Estaría a punto de terminar las clases, agobiada, corriendo de un sitio para otro, pero sin perder la buena costumbre de sacar tiempo para un achuchón y cuatro palabras de aliento. La cineasta, documentalista y profesora del Departamento de Publicidad y Comunicación Audiovisual de la Universidad de Málaga, Concha Barquero Artés (Málaga, 1975-2026), murió el pasado 30 de enero con 51 años. Hace casi seis meses que Concha nos dejó y aún no nos lo creemos.
Documentalista orgullosa de este género tan denostado en la cinematografía española, configuró una forma de hacer e investigar a cuatro manos, junto con su compañero Alejandro Alvarado. En tándem, dirigieron cortometrajes y largometrajes, tuvieron una gran implicación dentro y fuera de la universidad y, sobre todo, hicieron brillar a aquellas personas que les rodeábamos.
Al igual que una de las primeras catedráticas de Comunicación Audiovisual del Estado español, Margarita Ledo -la pionera fue Rosa Franquet-, Concha y Alejandro pertenecen a esa rara avis en la universidad: personas que han reflexionado sobre el séptimo arte rodándolo, como una tercera vía que une lo mejor de la investigación y el ejercicio profesional, para deleite de estudiantado y amantes del cine.
Cine contra el olvido
En 2024, Barquero y Alvarado fueron galardonados con el premio a mejor documental en SEMINCI por “Caja de Resistencia” . El largo recoge “todas las películas que Fernando Ruiz Vergara nunca pudo hacer”, según explicaban en su casa años antes, cuando algunas de sus amistades más cercanas pudimos ver una de las versiones finales del documental. Ruiz Vergara dirigió “Rocío” en 1980, convirtiéndose en el último director censurado en España, ya en democracia, lo que obsesionó a estos cineastas malagueños.

En su apartamento con vistas al mar fue también donde la periodista Isabel Cadenas les entrevistó para la segunda temporada del podcast De eso no se habla. Este espacio sonoro que se adentra en los silencios, como el cine de Alvarado y Barquero, dedicó un capítulo a “Rocío”.
Por ello, la ganadora del Ondas y recientemente del Premio Gabo también se interesó por el proceso de producción de “Descartes”, un cortometraje de esta pareja de cineastas realizado a partir de los rollos del negativo que Ruiz Vergara dejó fuera de la versión final de su película maldita y donde reflexionaban sobre la falta de libertad de expresión.
Como andaluces y documentalistas, sentían la responsabilidad de contar su historia y rendir homenaje a este director marcado por el olvido.
En ese episodio se escucha a una Concha lúcida y comprometida. Su voz transporta a sus vivencias años atrás, recordando el momento en el que llegaron a la casa de Vergara en el sur de Portugal para entrevistarle. Como andaluces y documentalistas, sentían la responsabilidad de contar su historia y rendir homenaje a este director marcado por el olvido.
Narwani y Natoli, algunos de sus discípulos
En verano de 2022, Concha Barquero y Alejandro Alvarado viajaron a su querida Lisboa para reunirse con socios de un proyecto europeo sobre migraciones que coordinaban desde hace unos años. Entre curvas y olivos, alababan a Rakesh Narwani, un director malagueño que acaba de presentar el corto “El bazar de mis padres”, en el que pone en valor no solo su historia familiar, sino a la diáspora india sindhi en el sur de España.
Como los profesores de la universidad pública, Rakesh realiza una fotografía social, sin perder de vista el deleite estético de planos y música tradicional que le anclaba a sus orígenes. El cineasta los conoció cuando rodaba “15M: Málaga despierta” con Laura Rueda y reconoce que “siempre he tenido una afinidad especial con Concha”. Ambos nacieron el 20 de abril.
Narwani comenzará a grabar la película, que parte de este corto, en marzo de 2027. “Mirar hacia lo autobiográfico, hacia la comunidad ha sido, en parte, gracias a ellos”, afirma emocionado al reconocerse como discípulo de Barquero y Alvarado.. “Igual que muchos cineastas piensan en otros, como Billy Wilder pensaba en Lubitsch, yo muchas veces pienso cómo lo harían Concha y Ale”, concluye.
Rakesh Narwani: “Igual que muchos cineastas piensan en otros, como Billy Wilder pensaba en Lubitsch, yo muchas veces pienso cómo lo harían Concha y Ale”
“Pepe el andaluz” fue uno de los documentales más reconocidos de esta pareja de documentalistas. En él, seguían la pista del abuelo de Alejandro, aunque la huella de Concha, como en todo su cine, se vislumbraba entre grabaciones domésticas y profesionales, ya ligadas a la propia realización del filme.
Como Rakesh en el bazar, Concha y Alejandro nos abrían la casa de la abuela de éste, pero también de sus ilusiones y sus recuerdos más recónditos, con una Málaga irreconocible en la actualidad por la gentrificación y la turistificación.
Precisamente esta es una de las obsesiones de otro de sus discípulos, Daniel Natoli, arquitecto de formación y cineasta de profesión, quien denuncia en sus documentales sobre la Costa del Sol las consecuencias de la mala interpretación del progreso.
Gracias a artefactos culturales similares a los de sus maestros, Natoli explica los fenómenos de lucha y resistencia vecinal en el filme “La posibilidad de un bosque” donde explora el caso del Bosque Urbano de Málaga (B.U.M.). Tanto Concha como Alejandro fueron asesores del guion y del montaje de este filme sobre la plataforma ciudadana para conseguir una zona verde en los terrenos de Repsol, desmenuzando las historias de esta enorme parcela malagueña en el barrio de Huelin.
Sus amigas y vecinas
Ana Jorge Alonso, compañera del departamento y amiga íntima de Concha, hablaba casi a diario con ella. “Era de una gran brillantez intelectual y estaba haciendo su tesis cuando murió, después de años en los que había pensado que no tenía interés en hacerla”, recuerda la profesora de la UMA.
Ana Jorge Alonso: Era de una gran brillantez intelectual y estaba haciendo su tesis cuando murió, después de años en los que había pensado que no tenía interés en hacerla
En la primera edición del seminario permanente que se celebró en honor de Barquero en la Facultad de Ciencias de la Comunicación en febrero, Jorge Alonso se emocionaba al reconocer que “ha sido una constante en los últimos 15 años de mi vida”. Era la primera vez que lo verbalizaba, pero no la primera que se le leía en sus ojos.
Como ese día, Ana habló de las bondades de su amiga en el Teatro Cervantes de Málaga durante la última edición del Festival de Cine de Málaga. En el emotivo acto, Jorge Alonso fue una de las cuatro mujeres que la homenajearon al recibir el Premio Ciudad de Málaga a título póstumo.

