El problema de llamar madre a Andalucía

Este texto está en la sección La Corrala, el patio de vecinas de La Poderío donde cada una charlotea, cascarrilla y pone colorá lo que sea mientras le da el fresquito o el sol en la cara. Más agustito que te quedas, oú. Eso sí, La Poderío no tiene nada que ver con lo que se pone aquí, solo apoya la participación de las lectoras. Puedes enviar tus artículos a ole@lapoderio.com. Otra cosa, antes de hacernos las propuestas pedimos que leas nuestro ideario.

*Foto de portada: Páginas de mujer emprendedora.

Texto de Carmela Borrego Castellano y vídeo de Aurora Baez Boza./ Editorial Avenate.

 “Si a un pero lo llaman mansana, 
A mí me han llegao a llamá shabacana. 
¿Dónde está er problema?”.  
-La Mala Rodríguez-

Acercándose el día oficial de Andalucía, el 28 de febrero, la Junta sacó un video en conmemoración. Ese video es un insulto a todas nosotras. No aparecen imágenes de Andalucía y está hablado en castellano de la Meseta. Ni siquiera se han dignado a usar ese acento andaluz descafeinado que aparece en Canal Sur pero que no se habla en ningún sitio. No tardaron en saltar las críticas. Muchas de las personas andaluzas nos sentimos ofendidas, porque hasta en nuestra tierra nuestra forma de estar en el mundo es deslegitimada. 

Como mujer andaluza que defiende el feminismo intento no quedarme en la superficie, y siempre me surgen preguntas que me impulsen a buscar una mirada fronteriza, que me ubiquen en un análisis multifocal: ¿tan peligroso es el andaluz?¿por qué históricamente esta forma de hablar ha sido denostada y vulgarizada? ¿por qué el andaluz se le sigue llamando acento cuando es un dialecto (como poco)? Para mí la respuesta es clara: para promover el proyecto de homogeneización que necesita el estado español para existir, borrando toda la diversidad que compone Andalucía. 

«Es una forma de hablar que recuerda la historia de los cuerpos que habitan Andalucía, es una forma de narrar el mundo en diversidad y en resistencia. Hablar andaluz es una resistencia y una forma de hacer lucha».

Los lenguajes y formas de expresión que cotidianamente son usadas por mí y la gente de mi entorno se insertan en una lógica que posee un simbolismo andaluz, que nace de este lugar geopolítico que tiene memoria. El andaluz es una forma de hablar que es más que un acento. Es una forma de hablar que recuerda la historia de los cuerpos que habitan Andalucía, es una forma de narrar el mundo en diversidad y en resistencia. Hablar andaluz es una resistencia y una forma de hacer lucha. Es una forma de construir saber y genealogía. Sin embargo, el andaluz – en toda su diversidad- se ha asociado a la incultura y a lo bárbaro.¿Por qué el andaluz siendo una memoria viva de la historia es devaluada?

Cateto tú que no’ntiendê l’andalûh

Para hablar de este hecho necesito acercarme a Gloria Anzaldua (1987), que mantiene que “en territorios frontera aparecen lenguajes híbridos que no son considerados legítimos ni válidos”. Esta mujer chicana, lesbiana y feminista nos cuenta en su libro Borderlands (Capitán Swing, 2016) cómo existe una forma de hablar legitimada por el etnocentrismo y el poder. Todo lo demás es desvalorizado. Nos argumenta cómo el lenguaje es una forma de control y domesticación.

«Al ser una lengua híbrida, a las personas que hablamos andaluz nos persigue la etiqueta de vulgar, chabacano, de la incultura y el fracaso».

Este pensamiento me lleva a plantear que el andaluz es una lengua fronteriza y diversa que por esta razón es devaluada. Al ser una lengua híbrida (recomiendo escuchar a Sra. Preformer sobre este tema) a las personas que hablamos andaluz nos persigue la etiqueta de vulgar, chabacano, de la incultura y el fracaso. Por ello, siento necesario reivindicar que el andaluz es una forma de narrar la vida, es un conocimiento no monolítico, heterogéneo y vivo que necesita ser rescatado, nombrado y puesto en valor para romper con el paradigma donde solo existe una forma de escribir y de nombrar.

El andaluz es una forma  de saber y de expresar que nace de la experiencia y es algo que viene de nuestras entrañas y de los saberes ancestrales de estas tierras. Muchas formas de saber hacer y hablar andaluzas provienen de resistencias a la homogeneización que el estado español quiso promover. Lo que queda de ese legado son resistencias a la homogeneización dialéctica.

Entre estereotipos

La riqueza lingüística del andaluz es fetichizada y estereotipada. El andaluz no es legítimo para la academia ni para hablar en RTVE ni para hacer política, pero es perfectamente válido para mantener la caricatura de las personas que habitan Andalucía: gente floja, graciosa, que solo pueden desempeñar una función en la sociedad.

Sin ir más lejos, la actual portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, ha sido fuertemente criticada por hablar en su andaluz. No es la única que ha sufrido críticas y burlas, pero es llamativo que la portavoz sea ninguneada por su lugar de origen y forma de hablar.

