Orgullo de pueblo: Más de 50 metros de bandera LGTBI hecha con croché

14 Mujeres de Aguilar de la Frontera, municipio cordobés de la Campiña Sur, han tejido durante la cuarentena del COVID-19 una bandera por el día del orgullo, 28 de junio.

Sensión (Asunción), Amelia, Carmen Ríos, Aurora, Carmen Llamas, Mari Cosano, Manuela, Engracia, la Conse (Concepción), Reme, Carmen Romero, Ángeles, Manoli y Carmen Zurera han pasado el confinamiento tejiendo. Pero no tejían para llevar mejor la cuarentena, ni acabar con el aburrimiento, sino porque tenían una tarea importante entre las agujas: hacer una bandera LGTBI en croché de más de 50 metros. “Mira, yo por iniciales no lo sabía, nos dijo que era una bandera para ponerla en una calle por el día del orgullo gay, que así nos entendemos nosotras mejor. Y por supuesto, que nos organizamos por nuestro grupo de whatsa y la hicimos, explica Manoli, una de las artistas.

Esta bandera a modo de toldo cubre el cielo de la calle Ipagro, nombre en romano del propio pueblo, Aguilar de la Frontera, que significa caballo salvaje. La idea surgió durante la cuarentena, había que reinventarse con la aparición del COVID-19 y a Carmen Zurera, concejala de Igualdad de este municipio, se le vino a la cabeza esta iniciativa. “En algún lugar de la memoria estaba mi abuela, el gusto que heredé de ella al hacer croché”, confiesa la concejala.

“Se sentaba la mujer en el rebate y hacía maravillas, así aprendí yo”./ Foto: EntreFronteras.

El sentarse a la fresquita en la puerta de la casa con las vecinas es algo típico de este pueblo cordobés, aunque ahora con la pandemia todo ha sido de puertas para adentro. En esas tardes en el rebate, mientras compartían la tertulia del día, algunas cosían sin parar. La abuela de Carmen Zurera era una de ellas. “Se sentaba la mujer en el rebate y hacía maravillas, así aprendí yo”, dice Reme, mientras Manoli confiesa que a ella también la enseñó, pero con 10 años y solo hizo un cojín, así que tejer la bandera lo veía como “algo más gordo, pero que no iba a ser la más torpe” y tiró pa’lante

Estas mujeres que rondan los 60 años son vecinas coraje, que integran la asociación de fibromialgia Poley, una enfermedad que padecen mayoritariamente las mujeres. “¡Estamos todas cascás!”, dicen con la poca vergüenza de la espontaneidad. “Nosotras tenemos muchos dolores, pero en la asociación tenemos nuestro yoga, pilates, otro día psicología en grupo, lo tenemos todo porque, aunque tengamos cansancio, también necesitamos hacer muchas cosas”, aclara Manoli, que también es la tesorera.

Tejer y coser

Lo tuvieron muy claro desde el principio: había que ponerse a tejer por la igualdad. “A mí me pareció muy bien, porque hay que hacer visible una realidad, hay que luchar por la igualdad e integrar a todo el mundo. La diversidad es lo que tiene que primar y tenemos que ser conscientes. Tenemos que tener conciencia…¡por favor! Es como yo digo, que llevamos ya 20 años dentro del siglo XXI y todavía tenemos que dedicarle un día al orgullo gay y a mí eso me parece una barbaridad”, saca de dentro Mari Cosano.

Era el momento de ponerse manos a la obra. Manoli se dedicó a repartir los materiales, pero cuando veían los ovillos “a más de una le cambiaba la cara y no los devolvían por fatiga”, reconoce la tesorera. “Los ovillos eran así y así de alto, 24 ovillos. Los veías y decías «madre mía de mi alma, donde me he metido yo”, pero esto nos ha unido bastante. Nos reíamos con el comentario por el grupo de una, de la otra, de los miedos, los agobios, el exceso de responsabilidad porque creíamos que no lo íbamos a terminar”, añade Mari Cosano, mientras que Reme se parte contando como le entraban ataques de risa, “yo me ponía chi chi chi chi y estaba haciendo y me estaba riendo”.