Junto a ella, la programadora Vanesa Fernández, la guionista Isa Sánchez y las directoras Amal Ramsis y Virginia García del Pino, quién explicó la importancia de la labor de Barquero en el posicionamiento del cine documental dentro del panorama cinematográfico estatal, siendo programadora de diversos certámenes, entre los que se encontraba el propio Festival de Cine de Málaga.
Amal Ramsis es, de todas, la amiga más reciente. Directora egipcia y, lo que es más importante, amiga y vecina de su querida Cala del Moral. Ella fue una de las pocas participantes en el homenaje laico que se realizó el día después de su fallecimiento en su querido municipio malagueño.
Un mirador para Concha
A Concha le encantaba mirar al mar. Desde su casa, desde su pueblo. Fue precisamente por esa razón que más de 2.000 personas firmamos una petición online para que uno de los miradores de la Cala cambiase de nombre y rindiese homenaje a esta profesora, cineasta y amiga de sus amigas. El pasado 27 de marzo, el pleno del Ayuntamiento aprobó, por unanimidad, el homenaje a la documentalista que, durante 25 años, estuvo vinculada al municipio.
Más de 2.000 personas firmamos una petición online para que uno de los miradores de la Cala del Moral cambiase de nombre y rindiese homenaje a esta profesora, cineasta y amiga de sus amigas.
Así lo reconoció su querido Alejandro Alvarado, de quién se enamoró hace 26 años, tras la insistencia de éste cuando aún eran estudiantes de la Universidad de Málaga. Años después, se convirtieron en una de las parejas cinematográficas y cercanas más amorosas y talentosas que conozco.
Mientras el mundo navega cada vez más en la incertidumbre, una de las pocas certezas es que el compromiso de Concha Barquero fue un ejemplo para todas las personas que tuvimos la suerte de conocerla y compartir con ella vivencias y proyectos, desde Perú a Palestina, desde Portugal hasta la Cala del Moral. Una mirada comprometida con los derechos humanos y los feminismos pero, sobre todo, con la importancia de valorar la ternura por encima de todo.






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