María del Carmen Montoya: “No hay prensa grande ni prensa chica”

María del Carmen Montoya es profesora de la facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, doctora por esta Universidad con una tesis sobre las polémicas en torno a las fiestas de proclamación de Carlos IV, integrante del grupo de investigación Historia Crítica del Periodismo Andaluz (HICPAN) y una de las artífices del libro Historia del periodismo local en la provincia de Sevilla. Contra el olvido de la prensa cercana.

El libro Historia del periodismo local en la provincia de Sevilla. Contra el olvido de la prensa cercana rescata las iniciativas periodísticas de los pueblos sevillanos. En concreto, Montoya se ha encargado de la edición de este volumen que reúne el trabajo de 18 autoras y autores que han escarbado en la historia de las publicaciones de los diferentes pueblos y comarcas que componen la provincia sevillana.

Un libro que se fija en lo pequeño, en lo cotidiano, en aquello que constituye el entorno más inmediato y que responde a las necesidades más perentorias de la ciudadanía. Un libro que no es el final del recorrido, sino el inicio de la ingente tarea de rescatar a las y los invisibles. Un libro que nos invita a descubrir y poner en valor esta riqueza cultural de nuestros pueblos caída en el olvido. Un libro que es una llamada de atención sobre la pluralidad de formatos, de discursos o de enfoques.

Este libro reivindica que hay otras formas de hacer periodismo al margen de la hegemónica. Un libro hecho con mucho amor durante un tiempo especialmente ingrato para la investigación como ha sido la pandemia y que ha sido posible gracias a la colaboración de archiveros, bibliotecas públicas y particulares que han compartido sus colecciones. Un libro, en definitiva, que demuestra, que la prensa puede ir cambiando a lo largo del tiempo, pero que el interés por las noticias siempre permanece.

Mª Carmen, en este trabajo colectivo, además de escribir tres capítulos sobre la información en el siglo XVIII, sobre Utrera y sobre el Aljarafe y la Corona metropolitana, te has encargado de la edición, ¿en qué consiste este trabajo?

La tarea del editor es fundamentalmente adaptar los textos que llegan a las normas editoriales, en este caso de Comares. Hay que hacer tarea literaria, pero también hay que homogeneizar los textos y esto es lo más complicado porque hay autores que por defecto citan al pie, otros citan al final de página, algunos citan bibliografía, otros no citan bibliografía… Es un trabajo que ha sido todo un descubrimiento. Te da una visión muy panorámica del libro.

Para ti, como periodista y como investigadora, ¿cuál es el valor de la prensa local?

«La prensa es las ganas de estar en el mundo, de estar vivo, de progresar, de cambiar el orden de las cosas».

Yo siempre digo que la prensa es vocera de la opinión pública, me da igual que sea la publicada, la de los políticos o la de la gente de abajo, la que rescatamos con la historia de abajo, con la gente sencilla. Para mí no hay prensa grande ni prensa chica. Hay gente queriendo contar; hay gente queriendo decir; hay gente queriendo expresarse. Hay muchos modelos de prensa. ¿Qué es para mí la prensa? La prensa es el pan de cada día. La prensa es las ganas de estar en el mundo, de estar vivo, de progresar, de cambiar el orden de las cosas… Hay mucho en el libro de esto.

Pero, ¿lo local tiene un valor añadido?

Sí, porque es lo que nos importa siempre. Es mi barrio. Es mi gente. Son las cosas que me duelen, que me tocan. Lo nacional está ahí, pasa, acontece, sabemos que ocurre. El New York Times cuenta cosas. Pero esto me duele. Esto me duele especialmente. 

En esas ganas de expresarse de las que hablabas, ¿qué lugar hay para las mujeres que tradicionalmente han quedado relegadas al silencio?

La urgencia por contar lo grande ha invisibilizado los hitos que vamos haciendo las mujeres. La historia de las mujeres en el periodismo no se ha contado. En este libro aparecen en tres capítulos. A Lola Chaves la cito yo porque ha puesto en marcha casi todos los medios de comunicación de muchos ayuntamientos del Aljarafe y tiene una gran empresa que funciona estupendamente desde hace 20 años. Concha Langa cita a mujeres ecijanas. Y a mí me gusta una niña chiquitita utrerana que se expresa en 1935 en un periódico escolar llamado “Bachillerías” de la siguiente forma: “Sistemáticamente estábamos excluidas del estudio, ¿es que las mujeres no tienen inteligencia igual que los hombres?, ¿es que nosotras tenemos la cabeza de adorno?”.

