Alicia, Carmen y Pilar en la ciudad de las maravillas (para ellos)

La falta de seguridad en el espacio público andaluz obliga a las mujeres a crear soluciones creativas de autoprotección

La falta de seguridad en el espacio público andaluz obliga a las mujeres a crear soluciones creativas de autoprotección

4.15 h. [Carmen vuelve a casa sola después de que cierren uno de sus bares habituales durante los fines de semana en Málaga]. “Cuando llegues a casa, dame un toque, ¿ok?”, le digo abrazándola, antes de despedirme.

Como todas las noches que salimos juntas y, casi sin darme cuenta, repito estas palabras. La frase se ha convertido en una seña de identidad de nuestros cuidados colectivos. No recuerdo una ocasión en la que quedemos más allá de la puesta de sol y que estas palabras no se repitan por alguna de nosotras.

Tampoco es algo puntual. Frente a la violencia simbólica, directa y/o estructural que sufren miles de mujeres cuando deciden utilizar los espacios públicos con libertad, las medidas de autoprotección imperan, casi sin que la propia beneficiaria se percate. Volver a casa a una hora no conflictiva, según cánones paternalistas y regresivos; caminar con las llaves en la mano por si deben ser utilizadas como mecanismo de autodefensa o fingir que se está hablando por el móvil, a veces con un novio imaginario -lo que perpetúa el rol de protección tradicional en la pareja heterosexual-, son algunos de los mecanismos utilizados diariamente con el simple objetivo de poder caminar seguras en espacios en los que deberíamos estar protegidas.

“Desde perspectivas feministas se ha cuestionado ampliamente que la ciudad como espacio público sea un espacio universal, donde en particular las mujeres puedan ejercer su derecho a la misma en condiciones de igualdad y libertad”

Eladia Guerrero y Verónica Slaviero, Asamblea Feminista Unitaria de Granada

“Desde perspectivas feministas se ha cuestionado ampliamente que la ciudad como espacio público sea un espacio universal donde las mujeres puedan ejercer su derecho a la misma en condiciones de igualdad y libertad”, escriben Eladia Guerrero y Verónica Slaviero, de la Asamblea Feminista Unitaria de Granada en el monográfico sobre Ciudad. Visiones críticas creado por la asociación feminista granadina La Trama. “Desde nuestra experiencia como colectivo feminista tenemos constancia de en qué forma esas desigualdades de poder se manifiestan, por ejemplo, en la vivencia de distintas formas de violencia sexual en los espacios públicos (acoso, agresiones sexuales, violaciones, etc.), siendo muy numerosos los casos que en los años de recorrido de la AFU hemos recibido. Estos casos evidencian que, en muchas ocasiones, el espacio público no nos pertenece; transitamos por él no como sujetos sino como objetos a disponibilidad de la sexualidad masculina”, concluyen.

Ilustración de Sara Fratini.

“Vuelvo sola”, #AvisaCuandoLlegues y otras protecciones colectivas

Frente a los últimos acontecimientos violentos, en determinadas ciudades andaluzas se han organizado iniciativas en WhatsApp con el objetivo de fomentar medidas de protección colectivas. Este es el caso de Vuelvo sola en Málaga, un grupo de WhatsApp de autodefensa en el que hay aproximadamente 200 mujeres cis, trans y personas no binarias para monitorear sus movimientos y alertar en el caso de alarma.

Esta propuesta nace de la Coordinadora contra agresiones machistas de Málaga (@territoriofemnistamlg en Instagram, un grupo que se reactivó en la Feria de Málaga 2018. Desde el perfil de esta red social se establecieron puntos de brazaletes morados en distintos lugares de la ciudad. “Trabajar en la línea de la #AutodefensaFeminista nos ha enseñado que en ausencia de medidas públicas que cubran nuestras necesidades de cuidar la integridad de nuestros cuerpos y nuestras vidas, podemos gestionar nuestra propia protección y garantizar las de las demás”, escribían en uno de sus primeros posts.

