La pandemia contada por una bata

Últimamente, me usa más que de costumbre, sobre todo, me usa hasta más tarde. Como antes, cuando mi humana trabajaba desde casa. Ahora ha vuelto a hacerlo, solo que no se queda solo ella, sino toda la familia. 

La cosa es que lo estoy disfrutando mucho. Para una bata de invierno como yo, no es habitual vivir el día, ni que haya tanto meneo en casa. Por las mañanas salgo a la terraza a tomar café con mi humana, leo los periódicos con ella en la tablet, la acompaño a alguna reunión de zoom que suele tener temprano, y ya descanso en el perchero hasta la noche.

El perchero está en el estudio, así que puedo seguir fisgoneando las videollamadas que se suceden a lo largo del día y de la tarde. Una pechá. Por la noche, cuando vuelve de pasear al perro, nos recupera al pijama y a mí. Últimamente solo sale para eso y para comprar de vez en cuando.

Cuando me encuentro por las noches con el pijama, lo pongo al día de los zooms, las llamadas, los guassaps y todo, porque claro, él suele pasar el día en el perchero del baño, y ahí no se cuchichea tanto como en el estudio. Aunque los humanos se lleven el móvil y se sienten largos ratos mirándolo, quieras que no, no es lo mismo. Claro que él también hace más viajes al lavadero, porque pijamas hay tres y se van alternando. Se rumorea que llevan semanas sin ver sujetadores por allí. Batas somos dos, yo y mi compañera de perchero. Ella es más larga y abrigada, aunque se cierra con cremallera en vez de cruzada con lazo. Yo soy gris con corazones violetas, cortita, a medio muslo, muy suave y abrigadita. A veces, si hace mucho frío, por la noche la usa a ella y yo descanso.

«Y qué quieres que te diga, me sentó mumalamente. No entiendo yo ese estigma que hay con los pijamas y las batas, con lo cómodos que somos».

Total, a lo que iba, que le conté que el otro día, mientras mi humana miraba el Instagram, escuché como leía que se recomienda a las mujeres no estar en pijama mucho tiempo en casa, sino vestirse como si fueran a salir y ¡hasta maquillarse! Para así prevenir la depresión. Y qué quieres que te diga, me sentó mumalamente. No entiendo yo ese estigma que hay con los pijamas y las batas, con lo cómodos que somos: sin costuras, sin patente, holgueritos, calentitos…

Por las noches, cuando estoy en el salón, oigo mucho dos palabras en televisión: “confinamiento” y “coronavirus”. Por lo que he entendido, el segundo es la causa del primero. O sea, que como hay una cosa que se llama coronavirus las personas deben hacer el confinamiento, que es quedarse en casa todo el rato, menos para pasear al perro y comprar. Por eso nos usan más a las batas y a los pijamas, aunque se recomiende no hacerlo.

En el sofá por la noche, suelo coincidir también con una bata infantil. Ella es azul celeste con nubes blancas: como el cielo de primavera. Me cuenta que ahora por las mañanas también acompaña a su humana un ratito en las tareas de la escuela. La escuela ahora también es en casa, como el trabajo. Por el confinamiento y por el coronavirus.

Entonces, volvimos a escuchar en la televisión lo de que las batas podemos ser síntoma de depresión. No lo comprendió muy bien y se puso triste. Y a mí se me llevaban los demonios de tener que explicarle la discriminación pública a la que nos están sometiendo en las redes sociales y en los programas de la tele. Pobrecilla, con lo pequeña que es, y enfrentándose a esto. Qué mal rato.

Yo le dije que no teníamos que hacer caso. Que por el confinamiento y el coronavirus en televisión dicen muchas más tonterías. Que esos son señoros que opinan de todo sin tener ni idea. Eso lo he aprendido yo haciendo teletrabajo con mi humana. Hay unos señoros que opinan de todo sin tener ni idea y la lían. Luego están las feministas y demás gente de izquierdas que lo tienen que ir desliando y explicando. Ella es feminista. Será muy cansado serlo, pienso yo.

«Lo de la discriminación de las batas viene de largo. Me acuerdo yo que hace unos años, en un bar pusieron un cartel en la puerta diciendo que prohibían la entrada con pijamas o batas por higiene».

Volviendo al tema que me voy por los cerros de Úbeda. Qué bonita es por cierto. 

Lo de la discriminación de las batas viene de largo. Me acuerdo yo que hace unos años, en un bar pusieron un cartel en la puerta diciendo que prohibían la entrada con pijamas o batas por higiene. Aquello fue indignante, no puedo ni imaginarme lo mal que se tuvieron que sentir las batas implicadas. Qué falta de respeto tan enorme.

Pero eso no se lo conté a la pequeña, claro. Ella no tiene porqué saber esto aún. Espero que de aquí a que crezca la sociedad humana haya aprendido a ser más respetuosa con nosotras.

http://lapoderio.com/todas-las-primas-sumais/
Auxi J. León

Acerca de Auxi J. León

Canaria de nacimiento, andaluza de adopción y curiosa de profesión. Feminista hasta la médula, mi identidad es migrante porque vivo en tránsito.

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