«La urgencia por contar lo grande ha invisibilizado los hitos que vamos haciendo las mujeres».

Si miramos en las tablas, también hay prensa de mujeres. Hay concejalías de pueblos que han hecho prensa especializada en mujeres con temas de feminismo de fondo. Pero es verdad que no hay este perfil de género que no hemos tenido presente por la urgencia y que deberíamos haberlo tenido presente. Lo apuntamos para el próximo libro porque hay que rescatarlas. 

Estos proyectos periodísticos locales son viables económicamente?

Históricamente, siempre, el que financia la prensa es el cacique. Los grupos de poder, los privilegiados, siempre han tenido su vocero público en un medio de comunicación. Eso es así. ¿Quiénes sostienen esto? Empresas, gente que no llega a constituirse en empresas, hay partidos políticos que están detrás… ¿Es un negocio? En algunos momentos llegan a constituirse en negocios.

Un periódico que dura 30 años, estoy hablando del contexto del siglo XIX, siglo XX, es una proeza: ahí hay impresores implicados, hay editores, hay gente que pone su dinero y que se lo juega. ¿Que se hagan ricos con esto? No, no creo. Creo que es gente muy comprometida en causas concretas que se juega el dinero. Luego empezamos a ver que se convierte en un gran negocio después de la Transición, sobre todo en los años 90 y proliferaron muchas empresas.

La historia de las mujeres en el periodismo no se ha contado./ Foto: Jaime Lobo.

En vuestro concepto de prensa entran publicaciones como las revistas de feria o las de Semana Santa. Abordáis la prensa, por tanto, desde un punto de vista amplio.

Sí, no hay prensa insignificante. Todo lo que sale impreso cuenta. Incluso los folletos que son prensa popular. Esta prensa de ferias y fiestas a veces tiene artículos literarios, artículos eruditos, artículos de investigación sesuda, poetas locales que utilizan el espacio para la creación… Es decir, no es un género menor. No es solo el programa de festejos de una feria, sino que hay todo un concepto de creación. Las revistas de Semana Santa, exactamente igual. Aunque su objeto sea un objeto religioso no podemos minusvalorarlas porque hay mucha creación en torno a ello, y hay investigación, y hay aportación informativa, y hay comentario de la actualidad. A priori, prensa es cualquier cosa que sale impresa.

Si un libro es como un hijo, ¿qué satisfacciones y qué disgustos te ha dado?

Cuando terminé de escribir el último capítulo y lo hice por dictado de voz, que es lo peor que yo he hecho, y aprendiendo a escribir con la mano izquierda con la mano rota, para mí fue una proeza. El libro se ha hecho en unas condiciones muy especiales que son: archivos cerrados, algunos por pandemia, y otros porque no nos dejan entrar por un concepto patrimonialista. Yo tenía tres datos sin poder comprobar. Para mí es como un encaje de bolillos, utilizando fuentes secundarias de cosas que sabes que existen sin haber visto colecciones completas.

La prensa es efímera, no se conserva. Rescatar esto es una proeza. Por ese lado, mucho orgullo de poder decir “hemos emprendido un camino”. El libro no es perfecto ni mucho menos, le queda muchísimo recorrido. Pero me parece una proeza haber echado a andar y abrir camino a los y las que vengan detrás para los trabajos que hay que escribir todavía.

Acerca de Antonia Ceballos Cuadrado

Confieso: odio dormir siesta. La vida es tan corta que me la quiero beber a versos y comer a besos. Así que de pequeña me enfundaba la sábana como si fuera una bata de cola y dedicaba mis siestas a cantar la Encrucijá de la gran Marifé de Triana porque, digan lo que digan, la copla empodera. Estudié periodismo para cambiar el mundo, pero la experiencia profesional me enseñó que antes hay que darle la vuelta como un calcetín al oficio, y en eso andamos. Soy coplera, muy de aquí, pero culo inquieto. Nací en un pueblo de Córdoba que se llama Adamuz y mi historia está unida a los sitios que me han acogido: Sevilla, Londres, Padova, Stará Lubovna, Lebrija, París o Madrid; y a las mujeres poderosas que me he ido encontrando en cada uno de ellos. Ahora veo el mundo desde la esquinita de Cádiz enredada en la comunicación corporativa. Casi ná.

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