Margarita Sánchez Romero: «Hay sociedades en las que quienes cocinan son los hombres y sociedades en las que únicamente cazan las mujeres»

Entrevista a la arqueóloga Margarita Sánchez Romero.

Para Margarita Sánchez Romero uno de sus mayores descubrimientos es el poder de la arqueología para transformar la realidad actual utilizando a las mujeres del pasado. Para ella es un instrumento de transformación social que nos permite saber del trabajo doméstico y las actividades de mantenimiento. Son las únicas estructurales en todas las sociedades que cuentan con un alto grado de innovación y creación y, sin embargo, han sido invisibilizadas a lo largo de la historia. 

Profesora y vicerrectora de la Universidad de Granada, Margarita crea en 2007 junto a un grupo de arqueólogas feministas, el espacio web “PAST WOMEN. Historia material de las mujeres”.  La idea surge de la necesidad de abrir la investigación científica a la perspectiva feminista y con ello al estudio de identificación de otras realidades que han sido a  lo largo de la historia desechadas. 

En nuestra charla, nos comenta que España es un país muy potente en lo que arqueología feminista se refiere. 

En arqueología la verdad es que como disciplina a nivel mundial hemos ido un poquito tarde. El primer artículo que se publica sobre arqueología y el estudio del género es de dos americanas, Margaret Conkey y Janet D. Spector, quienes publican en 1984 ‘Arqueología y el estudio del Género». Ahí es cuando se abre, digamos, la perspectiva. En España se llega a través de los movimientos feministas, del trabajo de algunas arqueólogas, sobre todo catalanas, que a finales de los 80 llevan lo que está pasando en las calles al ámbito de la investigación. Así se empieza a trabajar durante los años 80 y 90. No es que sea un movimiento muy importante, pero se van haciendo avances. Digamos que la década gloriosa del feminismo en arqueología en nuestro país empezó en los años 2000. Y te diría que más allá de los países anglosajones, -Estados Unidos y Gran Bretaña-, el país que está ahora a la vanguardia de género es sin duda España. 

¿Cómo se hace arqueología feministas? 

Para hacer arqueología feminista hay que aplicar una buena lectura arqueológica y hacer preguntas y contestar a esas preguntas con unos intereses determinados, queriendo saber cosas, queriendo ampliar el espectro de aquí. No sólo vamos a hablar de industria lítica y de industria metalúrgica, además vamos a hablar de cómo son los procesos de cocinado, o como son los procesos de cuidados. En mi grupo de investigación hemos hecho dos campañas en los últimos años en el yacimiento de la necrópolis megalítica de Panoría que hay en Darro (Granada).

A los resultados que extraemos de nuestras excavaciones les aplicamos luego todas esas analíticas relacionadas con la bioarqueología para conocer edad, sexo, enfermedad o para conocer esfuerzo físico, la dieta o la movilidad. Es la lectura que tú hagas de esos datos la que te dará una lectura feminista. Cuando tú solamente te preocupas por saber de esos datos, cuántos hombres había o qué esfuerzo físico hacían los hombres, obtienes información de una parte de la población. Pero ¿y si las mujeres también se están moviendo?¿ y si la dieta es distinta entre uno y otro? ¿ y si el esfuerzo físico de las mujeres es mayor en una partes del cuerpo que en otros? Esos son los datos que nos permiten hacer esas lecturas.

«Excavaciones en la necrópolis megalítica de Darro (Granada). Campaña 2019 con alumnado del Máster de Arqueología./ Foto: Carmen Moya.

¿Los resultados de las investigaciones arqueológicas pueden generar cambios en la sociedad actual? 

Claro. Yo la arqueología la entiendo como un instrumento de transformación social, de transformación total. Se trata de transformar la idea de las relaciones entre mujeres y hombres en la actualidad, en la valoración del trabajo de las mujeres y de los hombres de hoy. Temas como el del cuidado, el trabajo doméstico, las actividades de mantenimiento, es decir, todo eso que desde la sociología se lleva muchos años trabajando, como Mari Ángeles Durán desde la sociología o Cristina Carrasco desde la economía, también lo podemos hacer desde la arqueología. Porque todos esos trabajos están reflejados en el registro arqueológico y hemos de entender que son los únicos que son estructurales en todas las sociedades.

