El Ave Queer renace

Este texto está en la sección La Corrala, el patio de vecinas de La Poderío donde cada una charlotea, cascarrilla y pone colorá lo que sea mientras le da el fresquito o el sol en la cara. Más agustito que te quedas, oú. Eso sí, La Poderío no tiene nada que ver con lo que se pone aquí, solo apoya la participación de las lectoras. Puedes enviar tus artículos a ole@lapoderio.com. Otra cosa, antes de hacernos las propuestas pedimos que leas nuestro ideario.

Inés Serrano García y Iván Vázquez Delgado.

Seis de la tarde en la plaza sevillana José Luis Vila. Aquí se encuentra El Coco Verde, bar en el que Cynthia Veneno, artista, poeta y activista, tuvo que acabar sirviendo mesas por la pura precariedad del arte. También convoca algún que otro miércoles al colectivo LGTB, para que venga a latir con fuerza y presencia. Hasta las seis de la tarde la rutina ha llenado la plaza de niñes que juegan, de vida. De hecho, son raras las tardes en las que no se celebra un cumpleaños en la terraza de El Coco Verde.

A esa hora se preveía que el mercadillo empezase a funcionar, pero no había nada preparado aún; aquí todo se retrasa. Muches de les artistas ya están por allí, calentando el cuerpo para las actuaciones con las primeras cervezas. Charlan dentro y fuera del bar, creando un ambiente casual, cercano, accesible, sororo. El trío de La Yerbabuena está en la puerta; las onubenses Rocío Gálamo y Estela Rengel, artistas y grandes amigas, charlan dentro del bar. Se llevan mesas al almacén para dejar espacio a todo lo que está por venir. Todes están nervioses, algunes se conocen entre elles, otres no, pero el clima invita a la confianza.

La Queer Jam surgió el pasado octubre, bisemanal, pero debido a la decreciente afluencia de personas tuvo que suspenderse apenas un mes después, tras cuatro ediciones. Ahora, diecinueve de febrero, vuelve con más fuerza, con más ganas y con  más arte. Ya no solo disfrutaremos de actuaciones en directo. Les artistas, y activistas, tendrán su lugar, todo el tiempo, enfrente del escenario, para poner sus creaciones a la venta. Pasadas las seis y media el mercadillo está listo. Ilustraciones, pegatinas, láminas, fanzines, colgantes, anillos… Bernar Usk, conocido por sus retratos callejeros de Sevilla, improvisaba una crónica ilustrada de la Queer Jam. Carmela La Candela, dedicada a dar talleres de igualdad entre mujeres del ámbito rural, trae sus femzines, fanzines colectivos sobre feminismos andaluces.

Mercadillo en El Coco Verde. Algunes visitantes charlan con les artistas en los diferentes puestos./ Foto: Inés Serrano.

Las actuaciones comienzan a las siete y media, con una hora de retraso. Abre Rocío Gálamo, cantautora onubense. El público no es muy numeroso aún -niñes que quedaban del cumpleaños ocupan la primera fila- pero llena el espacio de carcajadas cuando la cuarta cuerda de la guitarra de Rocío se rompe en mitad de la primera canción. Lucía Delgado, otra de las artistas, le presta su guitarra y todo sigue como si nada.

Cynthia Veneno dando la bienvenida a les asistentes mientras Rocío Gálamo se prepara./ Foto: Inés Serrano.

La performance de La Yerbabuena marca un punto de inflexión. El joven trío que apenas cuenta con ocho performances es ya experto de crear tensión, remover conciencias y evocar emociones. Las caras de la gente lo decían todo. Todas, petrificadas, no querían perderse nada, no sabían cómo sentirlo.

Parte del público se suma a la performance de La Yerbabuena. El cuerpo de Patri se convierte en lienzo. Cuando terminen con ella, será embalada dentro de una caja de cartón y abandonada en mitad del bar./ Foto: Inés Serrano.

Es entonces cuando la sala comienza a llenarse y el ambiente se espesa. Roza lo agobiante. Incluso las personas que solo habían venido al bar a tomar algo se sintieron atraídas por el espectáculo. Les asistentes han recibido ya tantos estímulos que no saben a qué atender, están hiperactives. En más de una ocasión Cynthia, y hasta algune espectadore, tuvo que pedir silencio y respeto por les artistas que estaban sobre el escenario.

Once y media de la noche, Andreyya Al-Rakuniyya termina tras haber puesto la sala a perrear hasta abajo con su rap con reggaeton feminista. Fue sin duda la artista que más energía sacó al público. La gente estaba ya muy cansada, es miércoles y hay que trabajar a la mañana siguiente. DJ Maruxina, feminista y punki, última del cartel, se queda sola. Todas salimos a despedirnos a la puerta. Han sido muchas horas, muchas actuaciones, muchísima gente dentro del Coco Verde.

Publicación de Cynthia Veneno en su perfil de Instagram el 21 de febrero.

Dos días después Cynthia Veneno sube a las redes una ilustración que no es ilustración, es una crítica verbal ante el silencio que el neofascismo quiere imponer sobre quienes sentimos la identidad, el amor y el sexo de maneras no hegemónicas. Un espacio de arte con mirada LGTB, exclusivamente LGTB, es tan necesario como siempre, por mucho que pueda molestar, por muchos a quienes Cynthia Veneno tenga que dejar fuera del escenario de seguridad y hermanamiento que ha levantado.

Ya en la primera Queer Jam un grupo de jóvenes heterosexuales fuera de la convocatoria quiso actuar, sin conocer previamente el evento. No pudieron participar porque el cartel estaba cerrado, y porque no pertenecían al colectivo. Su protagonismo en el evento no tendría ningún sentido. Cynthia les invitó, por lo tanto, a que se quedasen a ver las demás actuaciones, pero ellos escogieron tocar su música en la terraza, ignorándolas. Un claro ejemplo de cómo las identidades hegemónicas ocupan los espacios, incluso cuando están organizados para dar visibilidad a otras que no los tienen.

En esta ciudad se han estado desmontando muchas resistencias y las generaciones pasadas se encuentran, en cierto sentido, en stand by de cara a la vida pública. Aun así, ningune habitante de Sevilla podrá darse por insatisfeche con la gran cantidad de eventos que han estado bullendo en las calles estos últimos meses. Los espacios de resistencia, a partir de ahora, deberán permitir conjugaciones entre artistas LGTB, o sino, no serán. Hasta ahora, el imaginario común de lo politizado había dado por sentada la presencia fantasmal de estas identidades, lo que ha derivado en una normalización de su ignorancia y, por ende, en la banalización de su crítica y su arte, imprescindibles para comprender el panorama.

La reciente caída de la Queer Jam en El Coco Verde pudo haberse dado por una simple razón: terminaron creando una especie de gueto. Esta iniciativa, ahora reconstruida, basa sus esfuerzos en difundirse de cara a quienes realmente deberían consumir esta cultura LGTBI para aprender a valorarla: los que se encuentran fuera de ella. Así, tal vez, todes podamos construir juntes, apreciando como se merece el esfuerzo -innegablemente mayor- de las identidades no hegemónicas en el espacio público político de Sevilla.

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La Poderío

Acerca de La Poderío

Una revista parida en el sur, con los aires frescos, reivindicativos, inclusivos, diversos, plurales y feministas de Andalucía, pero sobre todo, con las ganas de visibilizar las historias de personas reales olvidadas en los medios de comunicación y de desgranar el sistema heteropatriarcal que las victimiza y/o criminaliza en la mayoría de los casos.

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