Confinadas en la ciudad del Sol

Diez mujeres en situación de calle son albergadas en el polideportivo hispalense de Heliópolis.

Este artículo ha sido escrito junto a Esperanza del Mar Carmona.

El distanciamiento social a través del aislamiento en nuestros domicilios es la principal medida de protección frente a la pandemia de coronavirus (Covid-19) promovida por distintos gobiernos nacionales, regionales y locales en todo el mundo. También en Andalucía. Sin embargo, ¿qué sucede con aquellas personas que no pueden permanecer en casa porque viven en la calle

O el calabozo o uno de los cuatro polideportivos que el Ayuntamiento de Sevilla ha habilitado para las personas en situación de calle de la capital hispalense. Esta es la disyuntiva que tuvieron que enfrentar las 82 personas que se encuentran confinadas en el centro deportivo Ifni de Heliópolis, entre ellas, diez mujeres.

Cristina, escritora de 55 años, es una de las que tuvo que responder a esa pregunta “por una serie de infortunios”, como cuenta en una conversación en la instalación de Heliópolis, barrio conocido popularmente como “la ciudad del Sol”. Me quedé sin las llaves de mi casa. Estuve dos noches durmiendo en cajeros, violando el toque de queda y llegué aquí de madrugada”, explica.

“Sinhogarismo” femenino: invisibilizado y precario 

Las mujeres han estado invisibilizadas en la imagen tradicional del “sinhogarismo”. Con este concepto, diversas organizaciones definen a la situación de exclusión social de una persona que carece de vivienda y, generalmente, de cualquier medio de vida. 

“Es importante conocer los detalles que han llevado a cada persona a entrar en este círculo vicioso. Es la pescadilla que se muerde la cola”.

Petya Marinova

Petya Marinova Georgieva forma parte de la Oficina de Derechos Sociales de Sevilla y, en la actualidad, asesora a los Inquilinos e inquilinas de Sevilla. “Cuando se duerme en la calle se hace con un ojo cerrado y el otro abierto”, explica esta activista que ha trabajado durante años con personas en situación de calle. “Es importante conocer los detalles que han llevado a cada persona a entrar en este círculo vicioso. Es la pescadilla que se muerde la cola”, reconoce aludiendo a la dificultad de salir de la calle, a la que se une, en muchos casos, la vergüenza y la pobreza.

Esto es una experiencia, es toda una experiencia en todos los campos”, afirma Nuria. Esta madrileña de 40 años, a la que siempre le ha gustado mucho aprender, ha trabajado en todo lo imaginable desde los 16 años: administrativa, teleoperadora, moza de almacén, técnica de producción de cadenas de montaje, preparando pedidos… Ha vivido toda su vida en Madrid, pero “tenía claro que yo iba a vivir en la costa, en el sur”, reconoce sonriendo.

En los últimos tiempos, buscó trabajo en Málaga, Almería y se decidió finalmente por Sevilla pensando que, con la Semana Santa y la Feria de Abril, tendría más posibilidades laborales. El confinamiento le impidió seguir buscando piso y se enteró del recurso habitacional en centro deportivo Ifni. “Tengo clarísimo que lo primero que voy a hacer, en cuanto digan que este día se puede salir, es ir a ver a mis hijos. Si me preguntas cómo lo vas a hacer para trabajar, aún no lo sé, pero ahora estoy trabajando en mi interior y eso me va a venir bien para el futuro”, explica mientras una de las monitoras ofrece bebida en voz alta al resto de las casi cien personas con las que convive temporalmente.

“Hay menos recursos para mujeres que para hombres en situación de calle. Yo ahora mismo, ¿dónde voy? Empezamos con los albergues para las parejas y para las mujeres. Fuimos la primera pareja que admitieron en Luz Blanca”

Lucía.

En Andalucía, los centros de alojamiento para personas sin hogar acogieron a una media de 1.930 personas diariamente durante el año 2018, de las que 26,2% eran mujeres, según los resultados de la Encuesta de centros y servicios de atención a las personas sin hogar, publicada en septiembre del año pasado por el Instituto Nacional de Estadística (INE). En este contexto, diversas expertas aluden a que los recursos están pensados para hombres y que las mujeres están silenciadas. 

Hay menos recursos para mujeres que para hombres en situación de calle. Yo ahora mismo, ¿dónde voy? Empezamos con los albergues para las parejas y para las mujeres. Fuimos la primera pareja que admitieron en Luz Blanca”, afirma Lucía. Temporera de 43 años, “la cuarentena para mí fue una bendición”, dada su situación previa en Huelva. Si bien su lucha le viene de atrás, explica dibujando un mapa sobre la situación de vulneraciones de derechos humanos que rodean el negocio de la fresa. Tenía y tiene miedo. El polideportivo Ifni es para ella un lugar seguro y las risas se entremezclan con una conversación pausada, durante la que se enciende dos cigarrillos.

