¡Que no somos hadas ni salvadoras, que somos trabajadoras!

SOS Dependencia

ASOCIACIÓN S.O.S DEPENDENCIA … SOCORRO.

La pandemia que venimos padeciendo desde hace un año ha sacado a la luz la importancia de los cuidados en nuestras sociedades y la invisibilidad y maltrato laboral y profesional que sufren desde hace décadas las personas que desarrollan esta actividad vital, mujeres en su inmensa mayoría.

Ellas son las que cuidan a personas dependientes, aquellas que por edad o por motivos de salud precisan de una asistencia que les permita seguir viviendo en sus hogares. Este colectivo laboral, compuesto en su inmensa mayoría por mujeres, es uno de los más importante de nuestra comunidad: hablamos de casi 27.000 personas que se dedican a esto.

En La Poderío hemos querido conocer el día a día de estas trabajadoras y sus reivindicaciones. Para ello hemos quedado con María y Ana (nombres ficticios), dos veteranas auxiliares de ayuda a domicilio que trabajan en ciudades distintas, Córdoba y Granada. Ellas son miembras de la recién constituida “Asociación de Profesionales Sociosanitarias SOS Dependencia” asociación de ámbito andaluz que en unas semanas se presentará en sociedad.

¿Qué os ha llevado a constituir esta Asociación y qué acogida esperáis en vuestro colectivo?

ANA: Esperamos que la Asociación tenga una buena acogida. Ya basta de que hablen de nosotras como “pobrecitas”, “de infancia difícil” o que digan que somos hadas, salvadoras. No. Nos hemos metido en esto porque tenemos que trabajar, tenemos que comer y queremos que nos reconozcan como lo que somos, profesionales.

MARÍA: La hemos constituido principalmente por todos los problemas que acarrea trabajar en ayuda a domicilio, por todos los abusos que hacen las empresa. Incluso cuando está municipalizado el servicio, también hay abusos. Pero sobre todo, porque es un dinero público que se gestiona desde lo privado y eso lleva a abusos continuos. Nuestro oficio es ayudar a los dependientes, a que se manejen, a que vivan mejor. Pero nos han convertido en otra cosa, en una especie de limpiadora, mayormente. A la empresa no le importa lo que tu debes hacer por una persona para que pueda vivir en su casa y no se tenga que ir a una residencia. Los abusos de la empresa son constantes.  Por ejemplo, que trabajemos guardias y no descansemos en 13 días o que seamos grúas humanas, a las que no se les tiene en consideración alguna, tengas la edad que tengas.

El descanso ¿de cuánto es?

MARÍA: Son dos días, fines de semana, se supone, si tienes refuerzo de otra persona que trabaje y te pueda sustituir. Pero estamos hablando de criaturas que a lo mejor tienen contratos de 25 horas y trabajan mañana, tarde y sábados. Hay unos abusos y un descontrol increíbles. Y por eso las plataformas y las asociaciones nacen, porque alguien tendrá que decir, ¡basta ya!.  Tenemos que dignificar nuestro oficio porque es muy bonito y necesario, pero lo están echando a perder. Yo creo que la gente de la calle no conoce lo que hacemos, o lo que tendríamos que hacer, así como tampoco conocen la barbaridad que se está cometiendo con nosotras.

Si hubiera una ayuda a domicilio profesionalizada, la atención primaria no estaría tan colapsada. De nosotras depende que haya menos ingresos en las residencias, que la atención primaria esté mucho menos colapsada… Somos la base de todos los cuidados.

maría

¿Qué es una auxiliar de Ayuda a Domicilio?

MARÍA: Son los pies y las manos, la ayuda que puede tener una persona cuando llega a una cierta edad para poder estar en su casa. Y tenemos que tener en cuenta que también somos la base de todo sistema sanitario. Si hubiera una ayuda a domicilio profesionalizada, la atención primaria no estaría tan colapsada. De nosotras depende que haya menos ingresos en las residencias, depende que la atención primaria esté mucho menos colapsada… Somos la base de todos los cuidados.

¿Qué requisitos piden a una persona que va a acceder a este puesto de trabajo?

