Notre-Dame du Nil, un viaje al sustrato del genocidio ruandés

La mayoría de edad del Festival de Cine africano de Tarifa-Tánger nos trae la última producción audiovisual del escritor y director Atiq Rahimi, Notre-Dame du Nil. Un film franco-ruandés donde el trabajo brillante de las actrices y la cuidada fotografía la convierten en todo un regalo audiovisual.

La mayoría de edad del Festival de Cine africano de Tarifa-Tánger nos trae la última producción audiovisual del escritor y director Atiq Rahimi, Notre-Dame du Nil. Un film franco-ruandés donde el trabajo brillante de las actrices y la cuidada fotografía la convierten en todo un regalo audiovisual dentro de la sección Afroscope.

Un largometraje estrenado en el 44º Festival de Toronto que a su paso por la Berlinale en su edición de 2020, recibió el Oso de Cristal. Una obra exultante donde la adolescencia, los ecos de la colonización, la religión y la identidad juegan papeles determinantes entre las adolescentes que protagonizan el film.

Estamos en 1973. Entre la majestuosa frescura de las montañas ruandesas se sitúa el internado católico belga que acoge y educa a las hijas de la elite política y económica de Ruanda. Un grupo de chicas adolescentes estudian en “Nuestra señora del Nilo” con vistas a diplomarse, mientras el filtro religioso y colonizante cataliza cualquier movimiento. Las semillas del odio inoculado a través de teorías etnicistas, fruto de la colonización belga, va tomando cuerpo entre las relaciones de las propias alumnas, mayoritariamente hutus, en un instituto que guarda un porcentaje de matriculaciones para adolescentes tutsis.

En Nuestra señora del Nilo se habla en francés y no en kinyarwanda o se estudia la historia de Europa y no la de Ruanda. Algo que cuestiona a viva voz frente a las religiosas la estudiante tutsi Verónica (Amanda Santa Mugabekazi) y que replica altiva Gloriosa (Albina Sydney Kirenga), hija de un ministro hutu. Gloriosa será la artífice de encender la mecha que prenderá intramuros toda una serie de acontecimientos y acciones que replican lo que fuera se está fraguando. Este es un cosmos escarpado como las mismas montañas ruandesas, donde se replica el rastro de la colonización, la exotización, la violencia y el odio entre los dos grandes grupos del país.

Las relaciones y buena parte del conflicto étnico que late en las relaciones del pueblo ruandés se ha construido a través de teorías etnicistas creadas por el explorador británico John Hanning Speke. Éstas afirman que el pueblo tutsis hunde sus raíces en una tribu con origen etiope descendiente del Rey David. Teorías que hablan también de la diferenciación de rasgos físicos entre uno y otro grupo, cuando la realidad es que cientos de años de mezcla hacen difícilmente demostrable este hecho.

La locura de la exotización de los tutsis y sus orígenes reales lo encarnan “el Blanco” Fontenaille (Pascal Greggory), un belga afincado cerca del instituto que vive obsesionado con el linaje real de los tutsis. Fontenaille toma como musa y ejemplo vivo de estos orígenes legendarios a una de las alumnas, Verónica (Clariella Bizimana). Y será Gloriosa, con ayuda de la sumisa Modesta (Belinda Rubango Simbi), la que desencadene toda una serie de acciones que tienen como motor el odio a las compañeras tutsis con la que comparte estudios.

El director franco-afgano Atiq Rahimi ha elegido dejar constancia a través de un relato de iniciación adolescente, como poco a poco se fue originando el caldo de cultivo que desembocaría en el genocidio ruandés de 1994. La obra se desarrolla a través de cuatro capítulos, donde la frondosidad y la belleza del enclave del internado están presentes sin protagonismo excesivo.

Scholastique Mukasonga, la escritora ruanesa que sobrevivió al exterminio

Con una fotografía exquisita que acompaña de lirismo y poesía visual algunas secuencias, Rahimi adapta la obra homónima de Scholastique Mukasonga, escritora ruandesa que recibió el Premio Renaudot y el premio Ahamadou Kourouma de Suecia en 2012 por este libro.

Mukasonga perdió a 37 familiares durante el genocidio tutsi del 94, entre los cuales se encontraba su madre. A pesar de llevar fuera de su país natal desde 1973 y residir en la actualidad en Francia, Ruanda es una constante en su producción literaria. Además  es la primera mujer africana que gana el Premio Simone de Beauvoir a la Libertad de la Mujer, algo que sucedió un día después de que el Festival de Cine Africano proyectara en el Teatro Alameda la adaptación que Rahimi ha llevado a la gran pantalla.

Cartel de «Notre-Dame du Nil» en el FACT 2021

Acerca de Rocío Santos Gil

Arrabalera y de clase trabajadora. Rocanrol actitud.

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