Hablemos de feminismo andaluz

Nace este espacio mensual con la intención de pensar, reflexionar, debatir y lanzar desde La Poderío órdagos a todo el terremoto que, en carne propia, estamos viviendo muchas de las feministas que nos situamos territorialmente en el sur estatal junto a otras andaluzas migradas. Esto no quiere decir que necesariamente seamos solo nosotras* las que desde aquí piensen y generen propuestas en torno a lo que todas llevamos un tiempo rumiando la idea de levantar un feminismo propio con elementos y características genuinas. Y cuando digo nosotras*  me refiero a transgredir el marco de la revista, que como medio de comunicación feminista tiene como propósito ser lanzadera de muchas voces que permitan mapear y conocer lo que se está generando entorno a este reclamo de gran parte de nosotras con un marcada posición anticapitalista y antifascista. Es un nosotras mucho más amplio y colectivo que interpela a todas las que quieran verse implicadas, sin olvidar nunca la agenda feminista pero con la necesidad de situar la mirada en el lugar desde donde se enuncia.

Nuestra militancia implica cuestionarnos cuál ha sido hasta ahora el sitio dentro de un feminismo hegemónico, blanco, occidental y  privilegiado que ha construido el relato de la historia de las mujeres desde una única perspectiva geopolítica, cultural, social y económica. Un feminismo que no ha sabido responder ni darnos todas las herramientas que necesitamos para analizar la materialidad y las contradicciones que nos rodea como mujeres andaluzas (entiéndase como mujeres a todas las que nos sentimos mujeres sin importar el sexo).

En los últimos años, los feminismos han sabido presentarse como la alternativa real a un orden misógino y patriarcal que sostiene un sistema económico depredador, el capitalista, donde las mujeres ocupamos parte de los escalones más bajos. Si somos pobres, peor, y cuanto más al sur, más abajo en el figurado ascensor social. Por eso, no partimos de cero cuando hablamos de feminismos en plural. Queremos encontrar la forma de vernos reconocidas en otras experiencias similares que hayan tenido lugar en otras partes del mundo de forma que consigamos enriquecernos con un feminismo propio. No como una una respuesta confrontada al feminismo hegemónico e institucional, sino como una alternativa que requiera del trabajo reflexionado de todas donde se contemple otra categoría, la de la territorialidad. Cómo nos atraviesa el territorio que habitamos es un eje de opresión más y solo teniéndolo en cuenta vamos a poder generar nuevos mecanismos que permitan entender la realidad de las mujeres andaluzas.

La corrala es nuestro patio de vecinas para tener sentir el feminismo andaluz./
Foto: Rocío Santos Gil.

¿Qué es eso de la territorialidad?

El territorio andaluz se ha desarrollado como una región de la periferia europea, al margen del desarrollismo y el mito de la modernidad. Esto ha sido el caldo de cultivo para que se generen alrededor del pueblo andaluz una mirada estigmatizadora que relaciona este lugar al atraso y la falta de desarrollo, que minusvalora sus formas y maneras de relacionarse por no tener cabida dentro del modelo europeo – blanco – occidental.  Más allá de las cuestiones culturales que van ligadas a la venta de una imagen de sol y playa, somos frontera Sur y paso estratégico a Oriente Medio y operamos como colonia económica en relación a Europa y dentro del propio Estado Español. La agricultura intensiva, el latifundio o el turismo masivo presentado como salvaguarda de nuestro desarrollo perpetúa el sector primario basado en un modelo extractivista, sin otras posibilidades económicas. Las lógicas mercantiles han conseguido que las relaciones norte–sur operen de forma colonial con el territorio andaluz y que esta relación se extrapole a todo el pueblo que lo habita. 

Según el Informe Sobre el Estado de la Pobreza en Andalucía 2018, de la Red Andaluza de Lucha Contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN Andalucía), 2,6 millones de andaluzas y andaluces están en riesgo de pobreza y 770.000 están en situación de pobreza severa. Todas sabemos que esto nos afecta doblemente por ser mujeres. La feminización de la pobreza forma parte del conjunto de expresiones que usamos para referirnos a mujeres que habitan latitudes más empobrecidas. Tenemos un problema estructural que no afecta con la misma intensidad a los grandes centros ni a las urbes enriquecidas. Queremos seguir preguntándonos por qué, por qué si los recortes en sanidad nos afectan a todas, más aún a las andaluzas pobres, sin perder nunca de vista que formamos parte del Norte Global y que existen migrantas. El paro estructural, que afectó a un 28,7% de las mujeres activas y a un 22,9% de los hombres en 2017 (datos reflejados en el mismo informe), junto a la política de recortes en sanidad, educación y en la ley de dependencia, afecta especialmente a las mujeres andaluzas. Según datos de la Consejería de bienestar de la Junta de Andalucía, el 87% de los trabajos de cuidados no profesionales fueron realizados en 2017 por mujeres.

Las ancestras, nuestras referentes

No existe aún un feminismo andaluz sostenido por un marco o cuerpo teórico que permita anexarlo al resto de teorías. La transmisión de saberes y la forma de construir conocimiento en Andalucía se comienza a hacer en común y fuera de la Academia de forma contrahegemónica. Pero sí podemos hablar de la emergencia de un Feminismo Andaluz, porque existe una parte de la geografía estatal colonizada y re-colonizada, un empobrecimiento de sus gentes y, concretamente, de las mujeres que lo habitan, una precariedad generalizada y una cultura desvalorizada al tiempo que exotizada y mitificada por relatos propios y extranjeros. Sí existe un trabajo que se está llevando a cabo desde distintos ámbitos y espacios a partir de los cuales se reclama (reclamamos) la necesidad de transversalizar y vincular a los ejes de opresión que nos interseccionan como mujeres al eje andaluz.

Reencontrarnos con nuestro pasado reciente y lejano, con nuestras tradiciones, con nuestra historia, usos y costumbres, con la historia oral, con las relaciones de clase, conllevará entender a quién pertenece el campo, en manos de quién estamos, por qué no debemos renunciar a la soberanía alimentaria o qué dispositivo racista opera para olvidar que el pueblo andaluz es un pueblo mestizo, payo y gitano.

Tenemos en común desde hace un tiempo la necesidad de querer airear y poner en marcha lo que no se había nombrado hasta hace relativamente poco, pero que siempre ha estado latente, a la vez que nos ha suscitado malestar y generado dudas. Reencontrarnos con nuestro pasado reciente y lejano, con nuestras tradiciones, con nuestra historia, usos y costumbres, con la historia oral, con las relaciones de clase, conllevará entender a quién pertenece el campo, en manos de quién estamos, por qué no debemos renunciar a la soberanía alimentaria o qué dispositivo racista opera para olvidar que el pueblo andaluz es un pueblo mestizo, payo y gitano, donde hemos ido construyendo formas comunitarias de vida que no se acogen al canon moderno. Sin embargo, esas pluralidades también han sido invisibilizadas y ocultadas a la identidad Andaluza.

Añadir un eje más que sirva para entender y dar respuesta a conflictos y problemáticas coyunturales propias forma parte de la construcción del feminismo andaluz. Debemos abordarlo irremediablemente de forma colectiva para entender la multidimensionalidad de las experiencias que se han invisibilizado y ocultado a lo largo de nuestra historia, desde la más antigua hasta la más reciente, para ir más allá del único eje que parece vertebrarnos a todas y que puede no dar respuesta a toda nuestra realidad material. La visión foránea que se ha construido sobre las mujeres andaluzas, forma también parte del trabajo que debe abordar ese feminismo andaluz del que hablamos. Derribar mitos y estereotipos, deconstruir la romantización y el exotismo con el que nos han tratado y construido desde otros sitios para reivindicar una realidad más compleja y desfolclorizada, serán herramientas que iremos construyendo para reivindicarnos como sujetos políticos propios. 

Forma parte del feminismo andaluz pensarnos entre todas para mantener un diálogo en condiciones de igualdad, que tenga lo que tienen los cantes de ida y vuelta: la capacidad de recoger lo mejor de cada sitio para hacerlo propio mientras que articula nuestras preocupaciones y que puedan elevarse también a la categoría de universal.  

Reivindicarnos en que lo personal sea político pasa por no permitir que se banalice nuestra experiencia cuando la ponemos sobre la mesa; pasa por no comprar un discurso en el que os hablen de identidades, elementos esencialistas o  postmodernidad cuando apostamos por recuperar las historias cargadas de conciencia de clase y materialidad, las historias de nuestras madres, abuelas y otras ancestras. Pensarlas y recuperar las piezas de este poliedro propio viene acompañado de la difusión de las teorías decoloniales y postcoloniales, ligadas a las propuestas feministas, que han puesto en tela de juicio la historia hegemónica patriarcal, blanca y judeo-cristiana gracias también a las aportaciones de los feminismos negros, el feminismo comunitario o el ecofeminismo.

Queremos seguir caminando con ellas y poder  aportar otras propuestas y dinámicas al sistema económico que puedan formar parte de todo el conjunto de estrategias y resistencias emancipatorias. Forma parte del feminismo andaluz pensarnos entre todas para mantener un diálogo en condiciones de igualdad, que tenga lo que tienen los cantes de ida y vuelta: la capacidad de recoger lo mejor de cada sitio para hacerlo propio mientras que articula nuestras preocupaciones y que puedan elevarse también a la categoría de universal.  

* Este nosotras es un nosotras de mujeres nacidas aquí, andaluzas de acogimiento o adopción, migrantas temporales o instaladas ya en Andalucía o andaluzas emigradas a otras latitudes. Este texto, además, bebe de otro creado junto a mi compañera Auxi J. León, Junteras sobre feminismo andaluz.

http://lapoderio.com/todas-las-primas-sumais/
Rocío Santos Gil

Acerca de Rocío Santos Gil

Arrabalera y de clase trabajadora. Rocanrol actitud.

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