Cáritas informó de que había, al menos, 523 personas sin hogar solo en Sevilla (87,5% hombres y 12,5% mujeres), de las cuales un 70% entre los 25 y los 55 años, edades en las cuales es más complicado obtener ayudas sociales. De hecho, la propia organización religiosa aludía a que había habido una fuerte disminución de la financiación propia de la Junta de Andalucía en los programas de personas sin hogar en la comunidad.

Lucía se considera un alma libre. A pesar de que su madre insistiera, su padre no quiso que se bautizara  dado que a él se lo impusieron. Nacida durante la dictadura militar argentina, se considera creyente, pero no apoya las instituciones religiosas. “Creo que Dios está de mi lado. Lo que no creo es en ninguna religión. No necesito que nadie me diga la palabra de Dios”, afirma.

Un catre, duchas comunitarias y dos comidas

“Si te cruzas por la calle a dos de las mujeres mayores que se encuentran en el polideportivo, no pensarías que están en esta situación”, aventura una de las monitoras del centro deportivo Ifni. Los trabajos precarios dificultaron el acceso al derecho a una vivienda digna a muchas de las actuales residentes del polideportivo. 

Al preguntarlas, María José o Nuria coinciden en que quieren alquilar un piso cuando termine el confinamiento. Precisamente la dificultad para arrendar una vivienda ya venía siendo denunciada por sindicatos, organizaciones o asociaciones de inquilinas, como el de Sevilla, antes de la publicación del Real Decreto-ley 7/2020, el pasado 12 de marzo

Una de las mujeres dibujando durante los talleres en el polideportivo de Heliópolis./
Foto: Esperanza del Mar Carmona.

Hoy, Cristina está poco habladora. Autora de 26 o 27 libros, “la mayoría están escritos en masculino, pero ya he empezado a escribir como Cristina Victoria porque, como comprenderéis, soy una escritora transexual. Soy mujer transexual y eso tampoco ha sido un problema para la convivencia de mujeres. Me han acogido como una mujer normal y corriente”, afirma.

En sus silencios, se escuchan los pájaros de fondo. “Estoy contenta aquí, aunque tengo sentimientos encontrados. Por un lado, estoy bien, tranquila, pero por otro estoy algo depresiva por no poder salir. He tenido que dar en adopción a mi perra por no poder atenderla”, reconoce Cristina.

María José, está “súper agusto”, según comenta esta sevillana de 47 años. “Desde que estoy aquí, en este polideportivo, me estoy cuidado y me están apoyando mucho. Llevo cerca de un mes desenganchada. Lo estoy pasando mal en mi interior, pero tengo mucha ayuda de todas las monitoras y no me falta de ná. Están muy pendientes de mí”, declara orgullosa, aunque es consciente de lo duro del proceso que la llevó a las drogas desde los 30 años, cuando se suicidó su pareja y padre de sus hijas y cayó en una fuerte depresión. 

Mi vida se me volvió como un calcetín: de estar bien y vivir en Granada en una urbanización con mi familia, a no tener nada, con una niña de cuatro años y otra de siete meses», resume. Tras este episodio, sufrió malos tratos y estuvo en una casa de acogida para mujeres maltratadas, donde se desintoxicó, pero cuando la dejó, volvió a las calles y a consumir. Hasta la cuarentena.

“Cuando termine todo esto me quiero ir a un centro, desintoxicarme y estar bien. Pero eso lleva… largo. Y cuando esté bien, alquilarme un pisito y dedicarme a mis hijos”. Antes de esta conversación con La Poderío, sus hijas habían llamado a María José para felicitarla el Día de la Madre.

Una de las mujeres terminando un mural durante uno de los talleres en centro deportivo Ifni.

Un catre, duchas comunitarias y comidas a las 13.30 y a las 20.30h. Esa es la rutina de las más de ochenta personas que realizan su particular cuarentena desde el 21 de marzo que ingresaron las primeras en el centro deportivo, en el que se han habilitado asistencia social y vigilancia policial. 

“Muchas de ellas estaban acostumbradas a tener una forma de vida diferente a la que la sociedad considera normal”, afirma una de las trabajadoras de la organización que dota de recurso asistencial en dos de los cuatro centros deportivos habilitados en Sevilla: uno en Heliópolis y otro en el Polígono Sur, zona donde se encuentran las Tres Mil Viviendas. “Si a cualquier persona ya nos resulta difícil estar encerradas en casa, imagina con otras ochenta en un polideportivo”, explica. Este es el caso de estas diez mujeres que intentan llevarlo lo mejor posible.

Luisa es cuidadora y tiene 48 años: “en mis andanzas por la calle llevo 12 años”, resume al empezar la conversación. Esta sevillana es consciente de que “con el virus se pueden perder muchas cosas, así que quiero ver a mis hijos y a mi madre. Sé que no estoy aún ni al 50%, pero con ayuda profesional sé que voy a llegar al 100%, día a día, poco a poco”. Precisamente, su madre le ha notado un cambio de ánimo en el habla durante sus conversaciones telefónicas, aunque la hispalense tiene, como todas, altibajos durante este confinamiento que se va ampliando de quince en quince días.

