Del hartazgo de la urgencia

¿Será el estrés? ¿Serán los años? ¿Será que no sé que es pero que me quiero bajar?. Pero si me bajo, ¿dónde me quedo? ¿Puedo elegir parada o es el azar el que me la otorga?. ¿Y si esa estación no me gusta?. ¿Y si esa estación es igual que esta o quizá peor?.

Lola Fernández Palenzuela – Texto / María de la Cruz Ruiz – Fotografía

¿No existe un lugar neutro? ¿No existe un neutro que no lo sea?. Un neutro con contenido que sea como yo quiero que sea.

Y ¿cómo es eso que yo quiero?. Un neutro de colores. Un neutro de sentimientos. Un neutro de acciones necesarias que son necesarias porque yo lo sé. Un neutro sin competición ni exámenes.

Pero, ¿es que existe el neutro?. Creo que no. Borremos pues este párrafo.

No existe el neutro, es cierto. Pero sí existe el agotamiento. El agotamiento que seca la intención y la palabra. Que genera cansancio en el cuerpo y en la mente y no es producto del cambio de estación. Tal vez es producto de la urgencia del saber que sabes que no tienes tiempo. Saber de la urgencia de un tiempo para el sentir que se te arrebata por eso mismo, por la urgencia de algo, de infinitos algos que siempre se colocan al principio de tu lista de quehaceres diarios.

Vale. Sí. La lista. Pues rompamos la lista. ¿Quién tiene la tijera corta-listas?.

 

 

Yo la tuve pero la llevé a afilar porque ya no cortaba y cuando fui a recogerla me dijeron que yo nunca había estado allí. Que esas tijeras no se fabrican y que yo nunca tuve nada similar. Usted nunca antes había estado en la tienda de afilar tijeras corta-listas porque no existen, me dijeron. Sin embargo yo sé que las tuve y sé que estuve allí. Sé que me cogieron el encargo y me dijeron: “pase usted mañana”.

Pero bueno, una vez asumido que las tijeras no están,  que el de la tienda se las quedó y no las afiló,  afronto el día desde la equivocación de la lista mañanera que se apalanca en mi día y martiriza mis noches.  ¡Por qué no te callas!!!  ¡Ya!!!!!!!

Recurres a estrategias de llenar el silencio con ruido y acallar así la insistencia de esas palabras unidas que se presentan en filas infinitas de mandatos.  Pero, ¿quién mandata sin sentido alguno y quién obedece sin ver tanto absurdo?

Y llegado a este punto. Hacía dónde tiro. ¿Realmente es necesario obedecer el mandato, los mandatos con los que tu y el resto del mundo os obsequiáis cada noche, cada mañana, cada atasco de autovía?.

¿En qué momento de tu vida realmente  te sientes libre? En qué momento del día, de la noche, en qué momento del no-tiempo  te sientes liberada de no atender mandatos? ¿te acuerdas de alguno?.

Pues eso.  Que lo llevas crudo si no te das cuentas que todo esto es un absurdo real que corta pies, manos y voluntades. Que es mentira que necesites tijeras corta-listas. Que es mentira que existan mandatos que se posicionan en tus días. Que también es falso que te guste lo neutro ni nada que se le parezca. Que tu vida no es un tren y que no hay más paradas que las que tú quieras hacer.

Que no te atormentes. Que digas que no. Que digas: NO ME DA LA GAAAAAANA. 

Que no hay más penalización que la que tu misma te das día tras día, noche tras noche,  contemplando aquello te impones sin saber por qué. Pasa de la penalización y de las imposiciones.

Disfruta y relájate. Sonríe al mundo y déjate llevar. Déjate llevar por ti misma y no por las construcciones tan extrañas que día a día te fabricas.

VIVE, cariño. VIVE sin más.

 

Acerca de LolaFPalenzuela

One thought on “Del hartazgo de la urgencia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *