El FCAT llega un año más a Tarifa con su edición más global

El Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT) ha dado comienzo en la ciudad blanca y azul de Tarifa y a través del espacio cibernético. Su 17 edición se ha reinventado un año más (esta vez mucho más) para hacer frente a la pandemia global que nos mantiene confinados en nuestras ciudades y pueblos.

Con estos condicionantes, el FCAT ha conseguido no renunciar a ninguna de sus secciones y presenta este año su edición más transfronteriza. Ha abierto sus puertas ofreciendo casi medio centenar de películas; su foro de formación e intercambio profesional,  Árbol de las Palabras;  su programación para colegios, Espacio Escuela y la exposición Afrotopía con la presentación del trabajo de 35 fotógrafos y fotógrafas africanas bajo la dirección de Héctor Mediavilla.

Desde el 4 y hasta el 13 de diciembre se puede seguir la programación que se ha diseñado tanto presencial en Tarifa o a través de lo virtual, llegando al último rincón del planeta (con conexión). Su amplio programa está recorrido en esta edición por 5 ejes temáticos: el humor en los cines de África; el racismo sistémico en occidente; los 60 años de independencia en muchos países de África; el cine afrolatino y como quinto eje, Guinea Ecuatorial.

De todo ello hablamos con Mane Cisneros Manrique, directora del FCAT y presidenta de la organización que lo impulsa, la asociación Al Tarab-Centro de Divulgación Cultural del Estrecho, cuyo objetivo no es otro que el de “intentar que el cine africano y las realidades culturales y sociales que traslada sean más conocidas en España, América Latina y en la propia África”.

Mane Cisneros durante la presentación del Festival / Foto FCAT.

Para Mane Cisneros, el FCAT es “una de las cosas más bonitas que he hecho en mi vida”. Lleva 17 años luchando por sacarlo adelante, «porque todavía sigue habiendo muchos estereotipos. Todavía se nos sigue considerando un festival de segunda porque ¡cómo es África!”. Pero a pesar de todo ello, nos dice, “subiré otra vez al escenario a presentar películas y seguiré corriendo por las calles con la misma ilusión de siempre”.

¿Cómo se convoca un festival en mitad de una pandemia global?

Tenemos ya mucho callo, y lo que hemos hecho este año es adaptarnos inmediatamente a la situación. Ya en el mes de marzo tuvimos que aplazar el festival, que se hacía un mes y poco después. Hemos tenido que tirar hasta la cartelería ya hecha. Reprogramarlo todo. Pensar unas fechas.

Pensamos que el puente de diciembre podría ser un buen momento porque habría dejado pasar todos los grandes festivales. Y siempre un puente, teniendo en cuenta que este festival tiene un público que viene mayoritariamente desde fuera, pues la verdad es que era un momento ideal. Aunque no podíamos imaginarnos que nos iba a llegar un cierre perimetral. Pero bueno, también nos hemos hecho a esto.

El público de Tarifa ha respondido. Está respondiendo en situaciones muy raras, del tipo de que la inauguración se tuvo que hacer a las 12 del mediodía, en vez de por la noche porque después, sales a la noche del cine y no puedes ni siquiera ir a cenar a ningún sitio.

«El calor del público de aquí, de Tarifa, y muchísimas actividades online -y esta es la lectura positiva- hacen que esta edición del festival sea la más global de todas las ediciones del FCAT».

Entonces, esta es una edición muy especial, sin invitados. Con el calor del público de aquí, de Tarifa, pero con muchísimas actividades online que -y esta es la lectura positiva- hacen que esta edición del festival sea la más global de todas las ediciones del FCAT. Y bueno, como hay que echarle mucho optimismo a todo esto, estamos muy contentos con todo ello. 

En esta edición híbrida del FCAT de 2020, ¿seguís manteniendo las distintas secciones que viene presentando el festival?

Hubo que reprogramar todo y darle otro formato a las películas presenciales y la verdad es que, la elección que hicimos nos está gustado muchísimo y al público le está gustando también. Hemos estructurado toda la parte presencial alrededor de cinco ejes de trabajo, cinco temáticas que están apoyadas en su parte fílmica por mesas redondas.

Estos ejes temáticos son: el humor en los cines de África; el racismo sistémico en occidente; los 60 años de independencia en muchos países de África; el cine afrolatino y la quinta, Guinea Ecuatorial, estudiada bajo la visión del artista, qué significa ser artista y crear, desarrollar, crecer como artista en una dictadura.

Bueno, pues alrededor de estos 5 ejes temáticos está construida toda la programación presencial del festival, que también se repite online para aquellos que no pueden venir a Tarifa.

Mane Cisneros con el mensaje #YoVoyAlCine durante el festival./ Foto: FCAT.
¿Cómo funciona la parte online?

Hay dos cosas, las películas están todas alojadas en la plataforma Filmin y luego, para todo lo que son las mesas redondas y los encuentros, el público se puede inscribir a través de la página web del festival. Este año más que nunca hay que transitar por ella porque es nuestra sala virtual. Es el hall del festival.

Además, quien no haya podido inscribirse en el encuentro y por lo tanto no podrá tener una interacción con los cineastas y con los expertos, lo que si puede es seguirlos en el canal YouTube del festival. Porque se va a retransmitir todo.

Esa virtualidad del online también os permite acceder a otros públicos que no acuden a Tarifa a ver vuestro festival.

Te diré que incluso hemos priorizado las inscripciones a alumnos, estudiantes de cine y a jóvenes cineastas africanos y latinoamericanos. Y todo esto lo hemos hecho gracias a nuestra red de embajadas y de centros culturales de España y América Latina. En varios de ellos lo que han hecho es inscribirse en el centro cultural y proyectan en pantalla el encuentro que se está desarrollando a través de Zoom.

«No es lo mismo que tocarnos, que vernos, que charlar, pero es el formato que creo que más se acerca a esa realidad».

En los mismos centros tienen un moderador que va recogiendo las preguntas de quien está accediendo a la actividad a través de una pantalla grande. No es lo mismo que tocarnos, que vernos, que charlar, pero es el formato que creo que más se acerca a esa realidad. Pero es cierto lo que tu decías, este formato nos permite llegar a un público que normalmente no tiene posibilidad de venir al festival, y eso es bueno.

Una parte también importante del FCAT es su parte educativa ¿cómo se ha organizado en esta edición?

Aquí también hemos tenido que optar por la sala virtual y ha sido una excelente decisión. Tenemos inscritos más de 120 centros de España y más de 15 mil alumnos que están trabajando con películas africanas, con un material didáctico que hemos elaborado para el profesorado y para el alumnado.

Algo también muy bonito, que nos gusta mucho, es que esta “transfronteridad” del festival este año se hace a través del alumnado, porque también hay alumnos de Marruecos que están trabajando con las mismas películas desde el 23 de noviembre.

Este año están inscritos centros escolares de Casablanca, Rabat, Larache, Tetuán y Tánger. Es el Espacio Escuela el que está haciendo que este año la edición sea transfronteriza porque están viendo películas alumnos tanto marroquís como españoles.

Algunas de las películas de la 17 edición / Foto FCAT
Otra de las esencias del FCAT es el “Árbol de las Palabras” ¿Cómo se plantea en esta edición tan particular?

Casi diría que después de las películas, es el más importante. Has citado las tres patas del festival: el cine por supuesto, el Espacio Escuela y el Árbol de las Palabras. El Árbol de las Palabras es un espacio de formación y capacitación que está fundamentalmente orientado a jóvenes cineastas y de manera muy especial, a jóvenes cineastas africanos y latinoamericanos.

Son todas esas mesas y encuentros de los que te he hablado antes, las que son parte del Árbol de las Palabras. Este año son 10 encuentros y mesas redondas. Encuentros en los que están participando por primera vez africanos y latinoamericanos.

Lo que no quiere decir que desde España no podamos inscribirnos, para nada. Pero vamos, quien ha estado en España siempre ha podido inscribirse a estos encuentros si ha querido. Los que lo han tenido más difícil son los africanos y latinoamericanos y este año sin embargo lo están haciendo. Este año las inscripciones son mayoritariamente desde estos dos espacios.

¿Cómo han sido estos 17 años del FCAT? ¿Cómo ha sido esa evolución a lo largo de casi dos décadas?

La verdad es que ha sido una evolución emocionante, porque cuando nosotros arrancamos con este proyecto, para empezar, pensábamos que no iba a pasar de una edición. Cuál fue la sorpresa que el propio público de esa primera edición, antes de que acabase, estaba preguntando ya cuál iba a ser la fecha de la siguiente. Y así fue como dijimos (éramos tres personas al inicio) pues venga, vamos a hacer una segunda edición.

