“Lo importante de una librería es la libertad, por eso en nuestras estanterías caben todo tipo de libros”

feria del libro

Entrevista a Cristina García Guaita, al timón de la librería más antigua de Andalucía. La Poderío conmemora el Día Internacional del Libro
en la librería Bozano, que celebra su 95º aniversario.

En la calle Rosario, uno de los ejes peatonales más transitados de San Fernando (Cádiz), se alza el escaparate de la librería más antigua de Andalucía. “Yo no lo sabía”, reconoce humilde y sonriente Cristina García Guaita (1967), la nieta del fundador de Bozano, el establecimiento abierto en 1924 que, para conmemorar su 95º aniversario, ha decidido parar el tiempo mostrando algunos de los libros que vendían durante su casi siglo de historia.

La papelería del número 3 rebosa vida a menos de media hora de su cierre. Son las ocho y media de la tarde y varias personas ojean las nuevas incorporaciones, ubicadas en el medio del establecimiento, mientras un grupo de turistas se detiene en la exposición temática de la vitrina interior derecha, que alberga libros como Química y mineralogía escrito por Ascarza (1931) o el Preuniversitario. Literatura contemporánea. Los autores del programa (Lázaro Carreter y Correa, 1963).

Exposición temática conmemorativa del 95º aniversario. Fotografía cedida por Bozano./ Ruth de Frutos.

La librería, mi gran perdición

¿Cuál ha sido el papel de las mujeres en Bozano?

«En los primeros años todo estaba bajo el mandato de hombres, lógicamente por la época. Mi abuelo es la persona que la funda pero, aun así, todas mis tías por parte de padre –eran siete mujeres y dos hombres– trabajan en el negocio de solteras. En aquellos tiempos –estamos hablando de los cuarenta o cincuenta– en cuanto se casaban dejaban de trabajar. Mis tías Rosita, Leonor, Teresa y Angelita trabajaron, unas más y unas menos, hasta que se casaron».

Usted me habló de que su tía fue responsable de la librería junto con su padre, Francisco de Paula (1936), tras la muerte de su abuelo y ahora usted es la titular del negocio.

«En los años sesenta, mi tía Mamen, que se queda soltera, sí que se incorpora al negocio junto con mi padre y mi abuelo y se monta otra librería, la que teníamos en la Calle Real. Estos son los años de la expansión, con el momento tardío de la dictadura y todo empieza a cambiar. De hecho, la mayoría de las dependientas eran mujeres. Yo no sé por qué pero parece como que las mujeres tienen más cercanía con el público y los hombres eran, sobre todo al principio, los chicos de los recados (risas)».

Cristina aún recuerda cuando su padre le dijo que quería que sus siete hijos estudiasen una carrera. Todos se graduaron. Ella se decidió por Magisterio Infantil e incluso empezó a prepararse las oposiciones cuando finalizó sus estudios universitarios, como también hicieron dos o tres de sus hermanas.

«Pero la librería fue mi perdición. Al final estaba estudiando para las oposiciones y decía voy a bajar, que quiero ampliar este tema…. Y me iba a la librería (risas)», apunta la librera.

Cristina García Guaita y su padre, Francisco Paula García./ Carmen Guaita

En Bozano, el respeto a los mayores y la tradición se respira en el ambiente. Cristina tiene devoción por su padre, quien a sus 83 años continúa abriendo una segunda tienda familiar los días festivos. “Es que tenemos prensa”, justifica en el instante en que el grupo de turistas sale del negocio y su mirada les sigue hasta la puerta, para despedirse cortésmente y continuar nuestra conversación.

«Por desgracia, la prensa escrita tiende a desaparecer. No tenemos clientes de periódicos menores de cincuenta años. De hecho, todos son de setenta para arriba y compran prensa local. Casi nadie compra periódicos nacionales porque todo el mundo se entera de las noticias por las redes sociales. Yo recuerdo que, cuando empecé a tener más conciencia política, me encantaba llegar y ver todas las portadas, porque cada una decía una cosa diferente. Hoy en día es inconcebible. Yo me levanto, desayuno y veo las noticias por el móvil», confiesa Cristina.

