Los huevos Kínder y la cuestión de género

Este texto está en la sección La Corrala, el patio de vecinas de La Poderío donde cada una charlotea, cascarrilla y pone colorá lo que sea mientras le da el fresquito o el sol en la cara. Más agustito que te quedas, oú. Eso sí, La Poderío no tiene nada que ver con lo que se pone aquí, solo apoya la participación de las lectoras. Puedes enviar tus artículos a ole@lapoderio.com. Otra cosa, antes de hacernos las propuestas pedimos que leas nuestro ideario.

Susana Falcón./ Escritora y periodista.

Rosa o celeste. Niña o niño. La surrealista pregunta me sorprendió cuando, como cada sábado, cumplía con la rutina del afecto. Le regalo a un nene de tres años esa magia encerrada en un huevo de chocolate (los Kínder de toda la vida), esos minúsculos juguetitos envueltos en cacao. Él, cada semana, los recibe con la inaugural alegría propia de sus pocos años.

“¿Es niño o niña?”, inquirió la dependienta. A mí casi se me descoyuntó del alucine la mandíbula. Ella me aclaró que el color del envoltorio variaba, según el sexo del destinatario o destinataria. Supuse que el contenido también cambiaría. Me lo confirmó. Yo no daba crédito. Compré uno de cada color y me marché, furiosa.

Investigando un poco sobre el tema, descubrí a la legisladora argentina M. José Lubertino, que en 2013 denunció la selección cromática según el género efectuada por la empresa Ferrero, fabricante de los dichosos huevos. Con la polémica desatada públicamente, los avispados y diligentes dueños de la firma resolvieron rápido. Sacaron al mercado un tercer color: el verde, al que catalogaron de color neutro. Los colores, al parecer, permitían identificar los juguetitos… Ay. No es lo mismo, ¿verdad?, aquello con lo que se juega si se es del sexo femenino o del masculino.

El kindrrrrrrpatriarcado

La cuestión de género sobrevuela con intensidad todos los valores y hechos de la sociedad. El patriarcado impregna, desde tiempo inmemorial, comportamientos y pensamientos, colocando a la mujer siempre en un plano inferior. Aún en estos tiempos, en los que es innegable la creciente concientización y organización de las mujeres  por todo el mundo, haciendo visible su situación y luchando por sus derechos, los efectos del sexismo y el machismo se pueden apreciar con claridad.

El patriarcado y sus tentáculos discriminadores han calado muy hondo socialmente, y la trabajadora que me vendió los huevitos es un buen ejemplo. Era joven. Para ella era totalmente natural esa diferencia de color por sexo. Para que no me invada el desánimo, y para no generalizar, es cierto también que la joven mamá del nene en cuestión estaba furibunda y extrañada. Sus amigas, madres asimismo de niños de la misma edad, también.

«Se pueden leer publicaciones de los años de la Primera Guerra Mundial, en las que se determina el rosa para los niños y el azul para las niñas […] El rosa conviene a los bebés porque es un color fuerte, imprime decisión. El azul, por su parte, es el ideal para las niñas, por ser un color delicado». 

Los colores para identificar el sexo no son de muy demasiada larga data. Se pueden leer publicaciones de los años de la Primera Guerra Mundial, en las que se determina el rosa para los niños y el azul para las niñas. El argumento no tiene desperdicio. El rosa conviene a los bebés porque es un color fuerte, imprime decisión. El azul, por su parte, es el ideal para las niñas, por ser un color delicado. Impresionante.

Contra los sesgos, respuesta feminista

El sesgo de género es más que evidente. Intereses comerciales y modas, a partir de la década del cuarenta del siglo veinte, dieron vuelta las tornas y se extendió la división tal y como hoy la conocemos, asentándose con el paso del tiempo. Los de Kinder, al parecer, se lo tomaron al pie de la letra. Hace ya años que marcaron la separación cromática.

Los vientos que sacuden estos tiempos, de denuncia a los comportamientos machistas  cada vez más frecuentes, los espacios públicos cada vez con mayor presencia de mujeres, el desarrollo y consolidación del movimiento feminista en todo el planeta…todo permite concebir una esperanza renovada. Una esperanza indoblegable, perfectamente alcanzable, la de un mundo ancho y compartido. Igual para todas y para todos. Un mundo y un tiempo en el que nadie te pregunte el color del envoltorio. Un mundo en el que nadie decida cuales juguetes son de niñas y cuales son de niños.

Acerca de La Poderío

Una revista parida en el sur, con los aires frescos, reivindicativos, inclusivos, diversos, plurales y feministas de Andalucía, pero sobre todo, con las ganas de visibilizar las historias de personas reales olvidadas en los medios de comunicación y de desgranar el sistema heteropatriarcal que las victimiza y/o criminaliza en la mayoría de los casos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *