Orgullosas y críticas: feminismo LGBTI+ almeriense

Irene Viedma Requena y María Rodríguez Rodulfo./ Cafés Feministas Almería.

La mera existencia del término LGBT-friendly en campañas publicitarias nos da una idea de la comercialización y deformación absoluta de la lucha del colectivo, para hacerla aceptable por la supuesta mayoría heteronormativa. Es como un decir condescendiente, te aceptamos si respondes a estos criterios, a estos estereotipos. ¿Esto es ser parte del colectivo? Bueno pues sí, literalmente, una parte muy pequeña: hombre gay blanco y de clase alta. Un sesgo, por el que ya se levantaron en riot contra la autoridad policial y opresiva en 1969 las grandes olvidadas, la enorme parte del colectivo LGTBI+ que había quedado fuera del ser aceptable.

Lucha obrera trans, marica y bollera

Es por eso que hoy día, en un sistema que trata de monetizar y asimilar las luchas para así mantenerlas a raya y que nada cambie, es más necesario que nunca plantearse la verdadera necesidad de una lucha interseccional y unida, en la que el feminismo desde luego no suelte la mano al orgullo.

Esta interseccionalidad del feminismo con la lucha LGBTI+ es clave para entender cómo convergen nuestras demandas y cómo se unen para combatir las opresiones. Kimberlé Williams Crenshaw lo dejó muy claro en 1989 al poner en el punto de mira una revisión crítica sobre las teorías que dejaban fuera las disidencias: ampliar la mirada a través de la interseccionalidad para entender la realidad al completo.

La necesidad de esta interseccionalidad puesta en práctica mediante un orgullo crítico ha sido una realidad que han planteado todas las mujeres a las que hemos entrevistado, feministas almerienses y pertenecientes al colectivo. Nos han contado cómo se vive en nuestra querida Almería, que últimamente sabe mucho sobre eso de LGBT-friendly como eslogan.

«Todo lo que hacemos, lo que vivimos, lo que pensamos, lo que queremos, lo que soñamos y lo que queremos cambiar, todo es política. La política es una respuesta a lo que la ciudadanía quiere, deberíamos empezar nosotras por tener esa respuesta política ante las cosas de la sociedad que queremos cambiar».

Lena.

“Por colgar una bandera en una plaza, llamarla plaza LGBT y encima colgar la bandera del revés, no estamos en una ciudad amable con nosotras” nos cuenta Blanca. Ella, junto con Elena y Clara, son jóvenes activistas almerienses y comprometidas, tanto con la lucha feminista como con la lucha del colectivo LGBTI+.

Luz es la presidenta de Almería con Orgullo y coincide en que el ser LGBT-friendly por omisión no es una inclusión real en la ciudad. “No sufres discriminación, pero tampoco tienes esa aceptación como si fueras una mujer heteronormativa” afirma. Cuando hablamos de derechos, no valen medias tintas ni jarros tibios, como se plantea Mire Ferre, compañera activista feminista y LGBTI+ natural de El Ejido: “¿qué hago con tu aceptación? ¿a dónde voy? ¿con quién me relaciono?”.

Cada 28 de junio, prácticamente en la mayoría de ayuntamientos de la provincia, se hace alusión al día del Orgullo LGBT, pero muy a nuestro pesar tristemente, más de un día al año suceden las agresiones y discriminaciones contra el colectivo. “Yo pienso muchísimo en las épocas de feria en las que ibas a una caseta LGBT y siempre había una paliza. Al final no quería ir porque se supone que era un espacio seguro, pero si ni siquiera ahí estás protegida. ¿Cómo va a ser una ciudad segura?” recuerda Elena. “Ya ser mujer es difícil y más de donde yo soy, un barrio de El Ejido. Pasas miedo, y ni siquiera hace falta que sea de noche para sentirlo. Cumpliendo físicamente con el estereotipo que se entiende homosexual, pues se suma miedo al miedo”, complementa Mire.

«Si ni siquiera ahí estás protegida. ¿Cómo va a ser una ciudad segura?»./
Foto: Café Feminista Almeria.

Blanca, Elena, Clara y Lena se acordaban de las ferias de verano, ya que era el único momento en el que se visibilizaba el ocio del colectivo.  Era inevitable hablar de la celebración lúdica del orgullo. “El ocio que se asocia al colectivo da la sensación de que no está integrado en la sociedad almeriense como algo normal. Los bares siempre han estado deslocalizados, fuera del centro, marginalizados”, afirma Lena. Ella es cantautora almeriense, aunque ha pasado varios años fuera de la ciudad. “Cuando me marché de Almería con mis diecisiete años uno de los motivos a nivel personal era poder sentirme un poco más libre, cosa que no sentía en esta ciudad”, responde.

