Poderío tiene acento andaluz y feminista

Comunicación con acento y dialecto, con mirada de luceros encendidos, con la cabeza bien puesta y con el corazón y la pluma en la mano. 

Mi acento es el acento, de mi gente
Mi voz está impregnada de Andalucía
Y si alguien me pregunta por lo que añoro
Le respondo que todo lo que tenía.
“Dejándonos la piel”
-Rocío Jurado y Lola Flores

Así cerramos el ideario de La Poderío, un texto que resume todo lo que somos y lo que pretendemos ser como medio de comunicación feminista que tiene la mirada puesta en un espacio y en un contexto muy definido del que venimos algunas y en el que nos hemos ido encontrado otras.  

Casi tres años después,  sigue siendo nuestra carta de presentación la que recoge toda esa amalgama de experiencias concretas y universales que hemos venido acumulando desde lo personal,  lo profesional  y también lo militante

Aquí habrá gente que diga que eso del periodismo y la militancia no son buenas compañeras de viaje. Pues muy bien. Como si los medios de comunicación generalistas dirigidos y coordinados mayormente por hombres blancos de mediana edad no estuviesen significados precisamente por esas tres características y no destilasen su poquito (y su muchito) de heteronormatividad en los contenidos, en las estructuras, en la selección y priorización de la información a publicar.  Lo que pasa es que ellos no tienen porqué decirlo y nosotras sí.

Nuestro acento era una ausencia dentro de un relato con el que nos hemos  construido como personas, como mujeres y como feministas.

Hablamos de acumulaciones materiales que conforman  un hilo de ausencias del que hemos querido tirar, porque cuando nos hemos venido a dar cuenta, nuestro acento no estaba en ningún lado. No es que estuviera poco o flojito para que no llamase la atención. Nuestro acento era una ausencia dentro de un relato con el que nos hemos  construido como personas, como mujeres y como feministas en Andalucía; un vacío asimilado con el que hemos crecido, trabajado, visto televisión, escuchado y haciendo radio, leído libros, visto cine. Nuestro acento no está en las historias que hemos estudiado ni en las que nos han contado, tampoco se ha incorporado en las narrativas mediáticas si no ha sido para reforzar y seguir perpetuando los estereotipos que todas conocemos.

Reivindicamos nuestro acento como un universo que va más allá de las formas de hablar, y que se da en un contexto sociopolítico y económico muy definido. Nuestro acento trabaja por darle una vuelta al imaginario, rescatando a nuestras referentes y recuperando su lugar en la historia, desfolclorizándolas y dándole el lugar que merecen porque la hegemonía cultural e histórica les ha arrebatado.

Ese hilo conecta irremediablemente con un feminismo que no encuentra respuestas en el feminismo hegemónico porque él no está cruzado por algo que para nosotras si es fundamental incluir como categoría de reflexión: la territorialidad. ¿Cómo establecer un diálogo de iguales cuando tenemos problemáticas tan concretas que surgen de la pobreza, del reparto de la tierra, de los conflictos y la explotación en el campo andaluz? Muchas dirán que empoderándonos y teniendo un debate propio.  

Perdona, pero de empoderarnos nada

A nosotras nos decía y nos dice entre cero y menos diez esto del empoderamiento. Las mujeres empoderadas, los procesos empoderantes, talleres para empoderarse, empodérate tú, tú misma, con nosotras pero tú, pa ti, tu empoderamiento y la responsabilidad individual de empoderarte hasta el infinito y más allá. Empodérate corriendo, empodérate haciendo una lasaña, empodérate parriba, empodérate si es que puedes y tienes tiempo, que si no te empoderas es porque no quieres, empodérate siendo tu propia jefa. 

De repente todo era empoderante y, al final, lograba efecto rebote en muchas de nosotras:  cuando escuchábamos esa palabra, que sigue resultándonos manida a estas alturas,   nos lanzaban  inmediatamente a mitad del Gobi sin billete de vuelta, porque si todo es empoderante, nada es empoderante.

Aquí no nos empoderamos, aquí somos y tenemos poderío, que leído en seco puede sonar a poco, pero dicho en voz alta, se come uno a uno todos los asientos de la RAE.  

 ¿Y qué necesidad tenemos de hablar de empoderamiento cuando, como en tantas otras cosas que pasan inadvertidas, existe en nuestra genealogía oral  y vocabulario cotidiano una palabra mucho más contundente y redonda? Un término cargado de fuerza que no habla de procesos ni de desarrollo, un concepto que habla de una forma de estar en el mundo y de no dejar a tu suerte que puedas alcanzarlo o no: el poderío. 

Porque,  como en tantas otras cosas,  el empowerment del que se habla tanto, tenía y tiene un equivalente andaluz con matices al que siempre hacemos referencia cuando nos preguntan por qué en La Poderío, en esta revista, nos llamamos así y no de otra forma. Por qué Poderío. Pues porque aquí no nos empoderamos, aquí somos y tenemos poderío, que leído en seco puede sonar a poco, pero dicho en voz alta, se come uno a uno todos los asientos de la RAE. 

Y del poderío a La Poderío

Feminizamos la palabra Poderío porque para nosotras la memoria y el acto de tirar hacia adelante, de trabajar de forma invisible e invisibilizada , de formar parte del motor de una historia que no se cuenta,  tiene nombre de mujer andaluza. Lo colectivo, lo comunitario, las corralas que se crean, las fincas que se ocupan, los espacios que reivindicamos tienen nombre de mujer. Lo que revindicamos con poderío es un feminismo andaluz con un abanico de acentos: el antirracista, el feminista, el antifascista. Un feminismo andaluz que ponga la tilde en la justicia social. No queremos más de lo mismo, no queremos usar el acento para refolclorizar, para volver a ser musas de pintores, no queremos que nuestros relatos lo escriban otros.

Comunicar con acento feminista y andaluz es de justicia, apostar por una información pausada que siga aportando material al debate y claridad a nuestros procesos como comunicadoras feministas.

La responsabilidad de contar historias que permitan poner el foco en otros relatos subalternos e invisibilizados y darles el espacio que merecen es grande. Pero comunicar con acento  feminista y andaluz es de justicia, apostar por una información pausada que siga aportando material al debate y claridad a nuestros procesos como comunicadoras feministas que quieren trabajar en relatos de la forma que merecen, despojándolas de todo los cichés que se han construido a través de la mirada externa, el marketing y los señoritos a caballo. Construir memoria con un acento propio y dar espacio a lo que otros medios silencian y olvidan. Ese es el acento que tenemos y del que hablamos en el ideario. El poderío, como el fuego, también es nuestro.

Rocío Santos Gil

Acerca de Rocío Santos Gil

Arrabalera y de clase trabajadora. Rocanrol actitud.

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