Las Maculadas desenmascaran a Murillo

El colectivo Women Art Space presenta este proyecto artístico que se concretará en una exposición conjunta del 10 al 31 de enero en la sala Antiquarium de Sevilla

FOTOS: JARA CEBALLOS CUADRADO

En casi todas las casas andaluzas hay una reproducción de La chiquita piconera, de Julio Romero de Torres. Esa mujer perfecta, sensual, en tacones y con el hombro al aire, que mira desafiante al espectador mientras remueve el cisco de picón, poco o nada tiene que ver con las piconeras de verdad. Es imposible estar tan impoluta si una de verdad trajina con el picón. Para hacernos una idea de cómo estaría esa pobre mujer de sucia basta con acercarnos a la céntrica calle Parras de Sevilla y visitar la única carbonería que queda en la ciudad, un lugar lleno del misticismo de lo destinado a desaparecer y que, sin embargo, llevamos impreso en el ADN aunque ni siquiera seamos conscientes de ello. ¿Qué mejor lugar para reflexionar sobre las manchas -reales y ficticias- con las que cargamos las mujeres que ese?

Allí, rodeadas de mucho calor humano, de más tizne aún, de libros gratuitos para el que quiera dejarse llevar por ese particular cante de sirenas, y de objetos de antaño, el colectivo Women Art Space (WAS) presentó el pasado domingo, 9 de diciembre, el proyecto “Maculadas sin remedio”, una réplica feminista al año Murillo y a esa imagen de la Inmaculada clavada en nuestra conciencia y en nuestras retinas como modelo inalcanzable de lo que las mujeres debemos ser.

Inma La Inmunda, artista plástica y profesora de Bellas Artes, es una de las precursoras de esta reivindicación artística que se plasmará en una exposición colectiva que podrá visitarse del 10 al 31 de enero en la sala Antiquarium de Sevilla y en la que participarán las siguientes artistas: Noelia Arrincón, Ana Campos, Charo Corrales, María Díaz Osta, Lou Farratell, Marta Gómez Rangel, Eva Guil, Concha Jiménez, Anna Jonsson, Vereda López, Marina Molano, Aline Part, Carmen Portavella, Inma La Inmunda, Ángeles de la Torre y Tonia Trujillo. Con ella, con Inma La Inmunda, hemos hablado sobre el origen y el significado de este proyecto:  “a finales de 2016 o principios del 17, nos dicen en la Facultad de Bellas Artes que se va a hacer una exposición de homenaje a Murillo y entonces yo empiezo a preparar y digo: ‘¿Murillo? Homenaje yo creo que no se le debería hacer ninguno a este señor que ha pintado una serie de imágenes como las Inmaculadas que han servido para crear una imagen de pureza en la mujer y yo pura no soy’”. Y es que esa “propaganda contra las mujeres” que hacía Murillo, tal y como la define,, tiene efectos aún en día en nuestras vidas y en nuestros cuerpos: “Sevilla no ha cambiado en ese acercamiento a la mujer y se continúan las mismas estrategias de violencia grupal y, por eso, se dan casos como el de La Manada. Si no hubiera un caldo de cultivo que viene de aquel barroco, de esas exposiciones públicas de mujeres castigadas, no se darían estos casos”.

«En el año Murillo no señalar a Murillo como agente de la propaganda contra las mujeres, sin entrar realmente en la estructura de violencia que supone eso, me parece de una superficialidad muy fuerte»

“En el año Murillo no señalar a Murillo como agente de la propaganda contra las mujeres, sin entrar realmente en la estructura de violencia que supone eso, me parece de una superficialidad muy fuerte”, asegura Inma que junto con las artistas Charo Corrales, Lourdes Farratell y Ángeles de la Torre escenificaron su manifiesto con una performance en la que ataviadas de (In)maculadas clamaban “y Murillo, ¿hasta cuándo?”: hasta cuándo la persecución de los coños insumisos, hasta cuándo las manadas y las asociaciones grupales contra las mujeres, hasta cuándo el exterminio de mujeres creadoras, diversas, y resilientes; se preguntaban. Marina Molano también nos hizo repensarnos el pasado domingo en la calle Parras de Sevilla con un relato que nos une a todas las mujeres desde un yo que era una nosotras: un nosotras que no queremos ser objeto, un nosotras que no puede decidir sobre su maternidad, un nosotras condenado a ocultar y sentirse sucio por la regla.

2018 ha sido el Año Murillo y Sevilla se ha llenado de sus icónicas imágenes. La Plaza del Duque, centro neurálgico de la ciudad, ha transformado su aspecto para albergar a un Inmaculada gigante, por ejemplo. Imposible que la obra de Murillo no te atraviese. ¿El motivo? Se conmemoran 400 años del nacimiento de este artista que transformó a la Virgen en un niña hermosa digna de contemplación. “Tan bonita como los objetos que son dignos de ser representados, bonitos y ya está; pero es que las mujeres actuamos y tenemos una diversidad tal que eso no aparece en el mundo de las artes plásticas. Nosotras somos creadoras plásticas, ¿cuándo aparecemos nosotras en la historia del arte? Si es que la primera exposición que ha hecho el Museo del Prado ha sido la de Clara Peteers en 2016, ¿cuándo hemos aparecido?”, critica Inma La Inmunda. Ni nos han dejado contarnos a nosotras mismas ni nos han contado como “polimórficas o polisémicas, como ellos; tan diversas como ellos”. “ Por eso, hay que hablar de Murillo como un agente de la propaganda. Estaba creando imágenes para la propaganda contra las mujeres. Además de que el juego es maquiavélico y perverso, porque lo hace poniendo muy bien a las mujeres, poniéndola tan bonita y tan perfecta que cuando se queje una mujer de eso, va a decir ‘pero si te estoy poniendo guapa’. Es perverso”. ¿Y dónde vamos las que no tenemos cuerpo de niñas, ni carita angelical, ni deseo siquiera de ser puras? Dónde están, citando Virginie Despentes en su Teoría King Kong, “a las que no les gustan las perfumerías, las que llevan los labios demasiado rojos, (…), las que quieren vestirse como hombres y llevar barba por la calle, las que quieren enseñarlo todo, las que son púdicas porque están acomplejadas, (…), a las que se encierra para poder domesticarlas, las que dan miedo, las que dan pena, las que no dan ganas”. No están. Simplemente no están.

