Nati Bullejos Cáliz: «En la lucha, cuando el feminismo se te mete, no hay vuelta atrás»

Nati Bullejos Cáliz fue fundadora de la primera organización de mujeres de Granada, la Asociación de Mujeres de Maracena Mariana Pineda, en 1976, y ayudó a organizarse a las mujeres en otros pueblos de la provincia.

Cinco años después del triunfo del golpe de Estado, en una España en blanco y negro manchada de roja sangre de millones de muertos, encarcelados y perseguidos, nace Natividad Bullejos Cáliz en Maracena, un pueblo de la Vega de Granada. Era el año 1944. 

A esta jornalera, peluquera de profesión según reza en sus papeles, y representante del pueblo de Maracena donde fue concejala de 1983 a 1991,  se le reconocen sus largos años de lucha por los derechos de la clase trabajadora y por los derechos de las mujeres.

Nati, como se la conoce en Granada, fue fundadora de la primera organización de mujeres de Granada, la Asociación de Mujeres de Maracena Mariana Pineda, en 1976. También será la que organice a las mujeres para constituir otras en distintos pueblos del cinturón de Granada.

Nati nos recibe en su casa, con esa alegría y esa simpatía que la caracterizan. Allí en su salón, con la mesa camilla y los sillones forrados con tela morada, empieza a narrar retazos de una vida de rebeldías y compromisos, de penurias y desengaños, parte de esa historia invisible del feminismo de nuestra tierra, de las mujeres que se organizaron para crear conciencia y ayudarse entre ellas, procurando una vida mejor para las gentes de sus pueblos y ciudades. 

De ellas se sabe poco, prácticamente nada, no ha interesado nunca darles visibilidad. Sin embargo, sus historias son importantes y necesarias para conocer las claves de anclaje de nuestro presente y de ese futuro feminista que queremos. 

Nati creó la Asociación de Mujeres de Maracena Mariana Pineda./ Foto: Charo Valenzuela.

Nati, tú empiezas a trabajar muy joven.

De muy chica. Desde muy temprana edad. Empecé a trabajar con siete años. Me quitó mi padre de la escuela porque fui explicándole una charla que nos dio la maestra sobre Primo de Rivera y Franco, que decía que habían sido los que habían salvado a España de la horda comunista. «Los comunistas eran muy malos que habían matao curas». Yo con siete años sabía que mi padre decía que era comunista. Cuando oí aquello fui a mi casa… Yo quería muchísimo a mi padre. Ya se había muerto mi madre. Yo me quede con cinco años sin mi madre. Y con seis años se casó mi padre. Yo me resistí mucho a llamarla mamá aunque al final la llamé así (risas). Entonces, me dijo mi padre,: «¿Eso es lo que te enseñan en el colegio? Te están adoctrinando». Yo no sabía que era adoctrinar ni . Y dijo, :»Pues ya no vas más». Fui a la escuela en Badajoz y aquí (en Maracena). Cuando vine aquí era una pena, es como si no hubiese estado. Pa la Pascua nos fuimos de Badajoz y me pusieron en la escuela, pero fue llegar y, a poco, empezaron las vacaciones de verano, tenía 7 años. No me acuerdo mucho más de la escuela. Bueno, sí, me enseñaron a coser. 

Entonces, te pones a trabajar.

Sí. Antes de los ocho años. Me compró mi padre un saco de patatas y una banasta de naranjas. En una esquina de una plaza me puso para que vendiera. Ya sabía con esa edad sumar, restar, multiplicar y dividir, lo suficiente. Pero se ve que con aquello no le salían las cuentas (a su padre). Una vez yo quería una pelota y me la compraron. Los chiquillos me la quitaron, yo fui detrás de ellos y, mientras, me quitaron el bote con los dineros de la venta. Entonces me pusieron a trabajar con ellos en el campo.

Te haces mayor y entras a militar en partidos políticos en la clandestinidad.

Sí, yo entro en las Juventudes Comunistas. Y luego me proponen que pase al partido, al PCE (Partido Comunista Español). A mí me extrañó mucho porque mi padre me decía: «Uf, para ser del Partido Comunista tiene que ser una persona muy prepará. Tienes que haber demostrado muchas cosas, de valiente, de esto, de lo otro…”. Y  entonces cuando a mí me proponen que pase al Partido, digo: «¿Yo?, pero yo creo que todavía no estoy prepará para entrar”. Y me dice Socorro Robles (de CCOO de Granada): “¿Qué quieres hacer más, tirarte por un balcón?” (risas), Porque yo ya echaba octavillas, si había que poner un letrero ponía el letrero, repartía el “Mundo Obrero”, si había que rifar algo, vendía las papeletas, si había que pedir para los presos, pa los presos; fuimos también a hablar con el arzobispo porque uno se puso malo y queríamos llevarlo al hospital…Y por eso me dijo: “¿Pero qué quieres hacer más?” Entré en el PCE, sería el 69 o el 70.