En un sistema que trata de monetizar y asimilar las luchas para así mantenerlas a raya y que nada cambie, es más necesario que nunca plantearse la verdadera necesidad de una lucha interseccional y unida, en la que el feminismo desde luego no suelte la mano al orgullo.

Luz nos cuenta que añora otro tipo de ocio: “Necesitamos un poquito de ocio alternativo, que no sea salgo me emborracho y fin. Cuando eres una persona cisheterosexual no hay ningún problema en echar tu ratito de casquina o tomarte un cafelito en cualquier bar. En nuestro caso, por lo menos en el mío, no es tan fácil. Queremos algo tan simple como ir al cine de forma segura”. 

“En ese tipo de ocio no se cuestiona ni se resuelve nada. Que hagas miércoles de cerveza a un euro porque es el mes del orgullo está muy bien, pero sin caer en los estereotipos que solo visibilizan la celebración de la sexualidad del hombre gay”, contesta Clara. “Se olvida de que detrás de ese 28 de junio hubo unas protestas, unos disturbios, que había una ley que nos criminalizaba y nos metía en la cárcel tanto aquí, en España, como en EEUU, y se olvida mucho del tema político”, recalca Luz.

En una sociedad que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política

Rescatamos la frase de Carlos Jaúregui para reflexionar sobre la idea del orgullo como una lucha política. “Todo lo que hacemos, lo que vivimos, lo que pensamos, lo que queremos, lo que soñamos y lo que queremos cambiar, todo es política. La política es una respuesta a lo que la ciudadanía quiere, deberíamos empezar nosotras por tener esa respuesta política ante las cosas de la sociedad que queremos cambiar”, cuenta Lena. “Nos tenemos que hacer escuchar todos los días del año, sin vergüenza y en todos los ámbitos: lo personal es político” afirma Blanca. “Es tiempo de revelarse, que se sepa quiénes somos, que nos respeten y a partir de ahí luchar por ocupar el espacio que se nos ha sido negado históricamente” complementa Clara.

Con el orgullo crítico sucede como con los feminismos interseccionales: se oponen a una visión comercial y asimilable por la masa de una lucha colectiva. La estética del feminismo girl boss de consignas en camisetas de Zara y ausencia de gritos en manifestaciones se equipara al orgullo de El Corte Inglés. Nos enfrentamos al enemigo constante: la suma del heteropatriarcado y el capital. “Todas las diversas tenemos que caber en la lucha, eso es la base del feminismo”, explica Elena. “Creo que algo que trajo muy bueno mediados del siglo XX fue que de repente se hablase en plural del feminismo, ya que no era solamente un feminismo hegemónico blanco heteronormativo” añade Clara.

Aunque todavía hay mucho trabajo por hacer, especialmente fuera de la capital almeriense, existen signos de resistencia, como el orgullo celebrado en Albanchez, un pueblo del Valle Almanzora de menos de 800 habitantes, en 2019. “Me encantó el inicio de la marcha. Es una imagen que no se me va a olvidar nunca. Nos trataron genial allí, estamos deseando volver con talleres. Tenemos pensado llevar a varios pueblos un proyecto de orgullo rural”, nos cuenta con ilusión Luz.

«Tenemos pensado llevar a varios pueblos un proyecto de orgullo rural». /Foto: CFAL.

El camino hacia una sociedad justa han comenzado a andarlo las personas que convergen en las realidades de varios colectivos y no retrocederán ni su voz se acallará con los discursos de odio que han ido calando en nuestro territorio. Está en nuestra mano hacer de Almería una ciudad orgullosamente crítica e igualitaria.

«Nos enfrentamos al enemigo constante: la suma del heteropatriarcado y el capital»./
Foto: CFAL.

Acerca de La Poderío

Una revista parida en el sur, con los aires frescos, reivindicativos, inclusivos, diversos, plurales y feministas de Andalucía, pero sobre todo, con las ganas de visibilizar las historias de personas reales olvidadas en los medios de comunicación y de desgranar el sistema heteropatriarcal que las victimiza y/o criminaliza en la mayoría de los casos.

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