Manuela Lucena: “Los señoritos no quieren llevar mujeres”

Esta charla es la tapa de atrás (o la primera para quienes empiecen por el final) de las premas El Salto Andalucía en papel con la que colaboramos en toda regla cada 30 días.

Manuela Lucena Aragón nació en Aguilar de la Frontera, un municipio blanquiverde de la campiña cordobesa, un 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora. Siempre he pensado que no es casualidad. A sus 60 años, trabaja como una más de la cuadrilla recogiendo las aceitunas que se quedan atrás en los “niditos” y siempre repite la misma frase: “Me llevan los siete demonios cada vez que veo una aceituna en el suelo”. No sabe cuándo se jubilará, pero lo que sí sabe es que son tantas las toneladas de aceitunas que ha cogido que, cuando se come la tostá con aceite y sal de por la mañana, “ni me acuerdo de los olivos”, reconoce entre risas. 

Manuela, ¿desde cuándo trabajas en el olivo?

Empecé con nueve años a recoger aceitunas. Llevaba una falda muy grande, mi pañuelo amarrao y parecía yo mayor. Y no era la única niña. Había quienes no querían escuela, otros que, como yo, tenían que arrimar [dinero] a la familia. Y no te lo pierdas, yo ganaba como las grandes, 28 duros. El maniero me decía: “¡Ay, Manoli buena. Venga, rebaña!”. Y yo me volvía loca rebañando porque me decía que yo era buena. Íbamos a trabajar andando siete kilómetros pa’lla y siete pa’ca. Hacíamos una candela grande y desayunábamos y, a las 17h, me volvía. Había un mulo y nos turnábamos a la vuelta cada una un ratico. 

¿Cuál es el trabajo de las mujeres en el campo?

Desde que yo soy chica, el trabajo de las mujeres es coger aceitunas del suelo. Entonces no había fardos. Los hombres delante pegando palos y las mujeres cogiendo aceitunas. Nos poníamos cinco en un olivo: cuatro a los lados y una en el chueco. Hoy ya hay máquinas, pero las mujeres no las cogen y están dejando a las mujeres atrás porque las cogen los hombres. Hay pocas mujeres ya. 

¿Y por qué van tan pocas mujeres? 

Porque prefieren llevar a los hombres. Los señoritos, como haya hombres, prefieren llevar a los hombres, no quieren mujeres. Aunque hagamos lo mismo que un hombre. Porque dicen que los hombres tienen más fuerza, y no lo discuto, pero las mujeres tenemos más maña y llevamos toda la vida debajo de un olivo. Yo cojo palos, tiro de los fardos, cojo la sopladora, lo que me echen, y tengo 60 años. ¡Eso sí! Antes en el campo se trabajaba mejor porque íbamos más mujeres y trabajábamos, pero nos llevábamos caramelos, contábamos chistes. Íbamos más acompañadas, pero ahora muchas veces yo soy la única de la cuadrilla. Además, tenemos que trabajar a la par de las máquinas y somos personas, así que acabamos “hechitas polvo”. 

«Las mujeres no podemos ser manieras. Yo sé que eso es machismo, pero es así. En la aceituna ninguna mujer es maniera» 

¿Has tenido alguna vez una mujer maniera? 

Nunca. Una vez tuve una en Fernán Núñez, pero fui a segar trigo, no a coger aceitunas.  

Manuela, ¿y tú por qué no eres maniera si tienes “carrera”? 

Porque no soy un hombre. Las mujeres no podemos ser manieras. Yo sé que eso es machismo, pero es así. En la aceituna ninguna mujer es maniera. 

¿Los sueldos son diferentes? 

Sí, quien cobra un poquito más es el hombre que lleva la máquina colgá. Yo que a veces llevo la sopladora, y se me pasa el día volando porque no estoy agachá, cobro igual que todo el mundo. ¿Y los convenios del campo? En pocos tajos se respetan. El sueldo suele ser por debajo de la media. Normalmente la hora sale a siete euros. 

Mamá, ¿y cuándo te vas a jubilar ya, mujer? 

Me parece a mí que este año es el último. Que tenemos muchos gastos este año. 

Eso lo dices siempre. 

No, ya de verdad. Venga, termina ya. 

Gracias, mamá, por ser una referente y no dejar a tu paso ni una aceituna en el suelo, como con to’.

http://lapoderio.com/todas-las-primas-sumais/
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Lucía Muñoz Lucena

Acerca de Lucía Muñoz Lucena

Impulsiva, quejica, cabezona. Mu de mi casa. Me gustan las lentejas, y si no las dejas. Feminista y periodista que va por ahí con una cámara hablando de lo que la Ley Mordaza no quiere que contemos.

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