Tomar las plazas, hacer la huelga: Málaga abraza la resistencia por el derecho a la vivienda
Tomar las plazas, hacer la huelga: Málaga abraza la resistencia por el derecho a la vivienda

Rocío Santos Gil

16 octubre 2026

Tener un lugar donde sostener la vida se ha convertido en un privilegio inalcanzable. Precios de alquiler desorbitados, sueldos precarios, desahucios silenciosos e impunes y barrios enteros devorados por los pisos turísticos y la especulación. Ante esta asfixia cotidiana, Málaga también se ha plantado: la crisis de la vivienda ya no se vive a solar ni a puerta cerrada, se comparte, se habla y se combate colectivamente en las calles. Decenas de miles de personas (hasta 40.000 según el Sindicato de Inquilinas y un Techo por derecho) desbordaron el centro de la capital para gritar que las vecinas no se venden.

Radiografía de la emergencia: Málaga, el laboratorio de la expulsión

Los datos explican por qué la rabia ha prendido con tanta fuerza en la Costa del Sol. Málaga se ha situado como una de las capitales más caras de todo el Estado para alquilar. Los precios medios superan los 1.200 a 1.300 euros al mes (alrededor de 16 €/m²), obligando a las familias andaluzas a destinar más del 50% de sus ingresos solo a pagar un techo.

A la escalada del coste de la vida se suma la voracidad del monocultivo turístico. La ciudad es líder en viviendas turísticas, encabezando el número de Pisos Turísticos (VUT) de toda España. En distritos del centro histórico y zonas limítrofes, más de 1 de cada 3 viviendas se destinan al negocio turístico o al alquiler de corta estancia. Esto convierte el tejido vecinal en un frondoso bosque de candados con código.

Dos semanas de acampada: cronología de un espacio de resistencia popular

El desahucio de Maricarmen Abascal en la casa donde residía desde hacía más de 60 años, a finales de septiembre, inició una serie de movilizaciones por todo el Estado Español. Después de la concentración de lunes 28, convocada por Un Techo por Derecho a las puertas del Ayuntamiento de Málaga, decenas de personas decidieron iniciar la acampada en la Plaza de la Constitución, conviertiéndose así en el epicentro del movimiento por la vivienda desde esa noche hasta el domingo 11 de octubre.

Lo que comenzó como una sentada tras la gran marcha culminó en dos semanas consecutivas de acampada popular por la vivienda, donde diferentes equipos de trabajo mantuvieron vivo y organizado el espacio. Desde la cocina, donde se elaboraron paellas a las que se invitó a toda persona que quisiera acercarse a compartir el almuerzo, hasta la comisión de limpieza y cuidados. Cada día, además, se ha dinamizado la plaza con conciertos, talleres de pancartas, cuenta cuentos, proyecciones o el Acampada Fest, responsable de cerrar la última jornada con María Ruíz, Chanwei o la Mari de Chambao.

Un clamor compartido en todo el estado

Lo acontecido en Málaga no es un hecho aislado, sino parte de una marea de indignación que recorre todo el territorio. Paralelamente, ciudades como Granada, Sevilla, Madrid, Barcelona o Valencia han vivido movilizaciones y acampadas hermanadas exigiendo las mismas medidas estructurales: bajada real e inmediata de los precios del alquiler, prohibición de la compra de vivienda para la especulación y restricción drástica de pisos turísticos o la paralización de todos los desahucios sin alternativa habitacional real.

De las plazas a los barrios: rumbo a la huelga del próximo 11 de noviembre

El fin de la acampada en el centro histórico no supuso un cierre para los colectivos y las personas que han hecho del centro de la ciudad un espacio para la ciudadanía malagueña, sino el salto a una fase organizativa. Con las fuerzas puestas en la vertebración de comités de barrio y la preparación de acciones más contundentes, el Sindicato de Inquilinas junto a Málaga para vivir, trabajan ya por el derecho a la vivienda y el fin del rentismo organizándose a través del comité de huelga y las reuniones en diferentes grupos de trabajo.



Rocío Santos Gil

Rocío Santos Gil

Arrabalera y de clase trabajadora. Rocanrol actitud.

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