ANA: Este asunto es bastante grave. La ayuda a domicilio como tal, existe desde hace muchísimos años. Lo que pasa es que cambió de nombre con la Ley del 96. ¿Qué es lo que pasa? Pues que la gente que estaba trabajando en esto, no estaba formada y entonces salieron los certificados de profesionalidad, para esta gente que llevaba trabajando un montón de tiempo y no tenía titulación. Y como aquí metieron mano todas las empresas grandes, que son las que en realidad manejan el cotarro en todos lados, pues los políticos tenían la necesidad de darle a sus amigotes las cosas mejor hechas. ¿Cómo pueden abusar? Meten gente sin preparación. A nosotras nos exigen tener o bien el grado medio sociosanitario o de enfermería, o bien el certificado de profesionalidad que son unos cursos de 650 horas presenciales, es decir, un año trabajando por la mañana y formándote por la tarde. Es lo que tenemos casi todas las que nos hemos dedicado a esto siempre.

Ahora, para quitarnos de en medio, porque somos nosotras las que nos rebelamos, dan a las personas que entran un “cursito” (que esto lo hace mucho la Cruz Roja) de 15 horas, con un mes de prácticas gratis trabajando en una empresa y con eso ya tienen el título y pueden trabajar. Se escudan en que no encuentran trabajadores y que lo tienen que hacer así porque el servicio no se puede quedar sin atender. Mentira, trabajadores hay. Solo tienen que echar un vistazo a la bolsa del SAS (Servicio Andaluz de Salud) para ver cuántas auxiliares de enfermería hay disponibles para trabajar. Lo que tenemos que tener son unas condiciones dignas.

A mi no se me ocurre una persona con 10 o 15 años de antigüedad en una empresa, cobrando 800 euros y saliendo por la mañana a trabajar y volviendo por la noche a su casa.

Ana

¿Cuáles son las condiciones laborales que demandáis desde vuestra Asociación?

ANA: Nosotras reivindicamos un trabajo con horario, porque si yo tengo que entrar a trabajar 7 horas, pues son 7 horas, y tú como empresa me dices a dónde tengo que ir. A mi no se me ocurre una persona con 10 o 15 años de antigüedad en una empresa, cobrando 800 euros y saliendo por la mañana a trabajar y volviendo por la noche a su casa. Estas condiciones no las hay en ningún trabajo de hombres.

MARÍA: Es que nosotras tenemos una jornada que va por horas. Cobramos por horas, por así decirlo. Y encima tenemos un trabajo que es de casa en casa, con lo cual la primera casa la tienes en un barrio y la siguiente en el hospital o en otro barrio de la ciudad. Yo me tengo que trasladar de un sitio a otro y ese computo no te lo pagan, por lo que tu no trabajas ocho horas, trabajas nueve o diez. Por eso, lo que reivindicamos es que trabajemos por jornadas y no por horas.

¿Cuál es vuestro salario base?

ANA: Mi salario base es 972 euros, a lo que le tienes que sumar mi antigüedad que eso no entra en un salario base, pero extrañamente yo cobro 885 euros.

¿Cuántos años llevas trabajando?

ANA: Yo llevo 13 años, 13 largos y eternos años.

Y vuestro colectivo es fundamentalmente de mujeres.

MARÍA: Un 99 por ciento. Los hombres entran cuando salen de los grados medios y entran en ayuda a domicilio porque no tienen otra cosa y mientras se preparan otro trabajo, en residencias o en el SAS. Esto es una fuga de talentos con lo cual nunca vamos a dar un servicio bueno porque, digamos, los mejores profesionales se van, están de paso, solo para cobrar algo mientras se preparan otra cosa.

¿Qué otras reivindicaciones tenéis?

MARÍA: Que no tenemos reconocimiento de enfermedades. Ninguno. Cero. La edad de jubilación ¡son 67 años! 67 años cuando tú tienes que tirar de una persona diariamente, o de dos, o de tres, con tus brazos, tus piernas y tu columna. Bueno, tú no sabes cómo vamos. Con hernias discales, los cuellos, los brazos… todo, todo hecho polvo.

ANA: No tenemos valoración de riesgos laborales, porque como trabajamos en las casas nos dicen que con la ley de protección de datos no pueden entrar en las casas a valorar los riesgos que tú tienes. Así que te puedes encontrar con una persona de más de cien kilos, sentada en una silla de ruedas y con cuatro escalones para llevarla al cuarto de baño.

MARÍA: Así que no tenemos ni reconocimiento de enfermedades, ni valoración de riesgos laborales y la edad de jubilación es la edad general que marca la ley, 67 años.

¿Cuál es la media de edad en vuestra profesión?

