Rita la Cantaora

¿Quién no ha escuchado hablar de Rita la Cantaora? Entre los dichos populares que nos rodean, hay algunos que nos mencionan ciertos nombres que el imaginario colectivo no terminar de situar. ¿Existió Periquillo el de los Palotes? ¿Quién fue la Tota o la Tía Bernarda? Hoy hablamos de una de estas mujeres que todas nombramos, pero no sabemos por qué, Rita la Cantaora, que lejos del dicho popular, fue una cantaora flamenca reconocida por su pasión por el cante y el baile.

Rita Giménez García nace en 1859 en Jerez de la Frontera, aunque hay quien la sitúa en Sanlúcar de Barrameda. De origen humilde, pero con mucha afinidad para el cante, suele cantar en la calle para todas sus vecinas. Siendo aún joven, la escucha un agente teatral en una calle de Jerez. Sin dudar, el agente le ofrece a Rita un billete que no podrá rechazar: cantar en los mejores tablaos flamencos de Madrid.

Siendo aún joven, la escucha un agente teatral en una calle de Jerez. Sin dudar, el agente le ofrece a Rita un billete que no podrá rechazar: cantar en los mejores tablaos flamencos de Madrid

Su vida en Madrid

Así, la jerezana debuta en un prestigioso tablao, llamado Café Romero, junto con Juana la Macarrona y Antonio Ortega. Su carrera acababa de comenzar y no parará hasta convertirla en mito. En 1885, la revista el Enano le regala un poema, dedicado a su belleza y encanto, donde ya se la nombra como Rita la Cantaora:

“Del pueblo andaluz señora.

Todo el elogio merece.

Que su mirar enamora,

Que una rosa que florece

Es Rita la cantaora.”

Rita no paraba de aparecer en carteles, revistas y funciones. El Liceu Rius de Madrid la cobijó durante un tiempo, un lugar de ensoñación donde se albergaba desde mítines de socialistas y reuniones de obreros anarquistas, hasta las voces y poemas de Machado. Una referencia cultural del Madrid de principios de siglo, donde Rita compartió escenario con las artistas flamencas más importantes de la época. En 1906 aparece en un cuadro flamenco en el Café del Gato, haciéndose amiga íntima en esos años de Fosforito el Viejo o la Coquinera

Pasión por el cante y el baile

Rita pasó al imaginario popular precisamente por esto. Por su pasión por el cante y el baile, por aparecer en todos los Cafés y teatros madrileños. Dicen que nunca decía que no a una actuación, dando igual cuánto cobrara o incluso haciéndolo gratis. Es por ello que en el mundo flamenco se empezó a popularizar el dicho de “que lo haga Rita la Cantaora”, porque Rita siempre estaba dispuesta para el cante y el baile, sobre todo por malagueñas y soleares.

Rita siempre estaba dispuesta para el cante y el baile, sobre todo por malagueñas y soleares.

Los cuidados

A pesar de su popularidad y su entrega, con el avance del siglo XX su declive como cantaora parecía llegar. En esa época, un bailaor amigo suyo, llamado Patricio el Feo, la invita a compartir su hogar, viviendo con él en Carabanchel Alto. Con él convivió hasta que conoció a un volquetero del barrio, Manuel González Flores, con quien se casó. Manuel era viudo, y traía con él a una hija y cuatro nietos, a los que Rita se encargó de cuidar como hijos suyos.  

La última vez que Rita se subió a un tablao fue en 1934, en el Café de Magallanes, donde se reunieron varios artistas en un homenaje al flamenco viejo y sus cantaores y cantaoras, y allí Rita volvió a reunirse, ya con 75 años de edad con su amiga Antonia la Coquinera o Fosforito el Viejo.

En 1935, la periodista y escritora Luisa Carnés la entrevistó para la revista la Estampa. Junto con más artistas del flamenco, Rita habla sobre su vida y su declive, asegurando que ella podría haber tenido todo, y casarse con cualquier hombre, pero que por entonces vivía siendo pobre. Aún cantaba, pero ya no en grandes teatros, porque el flamenco ya no es lo que era. En esta entrevista, Rita recita una de sus letras, sopesando el paso del tiempo y todos los dolores sufridos: 

“Males que acarrea er tiempo,

quién pudiera penetrarlos, 

para ponerle remedio, 

ante que viviera er daño”

En 1936, con la llegada de la Guerra Civil, los barrios populares son fuertemente represaliados, pues se mantienen leales a la República. Carabachel es evacuado por los republicanos, y sus vecinas consiguen salir de Madrid. En esta peregrinación huyendo del avance del franquismo, en junio de 1937, Rita se encuentra en Zorita de Maestrazgo, Castellón. Allí sufre una asistolia, que acaba con su vida

Aún cantaba, pero ya no en grandes teatros, porque el flamenco ya no es lo que era.

Bibliografía:

Real Academia de la Historia. Rita Giménez García. Recuperado en: http://dbe.rah.es/biografias/26837/rita-gimenez-garcia

Carnés Caballero, L. (1935). El final de los Flamencos. Revista la Estampa. Recuperado en: http://www.papelesflamencos.com/2009/04/un-reportaje-de-luisa-carnes.html

La Poderío

Acerca de La Poderío

Una revista parida en el sur, con los aires frescos, reivindicativos, inclusivos, diversos, plurales y feministas de Andalucía, pero sobre todo, con las ganas de visibilizar las historias de personas reales olvidadas en los medios de comunicación y de desgranar el sistema heteropatriarcal que las victimiza y/o criminaliza en la mayoría de los casos.

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