“Pero para las maculadas es imposible olvidar. En la época de Murillo se fraguó una historia del arte donde no cabían las mujeres creadoras, una historia de la medicina donde los conocimientos tradicionales de las matronas, comadres y otras cuidadoras fueron denigrados, unos gremios donde ya no podían entrar mujeres a no ser que fueran las viudas de sus antiguos miembros”, recitaban estas Maculadas entre las paredes ennegrecidas de la carbonería de la calle Parras. Y cuestionaban el binomio arte-poder con una divertida subasta de la historia del arte maculado en la que sus propios cuerpos eran los cuadros, unos cuadros cuyos nombres reflejan a la perfección las distintas violencias que nos atraviesan por nacer con una vulva: “Hoy me han cogido el culo”; “La guarra del frontispicio”, “La maculada de la metamorfosis de abajo” o  “Atrevete a pintar lo que quieras que te corto la mano”.

“Primero hay que meterle caña al poder de la conservación y la restauración. Ese binomio arte-poder tiene que ver con cuánto tiempo sobrevive una obra del arte.»

Cuando entrevistamos a Inma La Inmunda se preguntaba a sí misma por “qué historia del arte nos han contado” si nos han relegado, nos han ocultado, nos han negado y nos han objetualizado. Como réplica le preguntábamos qué historia del arte podemos contar ahora y su respuesta era clara: “Primero hay que meterle caña al poder de la conservación y la restauración. Ese binomio arte-poder tiene que ver con cuánto tiempo sobrevive una obra del arte. En el Museo del Prado hay un montón de obras femeninas pero no están expuestas, pues ahora hay que hacer una discriminación positiva. Es más, esto a mí me ha afectado a mi vida, por supuesto, hasta en mi manera de conocer la realidad, a mí se me quedan mejor los nombres de pintores que de pintoras en la cabeza, ¿tú te crees que eso es justo?, estamos modelizadas completamente por esa injusticia”. Y añadía: “hay otro elemento añadido más que refuerza ese binomio arte-poder que es que las mujeres que aparecen por lo menos han sido hijas, esposas, familiares de otros pintores o forman parte de aristocracia, punto, las maculadas no existimos, estamos al otro lado del otro lado. Yo entiendo que una parte importante del feminismo es recuperar la historia de aquellas mujeres que han pintado, pero solo se ha conservado a aquellas que estaban cerca de un poder que podía conservarlas”. Aunque vamos dando pequeños pasos de hormiguita, como la reciente creación de la base de datos sobre mujeres artistas del XV al XIX llamada A space of their own o la recuperación de sus almacenes por parte del Prado de la única obra que posee de Artemisia Gentileschi, aún queda mucho por revisar en quién y cómo decide conservar qué obras y cuáles no.

Para que dejemos de vivir e interiorizar como normal la distopía barroca. Para, simplemente, existir.

Aún queda mucho por hacer para que las otras, las Maculadas, entremos por la puerta grande de la historia del arte para que nunca más nos invisibilicen ni nos ridiculicen. Para que no nos veamos en la misma situación que Inma La Inmunda en sus clases de Bellas Artes: “yo me veo en una paradoja bestial, estoy dando pintura en unas clases en las que el 67% de personas matriculadas son mujeres y ahora yo les estoy poniendo nada más que ejemplos de hombres, de una historia contada por hombres y unos objetos hechos por hombres”. Para que dejemos de vivir e interiorizar como normal la distopía barroca. Para, simplemente, existir. Por eso, proyectos como “Maculadas sin remedio” son esenciales para revisar todo eso que nos contaron y que, ilusas de nosotras, nos creímos.

 

Antonia Ceballos Cuadrado

Acerca de Antonia Ceballos Cuadrado

Confieso: odio dormir siesta. La vida es tan corta que me la quiero beber a versos y comer a besos. Así que de pequeña me enfundaba la sábana como si fuera una bata de cola y dedicaba mis siestas a cantar la Encrucijá de la gran Marifé de Triana porque, digan lo que digan, la copla empodera. Estudié periodismo para cambiar el mundo, pero la experiencia profesional me enseñó que antes hay que darle la vuelta como un calcetín al oficio, y en eso andamos. Soy coplera, muy de aquí, pero culo inquieto. Nací en un pueblo de Córdoba que se llama Adamuz y mi historia está unida a los sitios que me han acogido: Sevilla, Londres, Padova, Stará Lubovna, Lebrija, París o Madrid; y a las mujeres poderosas que me he ido encontrando en cada uno de ellos. Ahora veo el mundo desde la esquinita de Cádiz enredada en la comunicación corporativa. Casi ná.

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