Alimentar, cuidar, socializar, procurar el bienestar, eso lo tienen que hacer todas las sociedades, todas. No hay ninguna que diga, yo puedo pasar sin preparar alimento. Entonces lo curioso es ver cómo las únicas actividades estructurales en todas las sociedades son las menos valoradas por esas sociedades. Probablemente sea por el coste económico que supondría valorarlas en su justa medida. Si tú, esas actividades, consideras que son de segunda categoría, que quienes las hacen son de segunda categoría, pues no tienes porqué remunerarlas ni tienes por qué reconocerlas. Nosotras ponemos esas actividades en el centro de la explicación histórica. Independiente, ojo, de que las hayan hecho las mujeres o no, porque es verdad que históricamente, etnográficamente, arqueológicamente, vemos que hay una tendencia clara a que esas actividades estén hechas por mujeres, pero no es algo esencialmente y biológicamente predeterminado.

«Alimentar, cuidar, socializar, procurar el bienestar, eso lo tienen que hacer todas las sociedades, todas. No hay ninguna que diga, yo puedo pasar sin preparar alimento. Entonces lo curioso es ver cómo las únicas actividades estructurales en todas las sociedades son las menos valoradas por esas sociedades».

Hay sociedades en las que quienes cocinan son los hombres y hay sociedades en las que únicamente cazan las mujeres. Esto es una organización del trabajo que es una cuestión cultural y social. Pero sí quiero resaltar el valor de esas actividades, la tecnología, las capacidad de innovar, el conocimiento… ¿Por qué? Porque hay muchas mujeres hoy en día que porque hacen esas actividades se las consideran de segunda categoría en la aportación social. Pues no señor. Aquí están las actividades, las únicas que son fundamentales, por tanto reconozcamos a las mujeres que históricamente las han venido haciendo.

Toda la alimentación tiene una carga social  y una carga cultural muy importante y no la vemos porque sólo medimos si como más vaca o mas cabra. La comida es reflejo de la identidad de los grupos sociales y detrás existe mucho conocimiento, mucha tecnología y mucha innovación. Todo el tema de la medicina, del uso de la adormidera desde tiempo inmemorial… ¿son las mujeres o son los hombres? Yo no te puedo decir en la prehistoria quién tenía ese conocimiento. Me da igual. Yo lo que quiero poner de manifiesto es que ese conocimiento existía. Pero yo estoy prácticamente segura que eran las mujeres (risas).

Pero eres una científica y no lo puedes decir

Efectivamente. Pero ¿por qué? porque es cierto que en las sociedades cazadoras recolectoras la tendencia es que sean las mujeres las recolectoras y los hombres los cazadores. Que realmente deberían llamarse sociedades recolectoras-cazadoras, porque el 90% de la dieta proviene de la recolección y no de la caza. La caza es eventual. La recolección es diaria. Entonces, ese conocimiento de las plantas lo tienen quienes las están recogiendo todos los días y son las mujeres las que están vinculadas a ese conocimiento. De modo, que son las mujeres las que día tras día están trabajando y sin embargo, ahora el hombre es el que inventa la agricultura y el hombre inventa la medicina. 

En 2012 publicaste un artículo sobre una investigación que habías llevado a cabo acerca de «Las mujeres en las sociedades prehistóricas del poniente granadino». 

Ahí lo que intentamos sobre todo fue explorar, a través precisamente de la perspectiva de la arqueología de género, de la arqueología feminista, todas aquellas actividades, experiencias, trabajos, sabiduría, conocimiento, que forman parte del bagaje histórico de las sociedades y que no se han tenido en cuenta nunca, que no se han contado en el relato histórico porque han estado vinculadas a las mujeres.

Tenemos que tener en cuenta que la arqueología, desde el momento en que se configura como disciplina científica, en la segunda mitad del siglo XIX, es una ciencia hecha por individuos masculinos de las élites intelectuales y económicas y esos hombres están buscando, en ese momento histórico pasado, aquellas cosas que creen que responden a los problemas del siglo XIX. Hacen una serie de preguntas que les dan una serie de contestaciones que sólo vinculan la prehistoria, la historia, a grandes producciones metalurgias, a cuestiones relacionadas con el estatus y el poder, que les importa mucho. Se van a mirar cuestiones relacionadas con elementos típicos como son un hacha, una espada, que además son muy reconocibles, y se dejan atrás todo aquello que consideran que no es importante, todo lo que es la cotidianidad, lo que denominamos en arqueología feminista, las actividades de mantenimiento, aquellas cuestiones relacionadas con la alimentación, con el cuidado, con el bienestar del grupo. Eso no lo hemos contado. Nos lo hemos dejado atrás, y eso también es conocimiento, es tecnología, es innovación en las sociedades del pasado.

