevas organizaciones, lo que no impidió que esa misma mañana, una Huelga General irrumpiera en toda Malága: En un primer momento fueron los trabajadores portuarios, seguidos del transporte, carpinteros, albañiles, tipógrafos y herradores. Por la tarde, todo el comercio quedó cerrado, uniéndose también los trabajadores de las industrias y las fábricas. 12.000 personas marcharon hacia el Hospital Militar, donde se encontraban los cadáveres de las personas asesinadas el día anterior. Fueron enterradas de madrugada, como estrategia para evitar más altercados.

La huelga no finalizó durante los próximos cinco días. Tumultos, concentraciones, manifestaciones, ocupaciones… La organización popular y de clase terminó el 21 de enero, cuando Málaga amaneció con una bajada de precios de todos los alimentos básicos. Por fin, el hijo de la vendedora de puestos callejeros podría cenar caliente.

Y así, nuevamente, la clase trabajadora dio cuentas de aquel que dice que la lucha es el único camino. 

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Una revista parida en el sur, con los aires frescos, reivindicativos, inclusivos, diversos, plurales y feministas de Andalucía, pero sobre todo, con las ganas de visibilizar las historias de personas reales olvidadas en los medios de comunicación y de desgranar el sistema heteropatriarcal que las victimiza y/o criminaliza en la mayoría de los casos.

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