Esto fue en el campo de fútbol de la Chana (barrio de Granada) en  un mitin con Santiago Carrillo, sería finales de los 70”./ Foto: Archivo personal.

¿Cuándo empiezas en las organizaciones de mujeres?

Yo lo primero que milito es en el Movimiento Democrático de la Mujeres,(1) el MDM. Era un movimiento a nivel nacional y aquí estaba organizado por las mujeres de la universidad, por las estudiantes. Yo intenté en Maracena crearla pero no tuvimos éxito. Hicimos algunas cosillas, pedimos en las tiendas para los presos políticos y en casa de los camaradas también y llevábamos cestos de comida a la cárcel. Pero aquí, en Maracena, no cuajó. En Granada el movimiento está montado a nivel universitario y lo que queríamos era ampliarlo a otros colectivos de mujeres, pero no cuajó en ningún sitio.

¿Este movimiento estaba vinculado al PCE?

Éramos  nosotras, que éramos del PCE, las que más nos negábamos a que fuera parte del partido. Podíamos tener doble militancia, pero que ese movimiento no tenía que ser político, porque ya era muy político el MDM. Hubo una reunión, fuimos de todos los pueblos a Granada. Llegamos a estar 3.000 mujeres.

«El principal objetivo era sacar a las mujeres de sus casas. Que fueran partícipes de los problemas de los pueblos, que había muchos».

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¿En qué año?

Pues eso sería en el 79, en diciembre. Fueron las II Jornadas Estatales de la Mujer (2) . Entre esas mujeres había mujeres de toda la provincia de Granada. En esa gran asamblea dijimos que iba a desaparecer el Movimiento Democrático de la Mujer y, que de allí, lo que tenía que salir es que, cada una en su pueblo, tenía que constituir una asociación de mujeres que no tuviese nada que ver con el PCE. Que el principal objetivo era sacar a las mujeres de sus casas. Que fueran partícipes de los problemas de los pueblos, que había muchos. En Maracena yo se lo dije a dos mujeres. En las primeras reuniones que tuvimos de la Asociación fuimos tres mujeres del partido (PCE). Y me decían las otras dos: “Nati, que vamos a ayudarte, pero que esto no va a funcionar, que a las mujeres tú no las mueves”. Y yo les decía: «¿Pero por qué no? Con la pila de problemas que hay en Maracena». Y me decían: “No te apures, si te vamos a ayudar, pero que sepas que eso no va a cuajar”. ¡Y llegamos a tener más de cien mujeres en la asociación!.

¿Fue la vuestra la primera asociación de mujeres de Granada?

Sí. De Granada y yo creo que de Andalucía (risas).

¿Cuál era vuestro principal interés?

Lo primero de todo, sacar a las mujeres de sus casas.

Y, ¿cómo lo hacías?

Pues yendo a sus casas a explicarles lo que era una asociación. Aquí estaba todo por hacer. No teníamos luces, no teníamos asfalto, agua potable, darros, no teníamos de . Las escuelas muy viejas. Estaban en las casas del pueblo que se hicieron en la República. 

¿Cuáles fueron vuestras primeras actividades?

Pedir basureros, pedir agua potable, pedir luz, pedir asfalto… pedir de tó. 

¿Cómo lo pedíais? 

Pues yendo al Ayuntamiento, a los plenos. Con todos de derechas pues entonces todos eran puestos por el Gobernador. ¡Todos de derechas! Las mujeres íbamos a los plenos de ellos. Y nosotras allí hacíamos las reivindicaciones. Una de las primeras reivindicaciones es que aquí (Maracena) había una fábrica de cañas de pescar en el campo. Y en el invierno, cuando llovía o regaban las hazas, el camino de terrizo se llenaba de barro y tenían que pasar por ahí las mujeres. Muchas veces, porque mayoritariamente esa fábrica era de mujeres, tenían que meterse en el agua para llegar a la fábrica. Entonces, como íbamos a los plenos, nos enterábamos de que había subvenciones para el PER (Plan de Empleo Rural) que era para los caminos rurales. Y uno de los concejales tenía una fábrica de terrazo también por el campo. Entonces, claro, iba a hacer el camino de su fábrica y nosotras las mujeres dijimos que no. “Primero el de la fábrica de las cañas de pescar, que las mujeres se tienen que meter en el agua y estar con los pies mojaos tó el día”. Entonces el Alcalde dijo: “Yo como no tengo fincas ni en un lao ni en otro, veo bien lo que dicen las mujeres”. ¡Y ese fue un puntazo el que nos dimos la Asociación de Mujeres! (risas).