» En la mayor parte de los casos no hemos identificado los partos en la prehistoria»./
Foto: Charo Valenzuela.

Y la maternidad, ¿cómo se viene abordando por la arqueología?

La maternidad siempre se ha visto como una cuestión absolutamente natural y esencial. Históricamente, no se ha preguntado por la maternidad en la historia, porque es una cuestión natural de las mujeres y por lo tanto no hay que avanzar en ese sentido. Las mujeres somos madres y punto. Ya está. Hacemos incluso una maternidad muy simbólica, como muy abstracta y no nos vamos al significado que tiene de trabajo, de esfuerzo, de conocimiento, de tecnología, de sentimientos, de uso del cuerpo…Todas estas cosas forman parte de la maternidad de las mujeres. Primero porque hemos hecho que las mujeres si no son madres no son mujeres de verdad, y eso es una cosa que hemos arrastrado históricamente. Entonces hay que romper con esas dinámicas, pero además hay que darle el sesgo. En la mayor parte de los casos no hemos identificado los partos en la prehistoria, los partos fallidos, y ahora de pronto, estamos encontrando partos. Desde  que nos hemos puesto a pensar sobre la maternidad están apareciendo.

Y sobre la lactancia, ¿hay estudios?

En la lactancia hay una parte biológica muy importante, pero hay también una parte cultural y social fundamental. En la prehistoria también. No sólo ahora está lo de si lactamos o no, si hay sitios públicos, que si hay privado… Todos esos debates que hay en la actualidad, hasta cierto punto, también se producían en la prehistoria, porque a ver, lactar es una acto biológico pero ¿qué pasa si la madre muere en el parto? Hay otras formulas tecnológicas. Hay biberones. Eso es tecnología.

¿Habéis encontrado biberones?

Sí. Hace unos meses en un artículo salía una compañera, Katharina Rebay-Salisbury, una investigadora que tiene un proyecto europeo sobre maternidad. Ese mundo es súper interesante. Existe tecnología para suplir esas carencias, en muchas sociedades podemos averiguar cuándo dura la lactancia y cuándo empieza el destete por el estudio de los isótopos de carbono y nitrógeno, que medimos en los dientes y en los huesos humanos. Sabemos que, normalmente, las criaturas están al menos un año alimentándose exclusivamente de leche materna y al año empiezan a tener alimentos de otro tipo hasta que se normalizan. Eso lo podemos medir ahora. Tenemos la capacidad de saber en poblaciones si se destetan antes niños o niñas. Eso es un elemento cultural importante.

La importancia de una buena divulgación científica

¿Qué requiere la arqueología para una buena divulgación científica?

Creo que en eso hemos avanzado muchísimo. La divulgación se puede hacer a muchos niveles. Un museo es una cuestión absolutamente educativa y divulgativa y, por tanto, ahí tienen que mejorar esas cuestiones, pero la divulgación se puede hacer de muchas maneras. Haciendo documentales que no estén sesgados. Hay muy pocos documentales, por ejemplo, que hablen de las poblaciones de la prehistoria y que no sigan repitiendo los modelos sexistas, de participación masculina exclusivamente. 

Es cierto que las mujeres en los documentales, en los museos, en los libros de texto, o no aparecemos o aparecemos con el cliché de madre o proveedora de alimentos

Claro. Eso está claro. A ver, con los museos hay una doble problemática y hay que decir que la mayoría de las directoras y directores de museos, sobre todo aquí en Andalucía que hay muchas mujeres directoras de museos arqueológicos, son realmente conscientes de esto. Hay como dos problemas, por una parte la forma en la que explicamos la cultura material que siguen siendo formas digamos que poco explicativas, o explicativas sólo para una parte. Luego están las representaciones, tanto en los discursos como en las imágenes. Y ahí sí seguimos teniendo un problema. El museo arqueológico que más mujeres tiene representadas es el Museo de Almería y tiene un 33%.  .

«O sea, las niñas y las mujeres que van allí no se ven representadas en algo tan importante como es la historia de quienes somos. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí y ellas no están?».

En el Museo Arqueológico Nacional, la sala de prehistoria tiene un 25%. Es verdad que han mejorado mucho en la actitud de las mujeres, porque no sólo vale poner mujeres. Hay que poner mujeres activas, haciendo cosas, y eso sí lo han mejorado. Pero bueno, el de Bilbao tiene un 20%, el de Asturias un 13% y de ahí para bajo.

O sea, las niñas y las mujeres que van allí no se ven representadas en algo tan importante como es la historia de quienes somos. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí y ellas no están?.