Empatía en tiempos inciertos de pandemia

El miedo es un mal consejero en tiempos de la covid-19 y, como “el bicho”, se propaga por distintos vectores. A la “infopandemia”, que planteaba nuestra compañera de La Poderío Lola Fernández Palenzuela en la en La Puntilla editorial de Onda Color; se une la aporofobia, término acuñado por la filósofa y catedrática emérita de Ética y Filosofía Política en la Universidad de Valencia, Adela Cortina, para designar el odio, miedo, repugnancia u hostilidad ante la persona empobrecida, que no tiene recursos o está desamparada. Frente a ello, la empatía y la deconstrucción del discurso del odio son herramientas fundamentales en estos tiempos inciertos de pandemia.

El presidente de la asociación de vecinos Los Andes, Álvaro Cisneros, envió hace un mes una carta al alcalde, Juan Espadas, rechazando la decisión del alojamiento urgente de las personas sin hogar en las instalaciones municipales.

Heliópolis es un barrio residencial, diseñado en 1929 con motivo de la Exposición Iberoamericana de Sevilla. El arquitecto Fernando de Escondrillas pensó en una zona tranquila de viviendas unifamiliares con estilo regionalista. Antes de la cuarentena, la calma se rompía todos los domingos en los que el Betis jugaba en casa, ya que el estadio se encuentra en el corazón del barrio, justo frente al albergue improvisado.

La utilización del centro deportivo como solución habitacional para esta población vulnerada ha sido fuertemente criticada. El presidente de la asociación de vecinos Los Andes, Álvaro Cisneros, envió hace un mes una carta al alcalde, Juan Espadas, rechazando la decisión del alojamiento urgente de las personas sin hogar en las instalaciones municipales. Al preguntarles al respecto, la junta directiva contestó que “su principal preocupación es la superación de esta terrible pandemia, y, para ello, hacemos todo cuanto está en nuestra mano desde nuestra humilde posición de asociación de vecinos de barrio”. Por otra parte, Teresa Florido, de la asociación Foro Heliópolis se comunicó con el consistorio mostrando su conformidad con la medida excepcional de la alarma.

Si bien algunos vecinos estaban en desacuerdo, otras han mostrado su disponibilidad para apoyar a estas personas. Durante las horas de salida, los vecinos saludan a las personas que se encuentran dentro del polideportivo, lo cual es especialmente emotivo cuando se trata de menores, según reconocen las trabajadoras.

La vida es lucha. Deja tu mensaje

Hace tres semanas, todas las personas que trabajan en la ONG o que residen temporalmente en el polideportivo se realizaron el test de Covid-19 y ninguna está infectada. “Nos pincharon a todas con la típica aguja de control de insulina y a los 20 minutos teníamos nuestros resultados”, comenta una monitora por videoconferencia. “Tuvimos que buscar un espacio alejado, pero no tanto”, bromea aludiendo a la situación de confinamiento en el área limitada del polideportivo sevillano. Siempre intenta ver el lado positivo de las cosas, es una las características vitales de esta trabajadora.

“La vida es lucha, dice mi contestador, estoy luchando, porque la muerte viene sola. Deja tu mensaje”

Amina.

Amina también es muy positiva y, según la familia de su marido, demasiado “liberal”. Nació “libre” en Ceuta, aunque “lo importante es mantener la libertad”, presume.  Tenía nueve años cuando su familia se trasladó a Madrid. La madre de esta artesana que acaba de entrar en la cincuentena, la llevaba a reuniones clandestinas de pequeña, con la excusa “de enseñar a las niñas de bordar”. Y desde entonces, sigue luchando sin perder la sonrisa. En un momento de la charla, señala su móvil: “La vida es lucha, dice mi contestador, estoy luchando, porque la muerte viene sola. Deja tu mensaje”.

Seguimiento del protocolo, un poco de imaginación y la mejor predisposición, son las tres reglas de los grupos de nueve personas que intentan generar espacios de respeto mutuo durante el confinamiento en el centro deportivo de la ciudad del Sol. “Respetamos la distancia social para hablar con ellos, así como cuando les damos la comida o los atendemos, aunque a veces es complicado”, confiesa una de las monitoras durante su día libre. 

Y Lucía, Cristina, Nuria, María José, Luisa y Amina lo saben. Todas ellas han visto cómo sus historias vitales se paralizaban en un confinamiento en el que el tiempo va pasando entre talleres y rutinas diarias, sin olvidar que lo más importante es que “el bicho” no entre y todas se encuentren lo mejor posible. Para muchas de ellas, esta pausa está significando mucho más que un aislamiento social, preventivo y obligatorio.

http://lapoderio.com/todas-las-primas-sumais/
Ruth de Frutos

Acerca de Ruth de Frutos

Periodista e investigadora. Escribo sobre derechos humanos en @LaPoderiofem. I Premio de Periodismo Social "Alberto Almansa" en la categoría de periodismo ciudadano por el artículo "Málaga no se vende, se alquila al mejor postor".

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