¿Cuántas erais entonces?

Pues entonces seríamos unas 40.

Más de 100 mujeres formaron parte de esta asociación en Maracena./ Foto: Charo Valenzuela.

¿Y vuestros objetivos?

Nuestro objetivo era sacar a las mujeres de sus casas. Y que se implicaran en los problemas del pueblo y luego, de ahí, si ellas querían organizarse en otras cosas, pero que tuvieran ya unos conocimientos. Que las pobres mujeres no sabían de . Aparte de ir a los plenos del ayuntamiento teníamos charlas como, por ejemplo, sobre los anticonceptivos, porque tenían muy mala prensa por parte del clero y teníamos que explicar el por qué. Pero las ricas sí han abortado siempre. Las mujeres de los obreros no. Algunas hacían disparates. Algunas se morían. Y nosotras no queríamos que se murieran las mujeres. Teníamos que reivindicar el derecho al aborto legal en un sanatorio. O sea, to eso se lo teníamos que explicar a ellas. Algunas se escandalizaban. ¡El aborto! Pero vamos a ver…. Había mujeres que eran una pena, que se hacían el aborto ellas solas y a algunas les costó la vida. Las ricas iban a abortar a Londres muy tranquilas. Y ellas no querían que se legalizara el aborto porque ellas lo tenían seguro. Lo que no querían era que la clase obrera lo tuviese. 

¿En qué temas trabajabais?

A nivel de…ya te digo. En lo laboral, y en otras cosas. La fábrica de la caña de pesca era mayoritariamente de mujeres. Pero cuando se iban a casar les daban la dote pa que no fueran a trabajar. La dote se la daba la misma empresa. Le daban equis pesetas para que no volviesen. Y nosotras decíamos que eso era un error, que la primera fuente de liberación de la mujer era la independencia económica. No depender de nadie. Entonces tenías voz en tu casa, mientras que si no estabas sometida al varón.

Para ser libre, la primera fuente tenía que ser la independencia económica. Había que reivindicar el trabajo para las mujeres, con un salario digno. Y si no, pues denunciar en el sindicato. Es decir, concienciar, que no había conciencia. También hicimos la Asociación de Padres de Alumnos. Teníamos que estar en todos los movimientos. La hicimos con las niñas que ya estaban en el colegio, quienes ya iban concienciadas de la asociación de mujeres. 

¿En los sindicatos había conciencia de todo esto?

No. Yo siempre le decía a Pepe (su marido): «Yo me he casao porque di contigo, porque no eres feminista, pero eres sensible al problema». Pero, sin embargo, los hombres no eran sensibles a los problemas de las mujeres. Yo estaba en el partido y yo misma me decía: «Yo no me caso». Porque a mí me repelían los machistas. Yo no podía. Porque mira, mi padre era muy machista y mi madre también. Pero yo no soportaba acostarme con un machista.

¿Y dónde os reuníais? 

(Risas) Eso es otra cosa (más risas). Mira. Yo ya es verdad que estaba señalailla. (Su actividad política y sindical ya era conocida en Granada y en su pueblo). Como había que ampararse en la Iglesia, las primeras reuniones las hicimos en el Cerrillo (barrio de Granada vinculado al municipio de Maracena) que había un cura progre, de los que llamaban un cura obrero. Allí fuimos las primeras veces a reunirnos. Pero, entonces, el cura de Maracena, que era muy de derechas, fue hablar con el cura del Cerrillo y le dijo que qué estaba haciendo, que la asociación de mujeres de Maracena eran mujeres comunistas. Y entonces, una día nos llamó el cura del Cerrillo y nos dijo: «Mire usted, que usted me ha pedío para una asociación y a mí me han dicho que ustedes son comunistas». Y le dije yo: «Mire usted, yo sí soy comunista y otras dos compañeras (las tres que estábamos), pero las demás no. Nosotras somos las primeras que no queremos que haya una ligazón de la asociación de mujeres con el Partido Comunista. Somos una asociación de mujeres que lo que pretendemos es trabajar por los problemas del pueblo y los problemas de las mujeres». Entonces allí estuvimos hablando de muchas cosas. Total, que cogió las llaves, porque antes teníamos que ir y que nos abriera. «Tome usted”, me dijo el cura: “le doy las llaves y la hago responsable y ya no tiene que pedir ninguna llave, más que siempre que quieran viene usted abre y se reúnen».