ANA: Ese es otro problema añadido. La plantilla va envejeciendo y está claro que no podemos tirar con 50 igual que lo hacíamos con 20.

¿Qué edades tenéis vosotras?

ANA: Yo tengo 51

MARÍA: Yo 59

ANA: Pero tú estás muy bien, cachona (risas)

En 2006 salió la Ley de la Dependencia, que fue cuando nos profesionalizamos. Empezamos muy bien hasta que llegaron las empresas buitre a meter la mano. Se acabó la profesionalidad y se acabó todo.

maría

¿Cuándo empezó la ayuda a domicilio en nuestro país?

MARÍA: La ley de la Dependencia es de 2006 y la Ayuda a Domicilio está funcionando desde el ochenta y tantos.

ANA: Sí, porque antes era de Asuntos Sociales, de ayuda a las familias más necesitadas. Luego salió en 2006 la Ley de la Dependencia que fue cuando nos profesionalizamos. Empezamos muy bien hasta que llegaron las empresas buitre a meter la mano. Se acabó la profesionalidad y se acabó todo. Y lo más grave es que todo el mundo mira para otro lado y todo el mundo lo sabe.

Describirnos una jornada laboral que hagáis un día cualquiera.

MARÍA: Entro a las 7:30h. de la mañana. Tengo una mujer de grado tres (grado máximo de dependencia), es muy gordita y la levanto de la cama, con mis brazos y mi espalda, porque ella se sujeta muy poco, y la traslado a una silla de ruedas. Además, estamos hablando de casas donde no te puedes mover, donde no cabe una grúa, pero eso no importa porque estoy yo. Te la llevas al cuarto de baño y la metes como puedes en la ducha. La duchas. La vuelves a sentar en la silla de ruedas. La secas y bueno, la achuchas, le das los buenos días, le preguntas como está, le gastas la bromita, le das los besitos, la vistes, la llevas al comedor, haces el desayuno y se lo pones. Y el marido, porque en este caso tiene tanta edad como ella, ¿cómo no le vas a poner el desayuno a él? Mientras tanto limpias la habitación, el cuarto de baño, porque todo eso entra dentro de nuestras funciones.

Esa es mi primera usuaria del día. Luego me voy con una persona que es invidente y mi trabajo es sólo limpieza, porque no quiere que la duche. Ahí son dos horas. Limpias y también vas a la calle y haces la compra y le ayudas a hacer la comida. Después me voy con una persona que es alcohólica. Luego me voy a casa de una mujer, a la que solamente aseo y la saco al paseo. Más tarde me voy a atender a una mujer que tiene Alzheimer y ya, por último, asisto a una persona que es esquizofrénica. Esa es mi jornada laboral, salvo cuando se me va uno de mis usuarios, entonces me ponen también turnos por la tardes.

(Con el COVID) Por lo menos ha servido para que la sociedad, bueno, una parte de la sociedad que vivía en los Mundos de Yupi y nos veían como hadas, nos vieran en la calle y reconocieran la realidad de nuestro trabajo.

ana

¿A qué hora llegas a tu casa?                                 

MARÍA: Todos los días no tengo la misma jornada, pero suelo llegar a las tres y media, cuatro, siempre que tenga la suerte de no tener tardes. 

Vamos a hablar del Covid-19 ¿Cuál es vuestra situación laboral en pandemia? ¿Qué está pasando en vuestro sector?

ANA: Uf, ¡qué no pasa! Pero mira, por lo menos ha servido para que la sociedad, bueno, una parte de la sociedad que vivían en los Mundos de Yupi y nos veían como hadas, nos vieran en la calle y reconocieran la realidad de nuestro trabajo. Nosotras nos hemos visto en la calle sin ningún EPI (equipo de protección individual), sólo con lo que nos han querido dar.

MARÍA: De hecho, seguimos así.

ANA: Hay datos oficiales de que, por detrás de las enfermeras de los hospitales, las más contagiadas hemos sido nosotras. Y eso no reza en ningún lado. En ayuda a domicilio, todos los datos que tenemos, están cogidos de otro lado, porque a nadie le interesa sacar los datos reales.

MARÍA: Es que la empresa misma te dice, “no lo digas”.