Ilustración de Sara Fratini.

“Vuelvo sola” funciona por invitación, para que conserve su naturaleza de espacio seguro, es una herramienta de reacción colectiva para casos extremos. El protocolo consiste en el envío de la ubicación de la persona que está en peligro al grupo, para que desde aquí puedan gestionar la situación, avisando a la policía e intentando contactar con la agredida. El objetivo es que haya spam cero, ya que si salta una notificación en el chat es que algo grave está pasando y es el momento de actuar con la mayor rapidez posible.

8.20 horas. [Esquina de Capitanía, La Isla de San Fernando, Cádiz]. Carmen: “Cuando estaba en el instituto, tendría entre 16 o 17 años, esperaba todos los días a que mi amiga me recogiese en moto y no un tío, sino más de uno, bajaban la ventanilla y se ponían a decirme: ‘Guapa’ y cosas así. Tíos mayores. Yo estaba con el uniforme en la esquina de mi casa y pensaba: ‘Si tú tienes en casa a tu mujer, hijo de la gran… Que tienes una hartá de años”

La gaditana explica su primer caso de acoso callejero junto a la Calle Real, aunque sin retroceder tanto en el tiempo puede enumerar otras experiencias similares con poco esfuerzo: “Las más heavy fue volviendo a casa por la noche. Muy tarde no sería, podría ser la una de la mañana. Estaba en COU o primero de carrera, no lo recuerdo bien. Un tío vino detrás de mí, pegado todo el tiempo, hablándome mientras yo intentaba andar ligero. Se me iba pegando y pegando hasta que llegué a la puerta de mi casa. Él la aguantaba y yo intentaba cerrarla. Conseguí pegarle un empujón y cerrarle la puerta en la cara”.

Nunca se lo contó a nadie. “Te sientes súper avergonzada porque, en el fondo, tu imagen de ti misma no está sexualizada a ese nivel”, declara Carmen de camino al ferry que la llevará a pasar unos días en Marruecos con otra amiga. “Yo me acuerdo que no decía nada y mucho menos de las que me sucedían en la calle por pánico a que no me dejaran salir mis padres. Lo que no quería es que me quitaran libertad por protegerme”.

“Lo que no quería es que me quitaran libertad por protegerme”

Carmen

Como ella, miles de mujeres y niñas que habían normalizado esta situación, han decidido visibilizarla a través de iniciativas como #AvisaCuandoLlegues. Tras la desaparición y el asesinato de Laura Luelmo en El Campillo (Huelva), la periodista Ángels Barcelo se hizo eco de esta campaña en un programa de radio de máxima audiencia, “animando a compartir tus capturas de pantalla con esos mensajes que has enviado de vuelta a casa tras una noche de fiesta, del trabajo de universidad”.

¿La calle es nuestra?

El artículo 3 del Convenio de Estambul, ratificado por España en 2014, afirma que “por ‘violencia contra la mujer por razones de género’ se entenderá toda violencia contra una mujer –incluyendo a niñas menores de 18 años- porque es una mujer o que afecte a las mujeres de manera desproporcionada”.

No recuerda qué hora era. [Trayecto de su casa en los Corazones al Centro histórico, Málaga]. Alicia: “Por la avenida Andalucía, iba andando yo sola por la calle y me crucé con un hombre que me tocó directamente la teta y siguió hacia delante. Yo me quedé crazy no, lo siguiente. Me quedé tan en shock que seguí pa’lante y cuando llegué al centro conté traumatizada lo que me había pasado pero ya está. No pasó nada más”.

Teaser del documental ¿La calle es nuestra?