El futuro está en infantil

Poco a poco la librería Bozano se ha especializado en literatura infantil. Cristina responde ipso facto sobre el género más comprado por las isleñas: narrativa e infantil. Tras casarse, la librera estuvo viviendo en Sevilla y, una vez más, su “perdición” la condujo a una librería. –Es mi destino de nuevo–, bromea. Trabajó siete años en la sección de infantil de La Casa del Libro y allí entendió que el futuro estaba y está en los libros infantiles. «Hoy los padres se preocupan mucho por la educación de sus hijos y eso les lleva a que haya más libros en casa. Desde mi perspectiva, y desde la de nuestra humilde librería, siempre he dicho que leen más las mujeres que los hombres», aclara.

Su opinión concuerda con el último Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros, según el cual Andalucía es una de las comunidades autónomas donde menos se lee, aunque desde 2011 registra uno de los mayores crecimientos de lectura en el tiempo libre. Son las mujeres quienes leen más libros, revistas y redes sociales y cuando compramos, preferimos acudir a las librerías. Según el informe, el 47,1% de los andaluces mayores de 14 años compraron libros a lo largo de 2017, lo que hace una media de libros comprados de 8,6, mientras que la media estatal es 47,3% (9,8 libros).

«¿Existe una literatura por y para mujeres?» –se pregunta la cañaílla–. «Yo creo que sí. Sobre todo, desde un tiempo a esta parte, ha habido un boom a raíz del movimiento feminista en la literatura de mujeres».

«¿Existe una literatura por y para mujeres?» –se pregunta la cañaílla, gentilicio con el que se les conoce en la Bahía de Cádiz–. «Yo creo que sí. Sobre todo, desde un tiempo a esta parte, ha habido un boom a raíz del movimiento feminista en la literatura de mujeres, como por ejemplo, con los libros de poesía de autoras jóvenes, que están sacando poemas más transgresores. Así y todo, tengo muchas lectoras mayores que hay que valorar. En Andalucía hubo un tiempo, la generación de nuestras madres, que ahora tienen setenta u ochenta años, que dejaban de estudiar pero seguían leyendo».

Cosiendo y leyendo

La historia familiar de Cristina no se puede entender sin libros, más allá de la librería. Su abuela materna se vio obligada a abandonar la escuela cuando tenía nueve años por la Guerra Civil, pero eso no le impidió seguir leyendo.

«Recuerdo a mi abuela o cosiendo o leyendo. Ella cosía para la calle mientras mi abuelo ponía inyecciones, porque era practicante, pero recuerdo que leía muchísimo. Creo que adquirió su cultura a base de leer. Da igual lo que leyese. ¡Qué más da si eran novelitas de amor, lo importante es que lean!», cuenta Cristina.

¿Cuál es su primer recuerdo de la librería?

«Todos. Tengo 51 años y recuerdo haber nacido prácticamente en la librería. Hicieron una obra de ampliación y mis padres se compraron el piso de arriba, así que he estado en la librería toda mi vida. Por ejemplo, hay un banquito de madera, que seguimos utilizando para subir a las estanterías, y allí hemos leído tebeos todos mis hermanos y yo: Roberto Alcázar y Pedrín (1941); El capitán trueno (1956); Lili (1970), que era una revista para niñas o Esther y su mundo (1971). Recuerdo esa imagen de sentarme en el escaloncito y leer los tebeos que estaban en un lateral de la librería».

La cuasi centenaria

El comercio cuasi centenario que se encuentra a las espaldas del Real Teatro de las Cortes, monumento inaugurado el 1 de abril de 1804 y donde se instalaron las Cortes Generales Extraordinarias hasta el 20 de febrero de 1811, se convirtió en el centro neurálgico para las compras de libros en el municipio de 95.100 habitantes y ha sobrevivido a la Guerra Civil, la posguerra y a numerosas crisis económicas.

¿Cómo lograban zafarse de la censura durante la dictadura?

«La filosofía que siempre tuvo mi abuelo, mi padre y después yo es que no nos casamos con nadie. En la librería hay sitio para todo el mundo independientemente de sus ideas. Evidentemente en aquella época, solo podías tener los libros que se mandaba que se pudiese tener. De hecho, algunas veces venían para secuestrar el libro, porque no se podía vender. Eso pasó a finales de los sesenta, porque el resto de libros estaban con el censor y no se podía vender nada que fuera antirégimen».

Interior de la librería Bozano. Fotografía cedida por Bozano

Y siguieron con esa filosofía durante la Transición?

