Ruth de Frutos / Amal Tardift
Una suave brisa da la bienvenida a la charla de la defensora de derechos humanos Remei Sipi Mayo (Bioko, 1952) en un chiringuito de la Playa de los Lances de Tarifa. La escritora y editora guineoecuatoriana reflexiona sobre la importancia de la diáspora y de la identidad, dentro del programa de actividades del Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger (FCAT).
Desde que llegase a España en su adolescencia, marcada por el exilio forzado por dictadura de Francisco Macías Nguema en su país natal, esta septuagenaria incansable ha tenido que aprender sin parar, siendo una de sus mayores virtudes, según reconoce. Ya jubilada, continúa impartiendo conferencias sobre el feminismo negro migrante y el papel del asociacionismo para tejer desde su clara diferenciación frente al feminismo hegemónico occidental.
“Quiero aprender andaluz”, bromea Sipi Mayo, tras contar su experiencia de militancia en Cataluña, donde aprendió rápidamente el idioma. Empeñada en subjetivizar narrativas que, en muchos casos, han sido silenciadas o directamente arrebatadas de la diversidad de mujeres que han poblado la diáspora africana, no pierde ocasión para puntualizar conceptos y plantear necesidades concretas.
Arantza Galiardo, miembro de la Sociedad para el estudio del andaluz, la aborda al finalizar la charla para agradecerle el guiño a este territorio. Minutos después, comienza la charla con La Poderío sobre el auge del racismo en España, los procesos de memoria a través de la literatura y la importancia de generar redes entre mujeres de distintas edades para continuar con la lucha feminista y decolonial.
La pionera que comenzó a molestar
Remei Sipi tuvo que ser la pionera en muchos aspectos, más de los que hubiera querido. Cuando llegó a España en 1968 para realizar sus estudios superiores, era una de las pocas estudiantes negras en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde se graduó en Educación Infantil y se especializó en género y desarrollo. “Llegué a Figueras a los 16, era la única negra y no molestaba a nadie. Pasaron los años y empecé a molestar”, comenta irónica por su activismo.
“Hablar de la migración de las mujeres negras en España puede ser un tanto pretencioso si lo que intentamos (…), es esbozar una ligera aproximación a lo que son vivencias personales a lo largo de un continuo espacio-temporal que podemos situar entre los años 70 de la últimas década del pasado milenio y los años 20 del actual siglo XXI” decía en un artículo que publicó en nuestro medio amigo El Salto en 2020.
La ironía es una herramienta para Sipi Mayo: “puedo presumir que no hay ningún texto escrito en las lenguas vehiculares de mi tierra”, denuncia rotunda. Precisamente trasladar el conocimiento ancestral de su pueblo, bubi, hace que comience a editar ensayos y cuentos que permitan recuperar y rendir homenaje a la memoria no escrita. “Nosotros nacimos de la tradición oral”, afirma durante la charla del FCAT. Para ello, en 1995 creó la editorial Mey, especializada en derechos humanos en general, y género y África en particular.

Con este firme compromiso, ha escrito y coordinado obras como Las mujeres africanas: Incansables creadoras de estrategias (1997), Inmigración y género. El caso de Guinea Ecuatorial (2004), Les dones migrades:apunts, històries, reflexions, aportacions (2005), Cuentos africanos (2005), El secreto del bosque: un cuento africano (2007), la edición de la Universidad de Alicante de Inmigración y género. El caso de Guinea Ecuatorial (2014), Baiso, ellas y sus relatos(2015) junto a Nina Camo y Melibea Obono, Voces femeninas de Guinea Ecuatorial. Una antología (2015), y Mujeres africanas: Más allá del tópico de la jovialidad (2018). Asimismo, en 2020 su obra fue incluida en la antología Teléfono de emergencia literaria: escritoras ecuatoguineanas centros culturales de España en Bata y Malabo.
Toda una vida de militancia en la diáspora
Junto a su pasión por la literatura como herramienta para la memoria destaca su papel como activista del movimiento asociativo de mujeres africanas e inmigrantes, luchando por la no folkorización de la interculturalidad. “Los fines de semana nos encontrábamos en los espacios organizativos y reivindicábamos más allá de hacer cuscús, trencitas y contar cuentos los días de la diversidad”, complejiza la escritora.
“Empezamos a trabajar la diáspora desde la diversidad. A través de los espacios que cramos, una generación que viene detrás demanda igualdad de condiciones y tendrá las mismas oportunidades independientemente del color de su piel”, afirma mientras sostiene decidida el micrófono. Fruto de esta conciencia social, Sipi fue una de las fundadoras de la asociación E’Waiso Ipola, una de las primeras asociaciones de mujeres africanas del Estado español, como destacaban en Afroféminas.
Por toda esta labor recibió el IX Premio Pasionaria en nombre de la Asociación de Mujeres Pasionarias en 2002, el premio Raíces de Fórum Andalucía en 2014 y el Premio Sabino Arana por su militancia feminista y la lucha de los derechos de las africanas en 2020.






0 comentarios