Hemos tenido la suerte de ver dos grandes evoluciones este año. Una en nuestro propio público. Un público que al principio era gente vinculada al mundo de las ONG, o por nuestra cercanía a Marruecos, gente que viajaba mucho a Marruecos, viajeros por África. Ese era el perfil. Con los años ¿qué hemos ido viendo? Pues que ese público se ha ido transformando.

Ha dejado de ser no necesariamente vinculado a las ONG. Es un público cinéfilo, curioso, consciente de que es una pantalla y un lugar único donde descubrir unos cines que fuera de aquí prácticamente no se pueden ver. Y ese ha sido el cambio.

Incluso en las dinámicas de los intercambios de preguntas con los cineastas. En un principio se veía que había un despiste enorme y un desconocimiento muy grande, y con los años ha ido cogiendo cuerpo. Se ve que el público que viene al festival va conociendo y va sabiendo de lo que habla.

«Un continente súper joven, con una mayoría de población de menos de 25 años. Que se plantean a sí mismos, mirando hacia dentro pero también hacia fuera».

Y luego, el otro gran cambio, ha sido dentro del propio cine africano. Cuando este festival arrancó, todavía vivían y seguían haciendo cine los que se consideran los padres del cine africano, que empezaron a hacer su cine sobre todo a partir de las independencias y que maduraron a lo largo de los años 70, 80 y 90. Esta generación de los padres de los cines de África, por edad, ya no están aquí y han dado paso a las nuevas generaciones.

¿Qué ha sucedido? Que además estas nuevas generaciones han cogido las cámaras en el momento de la llegada del digital que ha supuesto para África, como para todo el mundo, en el caso de África mucho más, la democratización absoluta del acceso al cine.

¿Esto qué ha supuesto? Que todo el mundo que quiera prácticamente puede hacer cine, pero no por eso significa que seas cineasta. Recibimos muchísimas películas, pero no necesariamente todas ellas tienen la calidad que requiere el participar en un festival internacional como este. Este cambio ha sido fundamental.

FCAT 17 edición
Teatro Municipal Alameda de Tarifa, epicentro del festival./ Foto: FCAT.

El cambio ha sido también en las motivaciones, en las temáticas, en los porqués de hacer cine de uno o de otro. Los que eran considerados los padres de los cines de África, fueron cineastas que crecieron y maduraron, primero se formaron en el periodo colonial, luego poscolonial, luego de búsqueda y construcción de nuevas identidades de un continente en mutación.

Un continente súper joven, con una mayoría de población de menos de 25 años. Impresionante. Que se plantean a sí mismos, mirando hacia dentro pero también hacia fuera, quiénes son respecto a su propio país y su propia historia, pero también respecto al resto del mundo. En este sentido los jóvenes de hoy, los jóvenes cineastas, tienen mucho que decir y mucho que contar.

Además a toda esta evolución se le añade la globalización en la que África y los cineastas africanos están también en busca de su lugar, de sus espacios. Todo esto que te cuento, lo hemos visto en estos 17 años. Por eso ha sido una aventura impresionante

El papel de las mujeres en todo este tiempo que nos comentas ¿cómo lo has visto?

Pues mira, aquí también ha habido un cambio enorme, tremendo. Y eso es absolutamente gratificante. En los primeros años las mujeres estaban detrás de las cámaras a cuentagotas y delante de las cámaras muy poquitas eran profesionales.

Algo que ha sucedido durante muchos años es que una misma mujer hacía distintos roles, es decir, podía pasar de figurinista a ocuparse de iluminación, hasta estar dirigiendo la película y como que no se le veía su rol, su papel, porque estaba muy difuminado en esa necesidad de cubrir muchos roles diferentes.

«¿Qué ha sucedido con los años? Pues que la mujer ha cogido la cámara y ha empezado a contarse a sí misma y a contar su África, en clave femenina. Y ya no sólo en clave femenina, sino como cineasta, punto y basta».

Ha habido algunos nombres muy importantes en la historia. Una de las primeras grandes cineastas es Safi Faye, que forma parte de esos padres y madres de los cines de África. Pero las mujeres aparecían a cuentagotas. ¿Qué ha sucedido con los años? Pues que la mujer ha cogido la cámara y ha empezado a contarse a sí misma y a contar su África en clave femenina. Y ya no sólo en clave femenina, sino como cineasta, punto y basta.

Algo importante también ha sido la irrupción de las mujeres del mundo árabe, del norte de África, en el cine. Fíjate que me atrevería a decir que, entre los nombres más consolidados del cine del Magreb, del norte de África, se encuentran muchos nombres de mujeres. Te cito por ejemplo una cineasta excepcional y joven, se llama Kaouther Ben Hania. Ella es tunecina, es una mujer que produce una película al año y este año tiene una película representando a su país en los Oscar, El hombre que vendió su piel.

