Las 1001 formas de antigitanismo

Este texto está en la sección La Corrala, el patio de vecinas de La Poderío donde cada una charlotea, cascarrilla y pone colorá lo que sea mientras le da el fresquito o el sol en la cara. Más agustito que te quedas, oú. Eso sí, La Poderío no se hace responsable de lo que opinan las autoras y autores, solo apoya la participación de las lectoras como espacio de libre expresión. Puedes enviar tus artículos a ole@lapoderio.com. Otra cosa, antes de hacernos las propuestas pedimos que leas nuestro ideario.

Pepa Cartini

La gota que colma el vaso es lo que los griegos llamarían un “momento káirico”. Un instante en el que las cosas ya no son como eran, pero aún tampoco como serán.

A veces, este momento es tan solo un instante. Otras, se estira a modo de semanas, meses y años.

Las minorías estamos en pleno momento káirico: seguimos viviendo injusticias, pero se nos empieza a escuchar, se nos lee, se nos mira.

Y resulta que tenemos más fuerza de la que parecía.

Pero sobre todo, resulta que ya no nos callamos.

Sé que aún no es lo que será. Pero tampoco es lo que era.

El 29 de abril de 2019, ABC Sevilla lanzaba el siguiente tuit:

“Llegan al Congreso pesos pesados como María Jesús Montero, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis o Teresa Jiménez Becerril y una mujer de etnia gitana”.

“…y una mujer de etnia gitana”.

Pantallazo de la publicación en Twitter de ABC Sevilla,
que posteriormente eliminó tras las críticas.

¿Hay algo más deshumanizador que negarle el nombre a una persona?

El nombre nos diferencia de la masa. El nombre nos da identidad, una historia y un futuro.

Ese titular dice que todos los “pesos pesados” tienen nombre y apellidos, es decir, tienen una identidad, una historia y un futuro.

Todos menos uno: “una mujer de etnia gitana”, que puede ser cualquiera.

No es necesario que tenga un nombre, ni identidad, ni historia, ni un futuro.

No sabemos quién es ni cómo ha llegado hasta ahí. No podemos googlearla.

Para ABC Sevilla su nombre es irrelevante.

Lo que importa es que es una mujer de etnia gitana. Eso es lo que la hace estar allí.

Bastante que haya llegado al Congreso como para encima nombrarla.

Pasan los minutos (ABC ya ha borrado el tuit) y mi rabia como mestiza deja paso a mi enfado como comunicadora.

Tras darme cuenta de que hay una parte de mí, de mi historia y de mi identidad que vuelve a ser ninguneada, pienso en el poder de la palabra para crear imágenes mentales y perpetuar clichés.

“Llegan al Congreso pesos pesados como María Jesús Montero, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis o Teresa Jiménez Becerril y una mujer de etnia gitana”.

Querida persona que me lees en este momento, te invito a arrojar luz sobre lo que ese titular comunica de forma subliminal:

Lee el titular y piensa en cómo te has imaginado ese Congreso con “María Jesús Montero, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis o Teresa Jiménez Becerril y una mujer de etnia gitana”.

¿Cómo son esas personas?, ¿cómo van vestidas?, ¿por qué están ahí?

Te contaba que ABC Sevilla ha eliminado el tweet. Por supuesto, no ha pedido disculpas. Tampoco ha nombrado a Beatriz Micaela Carrillo de los Reyes, “la mujer de etnia gitana”.

Pero hay algo que ha cambiado en su web.

Ahora los “pesos pesados” ya no son tres personas con nombre y apellidos y “una mujer de etnia gitana”.

Ahora son tres personas con nombre y apellido. La “mujer de etnia gitana” ha desaparecido.

Mi rabia no.

Mi rabia se ha fundido con ese momento káirico del que te hablaba al principio, como si los hierros de la fragua de mi bisabuelo se tratara.

Y ha tomado forma de letras, de palabras.

Sé que aún no es lo que será. Pero tampoco es lo que era.

La Poderío

Acerca de La Poderío

Una revista parida en el sur, con los aires frescos, reivindicativos, inclusivos, diversos, plurales y feministas de Andalucía, pero sobre todo, con las ganas de visibilizar las historias de personas reales olvidadas en los medios de comunicación y de desgranar el sistema heteropatriarcal que las victimiza y/o criminaliza en la mayoría de los casos.

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