Sobre la forma de actuar ante una agresión y otros más puntos relacionados con el acoso callejero reflexionan en ¿La calle es nuestra?, un documental colaborativo y participativo que están creando en Málaga Doris Otis, Ana Robles y Marina Báez. “Hay una parte de naturalizar, no por hacerlo normal, sino por poner encima de la mesa que esto está pasando”, nos explica Doris. “Hay que empezar a hablar de ello con la seriedad que tiene, porque es violencia. No solamente para visibilizar la agresión sexual o la violencia simbólica, sino también para sacar la parte de empoderamiento. Muchas de las mujeres que participan abren cajas que no habían abierto antes, que no tenían pensado contar y que, a veces, no habían verbalizado nunca. Son testimonios duros. Vemos ahí una parte de empoderamiento al poder expresarlo y ver las conclusiones que sacan”.

Ilustración de Sara Fratini.

Si bien en 2017 se avanzó en la regulación nacional sobre esta materia, con la aprobación de un Pacto de Estado contra Violencia de Género y tras el anuncio del Observatorio de Violencia de Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial de que comenzaría a denunciar “todas las violencias contra la mujer por el hecho de ser mujer”, lo cierto es que pocas entidades monitorean las agresiones que se cometen en la vía pública de manera integral, lo que invisibiliza casos como la víctima de La Manada el 7 de julio de 2016 o la desaparición y el asesinato de la profesora de dibujo en el municipio de la provincia de Huelva el 12 de diciembre de 2018.

El portal feminicidio.net registra 97 casos de feminicidios y otros asesinatos de mujeres cometidos por hombres en España en 2018, entre los que se encuentran feminicidios íntimos oficiales, no oficiales, no íntimos, familiares, infantiles, por prostitución, asesinatos sin datos suficientes, por violencia juvenil, por robo y varones asesinados en el marco de la violencia machista. Por su parte, Geoviolencia sexual ha registrado 89 agresiones sexuales múltiples entre 2016 y 2018, como la del caso paradigmático de La Manada de Sanfermines.

“El autocuidado implica estar alerta, no estar paranoica, pero siempre estar alerta y para eso conocer los espacios urbanos donde te mueves es clave”

Graciela Atencio, directora de Feminicidio.net

Graciela Atencio es la directora de este observatorio de la sociedad civil contra violencias machistas que en 2019 incorporará una sección específica sobre acoso sexual callejero para que las víctimas puedan denunciar estas y otras agresiones sexuales. “El autocuidado implica estar alerta, no estar paranoica, pero siempre estar alerta y para eso conocer los espacios urbanos donde te mueves es clave”, afirma la periodista.

La formación e información en esta materia también es demandada por Amnistía Internacional (AI). “La falta de campañas informativas de atención o protección para combatir la violencia sexual deja a las mujeres sin saber qué hacer en momentos especialmente traumáticos, y las enfrenta a descubrir por su propios medios procedimientos diferentes según la comunidad autónoma en la que vivan”, señaló el director de AI España, Esteban Beltrán.

Frente a todas estas dificultades, Amnistía Internacional ha puesto en marcha la campaña No más piedras que cuenta con el apoyo de más de 200 organizaciones para reclamar, al lado de las personas que ya están en la calle, medidas rápidas y eficaces que planten cara a la violencia sexual.

Pilar se enfrenta a sus monstruos

Todos los días durante los nueve meses que estuvo en ese puesto, la mayor parte de las preocupaciones de Pilar no provenían de su vida laboral precarizada, sino del camino de ida y vuelta a su puesto de trabajo.

15.00 horas. [En el trayecto diario entre Fuente Olletas y el Centro histórico, Málaga]. Pilar: “Cuando iba a salir por las mañanas de mi casa pensaba si me tenía que cambiar de acera en la Alameda de Capuchinos o si llevaba cierta ropa, dado que empecé a trabajar allí a principios de abril y terminé a finales de enero del año siguiente. Estaba segura de que si me ponía cierta ropa: una camiseta o unas mayas, en plan deportivo, algo me iban a decir. El día que no tenía ganas de plantarles cara o que me importaba un poco más me cruzaba de acera, hasta que un día me enfrenté a ellos y les dije que no sabían con quién se estaban metiendo (risas) y que el próximo día les estampaba algo en la cabeza. Pasó una temporada que no me dijeron nada pero luego volvieron”.