En total, cuatro tramos de 13 metros de largo cada uno y que, al juntarlos, sumaron los 52 metros de la bandera./ Foto cedida.

Esta bandera tiene mucha historia, muchas anécdotas, pero lo que no se cuenta es lo que no se ve y son las horas y la forma de conciliar la costura con los cuidados y el trabajo. “Una noche se me enredó el ovillo y me acordé de todas. El ovillo todo enredado y no podía desbaratarlo, como estoy sola, no había manera de tirar para ningún lado. Me agobié mucho porque yo lo tenía que hacer de noche. Yo estoy cuidando a una persona mayor, tengo que apañar mi casa, el campillo, cuidar los perros, vamos, mucha faena. Hasta que no acostaba a la persona mayor, que tiene 94 años, no me podía dedicar a hacer el croché”, cuenta Amelia.

Como Amelia, Asunción también lo hacía por la noche. “Hasta las dos de la mañana estábamos o más. Decíamos por el grupo, “venga, ya buenas noches.” Poníamos el icono de la lanita y a dormir. Tenemos nuestro icono de la lanita y de la bandera, estamos muy modernas ya. A las 7 de la mañana me levantaba y me decía mi marido, “a dónde vas” y yo decía “a planchar”, y me ponía hacer croché hasta que se levantaban en mi casa a las ocho y media, las nueve”. 

Por otro lado, Carmen estuvo más de 50 horas tejiendo. En su comedor no cabía ni un alfiler. Metros y metros se apoyaban en el sofá, en la mesa y donde podía, ya que le tocó unir los cuatro tramos de 13 metros de largo cada uno y que, al juntarlos, sumaron los 52 metros de la bandera, que hoy es famosa por una publicación en las redes virtuales.

Las orgullosas

Lo importante de esta bandera no es ni su técnica, ni lo bonita que ha quedado la calle. Su significado va más allá. “Quiero pensar que representa la igualdad y el respeto por la libertad sexual. El respeto por todas las personas que están bajo este cielo de Aguilar. Todo el mundo se merece amar en libertad. Dejar ser y hacer”, puntualiza la concejala de Igualdad.

En este pueblo de 13.000 habitantes, para gustos colores. Esta iniciativa ha hecho que se hable de orientación sexual, de diversidad y de libertad y que se ponga nombre a las siglas LGTBI: lesbiana, gay, transexual, bisexual e intersexual. Normalizar lo normal, siempre con orgullo. “En un pueblo está más oculto, pero eso no deber ser así. Todas somos iguales”, dice Sunsión, y Reme asiente con la cabeza y reconoce que “la haría otra vez y más grande”.

«La haría otra vez y más grande»./ Foto: EntreFronteras.

Los comentarios en las redes virtuales tampoco han pasado desapercibidos. Siempre hay quien le gusta más y a quién le gusta menos. “Ya en los tiempos que estamos eso es ya problema de cada uno, el que piense de esa manera es su problema y lo que hacen es sufrir porque te ponen tonterías y a discutir sin conocerse, ¿tú te crees? Ellos sí que tienen una enfermedad que es el odio, hay que dejar vivir, ¡ya está bien!”, cuidado cuando la Manoli se mosquea.

En muchos pueblos no es común ver a parejas del mismo sexo cogidas de la mano, ni a personas trans. Hay vecinas y vecinos que han salido del pueblo por el temor al qué dirán, otras que han vivido reprimidas o que han tenido que huir por la presión de sus propias familias. En Aguilar de la Frontera ocurre esto, pero también hay parejas y familias homosexuales, bodas de parejas lesbianas y gays. Hoy, esta bandera no solo se cuelga para abrazar a cada una de las personas LGTBI del municipio, para que puedan levantar la cabeza con orgullo, porque su orgullo es el orgullo de un pueblo, y la libertad de sus vecinas y vecinos es su mayor patrimonio.

http://lapoderio.com/todas-las-primas-sumais/
Lucía Muñoz Lucena

Acerca de Lucía Muñoz Lucena

Impulsiva, quejica, cabezona. Mu de mi casa. Me gustan las lentejas, y si no las dejas. Feminista y periodista que va por ahí con una cámara hablando de lo que la Ley Mordaza no quiere que contemos.

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