Una duda, ¿las mujeres también pintaban en las cuevas?

En el  tema de las pinturas rupestres siempre se ha entendido que quien pintaban eran los hombres, porque eso estaba relacionado con el chamanismo, con el poder, con la caza y con lo espiritual y por tanto, eran los hombres los que pintaban. 

En mis libros de textos siempre eran hombres los que salían pintando. 

Efectivamente. De hecho Arturo Asensio, un ilustrador, hizo una pintura sobre Altamira en la que estaba pintando una mujer, y lo criticaron porque era poco científico. Pero bueno, ¿qué prueba hay de que los hombres pintaran? Estamos empezando a tener pruebas, a través del análisis de huellas dactilares de las pinturas, de que hay muchas mujeres e individuos adolescentes. De hecho hay cuevas como la de la Fuente del Trucho  (Zaragoza) en la que hay huellas de manos hasta de bebés. Porque si entendemos el arte rupestre única y exclusivamente como un elemento ritual y preparado para que la gente cace y tal, estamos equivocándonos. Todas las representaciones rupestres son formas de comunicación que cuentan la historia de quienes son. Es una forma de comunicación y por tanto ahí está participando toda la población. Eso lo sabemos ahora. Es una cuestión social, no es una cuestión chamánica, ritual exclusivamente. 

¿Y sobre las diosas? O no salimos representadas o salimos como diosas. 

Claro, porque la diosa no es una mujer real. Una diosa es una abstracción y no es una mujer real.  Una cosa es que una diosa tenga poder y otra cosa es que tenga poder una mujer real. Son cosas distintas. Te dicen,  las mujeres son muy importantes porque erais diosas. No perdona, lo importante eran las diosas. Si quieres darle importancia a la mujer dásela a las mujeres de a pie, no a las diosas. Por ejemplo en el mundo íbero, la Dama de Baza. Esa escultura es maravillosa por lo que tenía dentro  y por lo que representa por fuera. Se ha considerado siempre la Dama de Baza como una diosa, una deidad. No. Es una mujer que está calzada, está con los pies en la tierra. Es una señora. Pero si tú pones a la dama de Baza, a lo que representa como una diosa, las mujeres reales no se pueden comparar con esa mujer porque es una diosa. 

Y para terminar, nos podrías decir cuál ha sido tu gran descubrimiento a lo largo de tu carrera como arqueóloga. 

La arqueología, en contra de lo que pueda parecer, es un trabajo que no funciona mucho con el gran descubrimiento, con el gran tesoro, mas bien al contrario. El descubrimiento para mí ha sido poder entender a las mujeres desde la prehistoria.

A mí me llaman muchas veces de asociaciones de mujeres del mundo rural y mujeres mayores para que vaya a darles charlas y eso de que a las mujeres les estés valorizando el trabajo cotidiano, de la casa, hace que algunas veces te lleguen y te digan: “Mira niña yo todo eso que tú dices ya lo sabía. Porque yo he trabajado mucho toda mi vida, no solo en mi casa, que luego me iba con mi marido al campo y cuando volvíamos del campo él se sentaba y yo me tenía que poner a cuidar de los niños y hacer la comida. Pero que venga de la Universidad alguien a decidme que yo valgo mucho, eso es lo mejor que me ha pasado hoy”. Para mí eso es genial. El poder transformar la realidad actual utilizando a las mujeres del pasado, ese es el mayor descubrimiento que yo he hecho. 

*Margarita Sanchez Romero es profesora titular del Departamento de Prehistoria y Arqueología en la Universidad de Granada y vicerrectora de Igualdad, Inclusión y Sostenibilidad de esta universidad. Es presidenta de la Asociación Española de Investigación de Historia de las Mujeres (AEIHM) y forma parte del Comité de dirección de la Society for the Study of Childhood in the Past y miembra de la comisión técnica del Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera. Sus investigaciones abordan la Arqueología de las Mujeres y las relaciones de género, centrando su análisis en el estudio de la cotidianidad, las actividades de mantenimiento y el cuerpo y la Arqueología de la Infancia, con especial interés en los procesos de aprendizaje y socialización, todo ello en las sociedades de la Prehistoria Reciente del Sur de la Península Ibérica. 

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LolaFPalenzuela

Acerca de LolaFPalenzuela

Obrera de la palabra, que ama las causas justas aunque sean difíciles y a veces perdidas, y que sabe que el arma más poderosa de transformación social es la palabra pensada, escrita, hablada, compartida. Creo en el periodismo comprometido y riguroso y abomino de la manipulación en todas sus formas y contextos.

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