Cuando empiezan aparecer mujeres, ¿se dan percepciones distintas de África, aportan visiones determinadas de su espacio?

Yo creo que en general el cineasta busca dentro de sí mismo y está claro que desde el momento en que lo hace, lo hace de manera diferente y respecto a su propia experiencia. Está claro en ese sentido que el cine hecho por mujeres tiene una huella y tiene una impronta claramente femenina.

Yo me pregunto en el caso concreto de África, que es de lo que estamos hablando, cuánto tiene que ver el lugar de origen, el país y la cultura en la que has crecido y tu experiencia y recorrido vital, y cuánto tiene que ver el hecho de ser mujer. Porque no es lo mismo ser mujer blanca en Sudáfrica o negra en Sudáfrica, o ser mujer en Chad o en Senegal o en Burkina Faso, Libia o en Egipto.

Esa es la gran riqueza de este continente. Es un continente muy joven y en plena mutación, evolucionando a una velocidad alucinante. En África, por ejemplo, es raro ver a alguien que no tiene móvil, incluso vas a un mercado y las mujeres que van con su niño detrás en los mercados rurales, ves que están pagando con su móvil.

En este tiempo, ¿cómo se ha acogido en España el cine africano?  

A nivel de festival el gran cambio ha llegado a través de la coproducción, que hace que muchas de estas películas tengan pasaporte múltiple. Para nosotros son africanas, pero para el Festival de Cine Europeo de Sevilla son europeas, desde el momento en que tienen una coproducción. Hemos visto por ejemplo cómo en esta edición del Festival de Sevilla ha habido, me parece, cinco o seis títulos que han sido coproducciones y eran películas africanas.

«Los cines de África están también adquiriendo un lenguaje propio, un lenguaje que, sin renunciar a sus propios signos de identidad, están proyectándose ya de manera global».

Este es un fenómeno que está irrumpiendo ahora mismo en el ámbito de los festivales, y que hace que festivales generalistas puedan estar accediendo también a una programación africana, que hasta hace tres días no les llegaba para nada.

Esto también significa que los cines de África están también adquiriendo un lenguaje propio, un lenguaje que, sin renunciar a sus propios signos de identidad, está proyectándose ya de manera global. Películas que pueden entrar en mercados internacionales y que pueden ser perfectamente programadas en festivales generalistas.

Por otro lado, la asignatura pendiente son las salas comerciales que, curiosamente, todavía siguen teniendo las puertas cerradas a estos cines. Llegan a cuentagotas a las salas. Los distribuidores todavía tienen miedo de comprar cines de África, a no ser que sean coproducciones muy marcadas y que sean pluripremiadas.

Hay algunos distribuidores que ya sí están lanzándose a comprar cine africano y trayéndolo a nuestras pantallas, y a los que les damos verdaderamente nuestra enhorabuena. Pero todavía hay mucho que hacer, mucho, mucho. Falta todavía perder el miedo.

Y ya para concluir, ¿cómo se presenta la próxima edición, la del 2021?

Una edición que además va a ser la de la mayoría de edad, la 18. Pues mira, tenemos muchas ganas. Tenemos ya las fechas que, a no ser que nos pase algo (risas), serán del 28 de mayo al 5 de junio. La temperatura y el buen tiempo espero que nos ayude para poder recuperar la calle. Sacar muchas actividades fuera, sacar pantallas, recuperar los espacios para las familias y volver a recuperar, sobre todo, a nuestros invitados, a los cineastas.

Los aperitivos de cine con ellos y el intercambio que se da entre la gente, es una de las cosas más bonitas de Tarifa. La posibilidad de ver una película, luego ir a charlar de la película en un espacio desenfadado y poder tomar una caña con el director o directora de esa película, es algo único. Aquí no creamos filtros, de manera que el público tiene ese acceso directo a todos los cineastas que pasan por este festival. Por eso somos una gran familia.

LolaFPalenzuela

Acerca de LolaFPalenzuela

Obrera de la palabra, que ama las causas justas aunque sean difíciles y a veces perdidas, y que sabe que el arma más poderosa de transformación social es la palabra pensada, escrita, hablada, compartida. Creo en el periodismo comprometido y riguroso y abomino de la manipulación en todas sus formas y contextos.

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