ANA: Claro, ellos juegan con el miedo. Lo primero que hacen es separar a la plantilla. Una empresa llega a un pueblo o a una ciudad y ¿qué hace? nos separa, a las más antiguas de las más nuevas. Eso es en todos los sitios. Empiezan a meter gente sin titulación y a darle los mejores horarios, las mejores cosas para que las demás se reboten. Ahí tienen ya la primera baza ganada. Y juegan con que no tenemos un centro de trabajo donde poder hablar las unas con las otras…

MARÍA: Juegan con el miedo. Que tú te quejas de que no tienes mascarilla, pues ahí tienes la puerta.

ANA: Y yo no me estoy enterando de que mi compañera le ha plantado cara, porque no lo he visto. Si me enterara, a lo mejor 20 se callaban, pero 10 seguro que saltaban.

A nosotras nos dieron una mascarilla quirúrgica, la azul, para quince días y dos batas de tela, que nos la han dado ahora, al año.

maría

En pandemia, ¿qué protección os dieron para ir a trabajar?

MARÍA: A nosotras nos dieron una mascarilla quirúrgica, la azul, para quince días y dos batas de tela, que nos las han dado ahora, al año. Eso es todo. Unas mascarillas que dieron solidariamente la gente y las mascarillas que nosotras nos compramos. Y después, cuando se vieron ya un poco más apretados, nos dieron una mascarilla de tela, ¡de tela!, que están prohibidas para entrar a centros de día y hospitales. Y con esas seguimos. Y además, cuando por ejemplo se pone mala una compañera o tiene un día de asuntos propios y te mandan a ti como extra, tú, inocente de ti, preguntas por el whatsaap “¿tiene Covid?” Y te responden, “no se puede decir porque es un tema de protección de datos”.

Y ¿qué información sobre el virus os han dado?

ANA: Nada. Cero

MARÍA: Unos papelitos diciendo que “el virus tiene esta estructura y se pega así”. Ahora, en mi ciudad sí van a dar un curso, porque los han denunciado, un curso de obligado cumplimiento para saber cómo tenemos que actuar con el Covid.

ANA: Pues en mi provincia no.

MARÍA: En otros sitios nada. Otros sitios, como pueblecitos en los que la asistencia está municipalizada, que la lleva el Ayuntamiento, les han dado todos los EPI. Si tienes que ir a una casa, tenga o no tenga Covid el usuario, tienes tu mono desechable, tu mascarilla, tu gorrito, todo.

Entonces, ¿existe diferencia cuando el servicio lo dá una administración pública a cuando es una empresa privada?

ANA: Mucha. Aparte, la vergüenza que le da a un alcalde el que sus trabajadores salgan así a la calle. Los dueños de las empresas, esa vergüenza no la conocen. Ya te lo digo yo. El servicio en mi pueblo está gestionado por una empresa privada y cuando entró el Covid fue el Ayuntamiento el que se tuvo que levantar a las 6 de la mañana para asistirnos. Yo recuerdo que no dormí ese fin de semana, llamando por teléfono y preguntando: ¿cómo salimos a trabajar el lunes? Imagínate el miedo que teníamos. Ahora parece que se nos está quitando un poco el miedo.

MARÍA: Pues yo sigo teniendo el mismo miedo que antes.

ANA: Pero ese fin de semana, acuérdate que fue horrible. Y del Ayuntamiento de mi pueblo se tuvieron que levantar para darnos los EPIs, que son con los que hemos trabajado casi toda la pandemia, con lo que nos dio el Ayuntamiento, porque la empresa, por más que le hemos pedido y la hemos denunciado, nada. Ahora, después de la denuncia, dan tres mascarillas quirúrgicas para toda la semana. Punto. 

Y la gente lo sabe, pero a todo el mundo le interesa callarse y quitarse el problema de lo alto. Hasta que las casi 27.000 que estamos en Andalucía nos juntemos, demos un zapatazo y lo paremos todo.

ana

Pero esa mascarilla tiene una efectivad de cuatro horas.

ANA: Cuatro horas tiene la mascarilla de validez, y hablo de una empresa que tiene a sus trabajadoras saliendo de sus casas hasta cuatro veces al día. Porque eso que pone el convenio de que se puede partir la jornada dos veces, se lo saltan. Aquí se sale a trabajar por la mañana, se para a media mañana, se vuelve al mediodía, a media tarde, sales por la noche. Cuando a ellos les sale de las narices. Y casi ninguna llega a tener la jornada completa. O sea, se tiene una jornada de 7 a 10 de la noche y en su contrato reza 25 o 26 horas . Y la gente lo sabe, pero a todo el mundo le interesa callarse y quitarse el problema de lo alto. Hasta que las casi 27.000 que estamos en Andalucía nos juntemos, demos un zapatazo y lo paremos todo.

