Mucho más que un festival de videoarte feminista en la sucursal del cielo

Cali es una de las primeras etapas de la gira latinoamericana de Fem Tour Truck

Huele a ajo, yogur, aguacate y plátano. Un grupo de personas cocina y comparte experiencias alrededor de una mesa situada en el corazón del Museo de la Tertulia en Cali. Esta es la ciudad de Colombia con el mayor número de afrodescendientes en cifras absolutas y su vida cultural atrae cada vez más a personas de todo el mundo.

“Decidimos incorporar Colombia en nuestra gira latinoamericana porque es un punto emergente, tanto a nivel cultural como en movimiento feminista”, afirma Alejandra Bueno, una de las promotoras del Fem Tour Truck. Esta iniciativa es mucho más que un festival itinerante de videoarte feminista. Cocina, producción audiovisual, máscaras y arte en general se fusionan en esta iniciativa cultural organizada por la asociación Guerrilla Food Sound System, que tiene como objetivo recuperar el espacio público y acercar los feminismos mediante el arte.

Cocina, producción audiovisual, máscaras y arte en general se fusionan en esta iniciativa cultural organizada por la asociación Guerrilla Food Sound System, que tiene como objetivo recuperar el espacio público y acercar los feminismos mediante el arte.

El festival, con tres años de vida en Europa, cruzó el charco por primera vez este año y recorrió, desde el 15 de agosto hasta el 1 de septiembre, ciudades y pueblos de Colombia y Ecuador. “La realidad ecuatoriana es más complicada, pero es necesario generar espacios de encuentro a través de las prácticas artísticas para hablar de género y feminismos”, afirma con una sonrisa esta joven vasca antes de levantarse de la silla y comenzar a buscar a Zaski, su perro, que juega entre los participantes de los distintos talleres del festival.

El taller de cocina dio paso a otro sobre máscaras y a un tercero de creación de sellos. De manera casi intuitiva, “se intentan buscar otras perspectivas menos académicas para  hablar de derechos humanos. Deconstruimos los roles de género a través de prácticas artísticas que las personas puedan reconocer”, explica Alejandra.

Anna, una estudiante alemana que realiza en la ciudad denominada la sucursal del cielo un voluntariado se sorprende de que haya este tipo de iniciativas de manera gratuita. “Acabo de llegar a Cali, me he acercado al museo y he visto que estaban haciendo un taller de sellos. Aún tengo la habitación sin decorar y me parecía una buena idea hacer algún cartel sobre feminismo”, reconoce tímidamente.

 

Cocina de guerrilla

La canción Antipatriarca de la chilena Anita Tijoux se oye en todo el recinto cuando Alejandra explica el principal reto del taller de cocina: “El desarrollo de la creatividad a través de conexiones improbables”. Rubén Castillejo es el responsable de esta parte del festival. Su formación en alta cocina le hizo replantearse hace años el fin economicista que se movía entre fogones y descender a lo que él considera realmente importante: satisfacer necesidades gastronómicas. El cocinero comenta los inicios del trabajo colectivo: Así, comenzamos a hackear recetas y promover la cocina como herramienta política de empoderamiento”.

“Así, comenzamos a hackear recetas y promover la cocina como herramienta política de empoderamiento”.

El taller de una hora permite desmitificar la idea del chef blanco, europeo y “limpísimo”, como bromea el cocinero, y entablar una dinámica mixta en la que se reconoce el papel de las mujeres como las auténticas protagonistas. “Jugamos con la innovación y la creatividad, buscando un pincho que represente algo relacionado con las mujeres y la feminidad”.

Esta “cocina de guerrilla”, como la denomina el vitoriano, comenzó en 2011 en el País Vasco y, en la actualidad, se ha mezclado con diferentes prácticas artísticas relacionadas con derechos humanos en general y con los feminismos en particular.

“Nuestro objetivo es generar experiencias participativas, ocupando el espacio público y, en este caso, hablando sobre feminismos”, comenta Rubén ultimando las cuestiones técnicas antes de comenzar las proyecciones de los cortos. “Dependiendo del espacio, actuamos de una manera u otra. Por ejemplo, en Colombia no hemos podido traer el camión intervenido que utilizamos en el Estado español para las actividades”, reconoce.

Alejandra manipula ingredientes invisibles en el aire mientras relata la importancia del taller de cocina: “La mezcla se hace contagiosa y permite hablar con naturalidad de otro tipo de cuestiones como la empatía”.

Participantes del taller de cocina del Fem Tour Truck en Cali./ Ruth de Frutos

Cine itinerante

Además de los talleres, el Fem Tour Truck utiliza el cine como un agente de cambio social. Más de 300 cortometrajes participaron en esta edición bianual y los filmes ganadores se exhiben dentro de la programación de la muestra cuando cae la noche. Tras una breve presentación de la iniciativa, se van encadenando cortos mexicanos, españoles o canadienses, que generan distintas miradas sobre los feminismos.

Nuestra venganza es ser felices, fue uno de los filmes que más llamaron la atención al público caleño. El trabajo de la mexicana Laura Juliana, que ganó la categoría de videoacción en esta edición del festival, reivindica la felicidad como forma de resistencia social para enfrentar las desigualdades de género que relatan distintas mujeres durante el filme. La famosa frase de la escritora y activista norteamericana Kate Millet “lo personal es político” se convierte en el lei motiv de esta pieza interdisciplinar, que gira mediante el relato de tres artistas nacidas entre los ochenta y los noventa.

 

“La muestra pretende criticar los patrones establecidos por la sociedad patriarcal mediante piezas audiovisuales y un posterior coloquio con invitados especiales en cada una de las ciudades” se afirma en la convocatoria de la primera edición internacional del cine feminista en acción en su página web.

“El público del Fem Tour Truck en Cali no es el mismo que el del Petronio”, comenta Rubén mientras sonríe haciendo referencia al XXII Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez que reunió a más de 50.000 personas durante el mismo fin de semana en la capital del Valle del Cauca. “Estamos desarrollando distintas actividades artísticas sobre feminismos en un Museo de Arte Contemporáneo”, por lo que las personas que se acercan son diferentes a las actividades que realizan en espacios públicos como la Plaza del Sol de Madrid, donde la gente es mucho más variada”.

Arte político o política en el arte

Rubén termina el cigarrillo y responde conciso. “Recibimos financiación pública del Gobierno vasco y también tenemos financiación propia. Para la parte latinoamericana, hemos conseguido fondos del Ministerio de Cultura ecuatoriano, pero todas nuestras actividades son gratuitas y es necesario que se nos permita una libertad de creación absoluta”. Su militancia política rezuma en toda la conversación. “El taller de máscaras nace de las capuchas que se utilizaban en el País Vasco por ambos bandos. Tratamos  de esta manera de desdramatizar el conflicto y hablar de identidades”.

El Fem Tour Truck concluye sus actividades en Cali y, rápidamente, el equipo organizador recoge toda la infraestructura para descansar unas horas antes de continuar un viaje que les llevará a Narriño, Cayambe, Quito, Riobamba, Mancora y Cuenca. Mientras, Zaski permanece tumbado esperando la siguiente etapa de la gira latinoamericana.

Ruth de Frutos

Acerca de Ruth de Frutos

Periodista. Escribo sobre derechos humanos en @LaPoderiofem. El 14 de noviembre nos reconocerán con el Premio de Periodismo Social "Alberto Almansa" por el artículo "Málaga no se vende, se alquila al mejor postor".

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