Conocí a Pilar en octubre de 2015 en un curso de fotografía y, desde entonces, nos han interrumpido, piropeado y seguido por la calle en más de una ocasión. La andaluza, como ella misma se define al haber nacido en Sevilla y vivido en varios municipios de la comunidad autónoma, al igual que las cien mujeres a las que Kayleen Schaefer entrevista en su libro Text Me When You Get Home: The Evolution and Triumph of Modern Female Friendship, confían en que los mecanismos de apoyo mutuo, los cuales son recurrentes en nuestras conversaciones y actuaciones diarias.

22.05 h. [Centro histórico, Málaga]. Pilar: “El otro día cerré sola, lo cual va en contra de nuestro protocolo. Trabajo en un piso y el año pasado a una compañera le dieron un susto bueno”, resumía en nuestra última cena juntas.

Ilustración de Sara Fratini.

Por “susto” se refería a seis hombres que se presentaron en su puesto de trabajo a última hora diciendo que querían un masaje. Frente a la negativa de su compañera, quién estaba sola en el establecimiento, los desconocidos intentaron entrar y, al no conseguirlo, la esperaron en la escalera. Desde ese incidente, la responsable decidió que al menos dos personas realizarían el cierre todos los días, aunque Pilar reconoce que no siempre se cumple.

“Mi jefa dice que hay cámaras pero te sirven para pillar a alguien una vez pasado lo que sea. No impide que suceda algo”, afirma la andaluza que, cuando vuelve a casa de noche, tiene como rutina engancharse el llavero en la mano de forma que su llave del portal apunte hacia abajo, “porque es un poquito más alargada y afilada”. Su “teoría o estrategia de defensa”, como ella misma la define, consiste en que “si alguien viene por detrás, me agarra o me da un susto, yo en ese momento intentaría pincharle en la cara o algo para que me dé tiempo a reaccionar y salir corriendo, si se pudiera”.

La falta de protección en este tipo de espacios, unida a la ruptura de los vínculos entre vecinos generada por la proliferación de viviendas con fines turísticos en las grandes ciudades está generando que aumente el nivel de vulnerabilidad de las mujeres, como se discutió tras la última reunión de 2018 del Sindicato de Inquilinas de Málaga.

Sin embargo, las medidas de protección pasan necesariamente por una profunda deconstrucción del pensamiento mayoritario de que la responsabilidad de las agresiones es, una vez más, de la víctima o de su círculo más cercano. Las autoridades públicas son las máximas responsables de la integridad física de la ciudadanía.

Hoy es viernes por la noche. Alicia, Carmen, Pilar y sus amigas volverán a salir en Málaga. Lamentablemente, antes o después de los dos besos de despedida, una de ellas va a decir:

“Mándame un WhatsApp cuando llegues a casa, ok?”

*Las notas de audio a través de WhatsApp han sido transcritas literalmente, para respetar el carácter testimonial del texto.

**Aclaración: Algunos de los nombres de las personas que aparecen en el relato han sido modificados para protegerlas.

Ruth de Frutos

Acerca de Ruth de Frutos

Periodista e investigadora. Escribo sobre derechos humanos en @LaPoderiofem. I Premio de Periodismo Social "Alberto Almansa" en la categoría de periodismo ciudadano por el artículo "Málaga no se vende, se alquila al mejor postor".

Laura Rueda

Acerca de Laura Rueda

Creo en la comunicación que reivindica otras realidades, y en la cultura como herramienta de transformación del alma y de la sociedad. Nunca me etiquetes ni me digas que no puedo hacer algo, soy una entusiasta con la energía y cabezonería suficientes para demostrar que mi manada y yo siempre podemos.

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