MARÍA: Somos uno de los colectivos más grandes. Mira a tu alrededor, ¿quién no tiene a su abuelo, a su madre o a una vecina que la están cuidando?

Lo que habría que hacer es que si hay una empresa que ya está denunciada y hay una inspección de trabajo que dice que no está cumpliendo, pues que no puedan licitar en otros lugares.

ana

¿Están denunciadas estas empresas?

ANA: Si, ahora con lo del EPI hay muy pocas que se hayan librado.

Y ¿esas denuncias han prosperado?

ANA: A ver, primero es la inspección de trabajo, que te dan la razón, claro, porque la tienes.

MARÍA: Pero a las empresas les interesa más pagar la multa y seguir sangrándote. Punto.

ANA: Lo que habría que hacer es que, si hay una empresa que ya está denunciada y hay una inspección de trabajo que dice que es verdad, que no están cumpliendo, pues que no puedan licitar en otro lugar. Las empresas que ya están denunciadas, no deberían poder licitar en otros lugares.

MARÍA: Tú imagínate lo que se mueve de dinero, que dices tú, ahora ha subido el precio por hora de 13 a 14 y pico, que es lo que recibe la empresa por usuario.

Y a vosotras, ¿a cuánto os pagan la hora?

ANA: Pues si lo metes todo, no llega ni a 5 euros.  A ver, a nosotras nos pagan en teoría por convenio, que son 982 de sueldo base, más trienios y todas esas cosas. ¿Qué pasa? Que para que alguien tenga jornada completa, necesita día y medio en la calle. En realidad, para dar tus 8 horas de trabajo, necesitarías estar 24 horas fuera de tu casa. Eso es imposible, porque no te cuentan los desplazamientos, ni te cuadran los horarios para que los cojas seguidos.

MARÍA: Ni el tiempo del desayuno.

ANA: Pues entonces, todo el mundo tiene porcentajes más bajos de la jornada completa. El sueldo entero hay muy poca gente que lo cobre.

Y los sindicatos ¿no están en vuestro sector?

ANA: Los sindicatos sí están, pero es que la ley ampara a las empresas. La ley tal y como está, ampara a las empresas. Los sindicatos denuncian y las empresas, ¿qué hacen? pagan las multas.

MARÍA: Mira, quizá por eso salen las asociaciones, porque llegan a donde no llegan los sindicatos, porque se tiene que dar por saco todos los santos días.

Cada una estamos afiliada a un sindicato y bueno, pues no nos ponemos de acuerdo. O sea, somos tan cafres, que nos separamos nosotras mismas por unas siglas.

maría

Esta Asociación que habéis constituido no es la única de Andalucía.

ANA: Hay muchas, asociaciones y plataformas.

MARÍA: Lo que pasa es que cada una estamos afiliadas a un sindicato y, bueno, pues no nos ponemos de acuerdo. O sea, somos tan cafres, que nos separamos nosotras mismas por unas siglas.

Y vosotras que estáis tan expuestas en esta pandemia, ¿os están ya vacunando?

ANA: Estamos en el grupo 4. Y en esto, hay que decirlo, los sindicatos han tenido mucho que ver, con la presión que le han metido a la Junta de Andalucía han conseguido que nos metan en este grupo. Ahora ya estamos todas vacunadas. Se empezó en febrero y ahora en marzo todas tenemos la primera dosis y otras muchas las dos.

En este enlace puedes ver lo que se les exige a estas trabajadoras por ese salario base de 972 euros brutos que casi ninguna cobra íntegramente.

Consejería de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación de la Junta de Andalucía: https://www.juntadeandalucia.es/organismos/igualdadpoliticassocialesyconciliacion/areas/dependencia/prestaciones/paginas/ayuda-domicilio.html

http://lapoderio.com/todas-las-primas-sumais/
LolaFPalenzuela

Acerca de LolaFPalenzuela

Obrera de la palabra, que ama las causas justas aunque sean difíciles y a veces perdidas, y que sabe que el arma más poderosa de transformación social es la palabra pensada, escrita, hablada, compartida. Creo en el periodismo comprometido y riguroso y abomino de la manipulación en todas sus formas y contextos.

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