«Cuando empezó la Transición, en nuestra casa siempre ha habido sitio para todos. Mi padre me dice que ahora no es políticamente correcto pero cuando murió Franco vino a firmar ejemplares su hermana y también José María Gironella (1917-2003), el autor de la primera novela que se escribió sobre la Guerra Civil que se llamaba Un millón de muertos o más allá de la paz y el periodista José Oneto (1942-), que era director de la revista Cambio 16… y aquí había sitio para todos. Ahora mismo creo que hay en estantería libros de Podemos, de Pedro Sánchez y de Vox. Lo importante de una librería es la libertad. En nuestras estanterías caben todo tipo de libros. Nosotros no hemos nunca dejado de vender un libro motu proprio e igual que en una época nos tocó vender libros de Belén Esteban, ahora nos toca de Pedro Sánchez o Santiago Abascal. Pensamos que en ello estriba la libertad de expresión y la libertad de prensa. Nosotros vendemos cualquier libro porque somos libreros. Mi abuelo se lo inculcó a mi padre y él a mí».

La pregunta más difícil para una librera

«No hace mucho me vino una madre que me dijo: «qué graciosa mi hija, me ha dicho que ella quiere ser activista”, tras leer Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes».


Hoy es el Día Internacional del Libro, ¿cuál nos recomienda?

«Hay muchos, muchos. A mí me gusta la narrativa y, en particular, la narrativa histórica donde viajes a otros tiempos y culturas. Pero también hay un libro precioso, con el que se pueden hacer verdaderas maravillas y su lema es “todas las niñas que merecen crecer pensando que pueden ser lo que ellas quieran”. Se llama Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes (Francesca Cavallo y Elena Favilli, 2017) y es el típico libro de 9 a 99 años, con pequeñas biografías de mujeres que han destacado por algo en la vida. No hace mucho me vino una madre que me dijo: “qué graciosa mi hija, me ha dicho que ella quiere ser activista”. La niña de cinco o seis años había leído el libro y había visto que había mujeres pintoras, escultoras y algunas eran activistas por lo que ella también quería serlo (risas)».

Tras este título de la literatura infantil, Cristina García enumera obras de distintos géneros sin descanso. La novela Patria (Fernando Aramburu, 2016) le marcó, al contar “el conflicto vasco desde la perspectiva de las madres”. La librera reconoce que siempre se decanta por las obras más interiores, en las que las protagonistas son luchadoras.

Libros expuestos en la librería./ Fotografía cedida por Bozano.

Esta reflexión en voz alta le lleva a La sombra del viento (Carlos Ruiz Zafón, 2001), “un libro de los libros”; pasando por el antes y el después que supuso para la literatura juvenil la serie fantástica de Harry Potter (J. K. Rowling, 2001-2016); volviendo a su infancia con La historia interminable (Michael Ende, 1979), uno de los primeros libros que leyó; hasta el universo de Eduardo Mendoza, llegando a El amor en los tiempos del Cólera (1986) o Cien años de Soledad (1967) de Gabriel García Márquez: “sus mujeres son maravillosas, y puedo recordar perfectamente dónde y cuándo me he leído sus libros”.

La conversación deriva hacia la importancia del realismo mágico latinoamericano y sus influencias en las escritoras actuales. Durante estos minutos la entrevista se convierte un diálogo tranquilo, como la voz de la librera al otro lado del teléfono, que describe la narrativa de Isabel Allende; Ángeles Mastretta y su Mal de amores (1996) o la última novela de Paloma Sánchez Garnica, La sospecha de Sofía (2019). Todos relatos que adora porque son: “historias de mujeres valientes y soñadoras”.

«Yo siempre digo que hay libros para cada lector y para cada momento de su vida. Cuando la gente me dice que no le gusta leer yo siempre le digo que no ha encontrado su libro. Hay libros que los coges en un momento de tu vida y te parece horrible y en otro momento es la primera maravilla del mundo», concluye.

En estos tiempos inciertos en los que leer es un arte y los discursos del odio y el populismo nos acechan, La Poderío os desea un feliz Día Internacional del Libro mediante esta conversación con Cristina García Guaita, la propietaria de Bozano. Esta librería cumple su 95º aniversario en el corazón de la isla de San Fernando, cuna de la Constitución de 1812, una herramienta que nos recuerda la importancia por la lucha de los derechos de la ciudadanía.

Ruth de Frutos

Acerca de Ruth de Frutos

Periodista e investigadora. Escribo sobre derechos humanos en @LaPoderiofem. I Premio de Periodismo Social "Alberto Almansa" en la categoría de periodismo ciudadano por el artículo "Málaga no se vende, se alquila al mejor postor".

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