«Aparecen así los estereotipos asociados a las mujeres andaluzas: limpiadora, cuidadora, sexualizada y graciosa. Este es el papel que parece que las mujeres andaluzas podemos tener».

Como mujer que defiende el feminismo me planteo: ¿si fuera un hombre andaluz sufriría las mismas críticas? Es posible que fuese criticado, pero no desde el mismo lugar porque en este entramado aparece la misoginia y el machismo. Aparecen así los estereotipos asociados a las mujeres andaluzas: limpiadora, cuidadora, sexualizada y graciosa. Este es el papel que parece que las mujeres andaluzas podemos tener. Esto se ve muy claro en las series de televisión y en las películas. Las mujeres andaluzas casi siempre tenemos el papel de fogosas exuberantes mujeres que son fáciles, cuidadoras de todos o somos las incultas graciosas. ¡Qué hartura chiquille!

Andalucía, ¿madre?

Pero pa no pegar puntá sin hilo y desde mi mirada de mujer andaluza me pregunto: ¿Qué pasa con eso que muchas veces se dice desde el andalucismo lo de “Andalucía es una madre”? 

Este nombrar “Andalucía como una madre” nos tiene que llevar a plantearnos por qué feminizamos un territorio romantizando las labores de cuidados.  En un mundo machista, misógino, patriarcal, racista y clasista, ¿qué concepto se tiene de “la madre”? ¿se está romantizando el papel materno del territorio andaluz sin hacer un análisis feminista de esa realidad? Cuándo decimos que Andalucía es una madre, ¿pensamos en la carga de cuidados que tienen las mujeres – a veces madres- en esta sociedad? ¿quién cuida y porque los cuidados vuelven a caer en una tierra que se imagina en femenino? Y lo más importante, ¿dónde están los hombres cis hetero en los cuidados?

«En Andalucía las mujeres tienen un papel importante en esto de mantener la lengua, las raíces incluso de sacar adelante a las familias a través de las redes de apoyo mutuo y de las relaciones de comadreo entre vecinas».

Creo que en este feminizar la tierra y nombrarla como madre puede haber una necesidad de poner en valor las labores de las mujeres pero también puede caer en dicotomías asociadas a los roles de género. Si Andalucía sostiene al estado español haciendo muchas labores de cuidado invisibilizadas. Sí, en Andalucía las mujeres tienen un papel importante en esto de mantener la lengua, las raíces incluso de sacar adelante a las familias a través de las redes de apoyo mutuo y de las relaciones de comadreo entre vecinas.

Sin embargo, esto no nos puede llevar a volver a exotizar a las mujeres, a relegarlas al papel de cuidadoras y a colocar a Andalucía como la madre de todes. Esto invisibiliza a quienes hacen las labores de cuidado.

Las mujeres andaluzas poniendo sus cuerpos y su trabajo han sacado a esta tierra adelante a pesar del clasismo, del expolio y de las dinámicas Norte-Sur, a pesar del machismo y del patriarcado que también se vive en esta tierra. Porque Andalucía no es tu madre.

ANDALUCÍA NO ES TU MADRE

Todas estas reflexiones nos llevó a Editorial Avenate a crear un video como contranarrativa del discurso oficial y españolizado del video de la Junta de Andalucía. Aurora Baez Boza y yo estuvimos dialogando mucho sobre el mensaje que queríamos dar y finalmente lo titulamos precisamente: ANDALUCÍA NO ES TU MADRE como una forma de impulsar la reflexión.

Andalucía es una tierra de lucha feminista, pero no es la madre de nadie. Cansadas de la romantización y exotización que se hace de esta tierra queremos reivindicar las luchas cotidianas feministas andaluzas. Las mujeres andaluzas han sacado a sus familias adelante dando de comer a sus hijes, compartiendo pucheros, haciendo comadreos y creando alianzas. Eso es cierto, las mujeres andaluzas han hecho esto, pero porque los hombres, como en todos los territorios donde impera el patriarcado, han abandonado las labores de cuidados.

Queremos dejar claro que las mujeres no estamos aquí para dar cuidados de forma gratuita, ni Andalucía está aquí para sostener al estado español. Hablando con Cynthia Veneno y Araceli Pulpillo llegamos a la conclusión de que necesitamos una Andalucía feminista, diversa y en resistencia lejos de los imperantes machistas, clasistas y racistas.

Las mujeres andaluzas no son las que nacen aquí sino las que ponen el cuerpo. Andalucía son las mujeres migrantas, las mujeres pobres, las mujeres gitanas, las mujeres afrodescendientes, las andaluzas migradas a otros territorios por la precariedáque azota esta tierra. En este video no están todas, faltan muchas. Pero no queremos perder la oportunidad de mostrar un cachito de nuestras resistencias.

La Poderío

Acerca de La Poderío

Una revista parida en el sur, con los aires frescos, reivindicativos, inclusivos, diversos, plurales y feministas de Andalucía, pero sobre todo, con las ganas de visibilizar las historias de personas reales olvidadas en los medios de comunicación y de desgranar el sistema heteropatriarcal que las victimiza y/o criminaliza en la mayoría de los casos.

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