Luego vimos que para ponérselo más fácil a las mujeres, porque en el Cerrillo tenían las mujeres que ir andando, pues vine (a Maracena) y hablé con una superiora nueva que también decían que era progre, y nos vinimos a reunirnos al Convento de la Monjas, era de las Hermanitas de los Pobres.  Y entonces me decían, «es que yo no me lo explico, con lo comunista que tú eres, que eres atea, lo bien que te llevas con el clero». Y yo les decía «Yo procuro no meterme en su terreno ni ellas en el mío».

«Yo empiezo muy chica a trabajar y cuando estaba escardando con mi padre le preguntaba que por qué si yo trabajaba igual que un hombre tenía que cobrar menos».

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¿Cuándo eres consciente de que existe una violencia de género por ser mujer? 

Yo siempre he visto la diferencia entre hombres y mujeres como una violencia hacia nosotras. Pero la verdad es que luego hablabas con las mujeres y ellas no percibían eso. Yo empiezo muy chica a trabajar y cuando estaba escardando con mi padre le  preguntaba que por qué si yo trabajaba igual que un hombre tenía que cobrar menos. Y mi padre decía: «Desde que se hizo el mundo, el mundo es así y la mujer nunca será igual que el hombre». Y yo le contestaba: «Pero, ¿por qué?, dime por qué ¿Es que yo no trabajo igual que tú?”. – «Sí, pero a la hora de cobrar, tú tienes que tener el sueldo de una mujer y yo de un hombre». Y yo eso no lo veía.

Cuando trabajaba en el campo con cuadrillas de mujeres no me gustaban los matrimonios porque las mujeres eran ceros a la izquierda, no mandaban. Trabajaban como ellos y el que mandaba era el hombre. Y si había algo bueno era para el hombre y yo eso no lo concebía. Yo hablaba y mi padre, que era muy comunista y le decía: «Pero, cómo puedes ser tú comunista con esa diferencia». Para él la igualdad debía ser entre hombres. Yo insistía: «pero cómo puedes tener esa mentalidad cuando tú me hablas de Dolores Ibárruri, de Federica Montseny… de toas esas mujeres que dices tú que tanto lucharon por la República«. «¡Ah!, decía: «Pero eso son excepciones». Y yo decía: «Pues a mí me valen las excepciones». – «Pero es que la mayoría de las mujeres no son así» me decía, y yo le contestaba: «Ni la mayoría de los hombres son Santiago Carrillo, ¿o cómo es eso?», le decía yo (risas). Respondía: «Ay, mira que eres de rara».

Una de las reivindicaciones era la independencia económica./ Foto: Charo Valenzuela.

Nati y el feminismo

¿Te acuerdas la primera vez que escuchaste la palabra feminismo?

¡Ah!, sí. Que yo no sabía lo que era (risas). Fue en la Universidad, hablando en una reunión de mujeres que me preguntaron que yo a que iba. “Pues que yo me quiero organizar con vosotras”. “Pero bueno, ¿tú qué sientes?” Y yo dije lo que sentía. “Nati, tú eres feminista” me dijeron y yo le contesté: “Y eso, ¿qué es?” (risas). Es verdad que yo tenía controversias con mi padre pero yo no sabía que eso se llamaba feminismo. Yo luchaba por los derechos de la mujer pero yo no sabía qué era.  

¿Qué opinas de las movilizaciones de las mujeres de estos últimos años?

A mí me encantó. Lo que más. Yo lloré. ¡Ya podía decir que era feminista! Porque, hasta entonces, a las feministas nos tenían muy mal vistas. Y yo lo que más ambicionaba era poder decir: “Yo soy feminista” y que no me mirasen así (pone cara de asco). Vamos a ver, que yo he estado en Baeza, donde se suponía que era para hablar de feminismo y de lo que yo hablaba, ¿no?. Yo les dije: “De todo esto que se está hablando aquí tenéis una base en el feminismo” y dijo una: “Si de eso se va a hablar, na más que de feminismo, yo me voy.” Y le dijo otra: «¿Tú le vas a hacer caso?, si esa es una feminista radical”. Lo dijo por mí. Y entonces yo le contesté: “Muchas gracias, es verdad que soy feminista radical, pero ¿sabes tú lo que es ser feminista radical? Radical no es ni más ni menos que ir a la raíz de los problemas. No es asaltar a nadie ni arañarle ni de eso. Y es verdad, yo soy una feminista radical”.

«¿Por qué crees que están matando a esas mujeres? Porque se hartan de estar sometidas. Y se revuelven y las matan. Y esas son nuestras. Son nuestras mujeres». 

¿Cómo ves ahora la lucha de las mujeres?

Cada una vemos el feminismo de una manera. Yo creo que esto no tiene vuelta atrás, por muchos impedimentos que pongan, que los van a poner. Que mira, que nos está costando mucho. ¿Por qué crees que están matando a esas mujeres? Porque se hartan de estar sometidas. Y se revuelven y las matan. Y esas son nuestras. Son nuestras mujeres. Porque nosotras les hemos enseñando un camino. Y a eso los feminismos tenemos que responderle. Y te digo una cosa, en la lucha, cuando el feminismo se te mete, no tiene vuelta atrás. Es algo que no puedes mirar para otro lao. Yo le veo futuro. Pero que entre las mismas mujeres vamos a tener muchos tropiezos. Es una lucha difícil, pero la vamos a ganar. La vamos a ganar.

¿Para ti cuáles son los mayores obstáculos para alcanzar una sociedad igualitaria y justa? 

Es muy difícil porque es cambiar la mentalidad. Y la mentalidad… llevamos siglos. Es un cambio de mentalidad, un cambio de sociedad y muchos no quieren. Quieren tener derechos pero que no cambie la sociedad y eso no es feminismo. 

¿Qué es el feminismo para ti, Nati?

El feminismo es alcanzar una sociedad igualitaria y, para eso, tienes que estar mentalizada. Pero no unos pocos. Eso desde la raíz. Desde los niños.

«Yo lo que más ambicionaba era poder decir: Yo soy feminista”./ Foto: Charo Valenzuela.

¿Y qué opinas de la juventud de hoy?

Hay mucha gente joven, pero no están concienciás. Se creen que lo están conciencias, pero no lo están. Porque, nos guste más o nos guste menos, en esta sociedad, cuando hay unas elecciones hay que ir a votar, y se vota al que tú crees que va a estar más en consonancia con lo que tú piensas. En estas elecciones pasás, cuando entró VOX y después se manifestaban porque entró VOX, le preguntabas: “¿Habéis votado?”. No habían votado. La juventud no había votado. Eso es una contradicción. 

¿Y en el tema del feminismo?

En el tema del feminismo lo mismo. Es que el feminismo lo abarca todo. El feminismo es una política. Y claro que hay que ir a votar. Si no estás como partido, tienes que votar a los afines. 

¿Qué destacarías de la lucha de la mujeres, de tu pasado y de las de ahora? 

Del pasado, la mujer trabajaba hasta que se casaba y, ahora, la mujer casá reivindica un trabajo. Eso ya es un paso grande. Hay más conciencia de género y de clase, y eso es fundamental. Yo vivo en esta época muy bien. Lo malo es que me ha cogido ya mayor (risas). Lo veo muy bien. Veo una diferencia incomparable.


Algunos enlaces de interés por si te apetece consultar:

(1) Movimiento Democrático de Mujeres:

(2) II Jornadas Estatales de la Mujer celebradas en Granada.

http://lapoderio.com/todas-las-primas-sumais/
LolaFPalenzuela

Acerca de LolaFPalenzuela

Obrera de la palabra, que ama las causas justas aunque sean difíciles y a veces perdidas, y que sabe que el arma más poderosa de transformación social es la palabra pensada, escrita, hablada, compartida. Creo en el periodismo comprometido y riguroso y abomino de la manipulación en todas sus formas y contextos.

One thought on “Nati Bullejos Cáliz: «En la lucha, cuando el feminismo se te mete, no hay vuelta atrás»

  1. Cuando se habla de feminismos, quiero dejar claro mi punto de vista, para mí el feminismo encloba todas las sensibilidades, con un objetivo común, un cambio de sociedad, anti patrialcar y anti Capitalista, no veo, la necesidad que nos dividamos por sectores, si queremos acelerar el proceso a una sociedad igualitaria entre mujeres y hombres, ningún sexo tendrá la supremacía sobre el otro, todas/dos somos PERSONAS. Salud.

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